viernes, 5 de octubre de 2018

Los puentes del Urumea. El puente de hierro

Cuando se proyectó a mediados del siglo pasado (XIX) la línea férrea Madrid-Irún se hizo un puente de hierro para salvar el río Urumea que sirvió al tráfico de los trenes desde 1864 a 1932. A las viejas locomotoras habían sucedido otras más modernas que desarrollaban mayor velocidad, pero que eran más pesadas. Y los convoyes también lo eran. Esa fue una de las razones que hicieron construir un nuevo puente , dejando el viejo para el paso de peatones que así podían ir de una margen a otra del río sin necesidad de usar el de María Cristina.

En la noche del 23 al 24 de enero de 1932 se llevó a cabo la sustitución del puente viejo por el puente nuevo. Se habían realizado estudios de cálculo en diversos laboratorios para construir el nuevo puente que resistiera el pesado tráfico ferroviario, así como para la operación de corrimiento de los puentes. Aquel que podríamos llamar "acto histórico" fue presenciado por un nutrido grupo de curiosos, pese a lo avanzado de la hora. Potentes focos colgados de postes iluminaban las riberas.

Después que hubo pasado el último tren ya en la medianoche, comenzaron los preparativos para hacer rodar los dos puentes. Se iba a sustituir el viejo, con su característica pared de la entrevía, por uno nuevo construido sobre pilares provisionales. Tal vez la operación más delicada fue el despegue del viejo de los pilares sobre los que se apoyaba. Para ello los obreros fueron introduciendo fuertes cuñas entre el armazón y sus cuatro bases, realizándose esta delicada labor, que desnivelaba el puente en relación a la rasante, sin suspender el paso de los trenes.

El puente viejo quedó calzado igual que el nuevo, se instalaron los rieles en sentido perpendicular a la largura de los puentes pasando por debajo; se aplicaron los rodillos para  el rodaje fácil sobre los rieles; se prepararon los cabrestantes en cada uno de los nuevos pilares y los cables quedaron tensos para atraer el puente hasta los pilares antiguos y por fin se cortaron los rieles del puente antiguo.

La distancia de los dos puentes se ajustaba a los nuevos pilares, el corte de los rieles del puente nuevo al corte que se dio en los del viejo. Y se llevó a cabo la operación más espectacular, el arrastre de los dos puentes. Para ello sobre cada pilar de los construidos últimamente se colocó un cabrestante y a una señal los cuatro equipos que servían a las máquinas de brazo comenzaron a trabajar, los puentes se pusieron en movimiento rodando sobre unos rodillos hasta que cada puente quedó en su sitio. Se ajustaron las vías, funcionaron los soldadores automáticos y los trenes pudieron poco después pasar por el nuevo puente. El viejo pesaba 210 toneladas y el nuevo 330, sien su largura 84 metros.

La operación, que comenzó a las 12 de la noche terminó cincuenta minutos después. La Compañía cedió al Ayuntamiento el puente viejo por 80.000 pesetas, construyendo aquella los machones. El municipio hizo los accesos al puente y los donostiarras pudieron usarlo inmediatamente.

(JUAN MARÍA PEÑA IBAÑEZ)

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