martes, 5 de noviembre de 2019

KOXKAS DONOSTIARRAS: "MIRANDO LLOVER"

Estos días de lluvia resulta interesante leer un artículo que con el título "Mirando llover" publicó en 1903 José María Salaverría, del que reproduzco varios párrafos:
"Llueve y zumba el viento. También el mar toma parte en la singular sinfonía, y desde su dominio espumoso, viejo lleno de canas y gruñón, murmura tenazmente su queja de todos los siglos.
¿Qué le hemos hecho, pobres de nosotros, a la Naturaleza, para que de tal modo nos grite, nos zumbe y nos azote? Por las noches se oyen pasar las nieves del invierno, las aves alarmantes, perdidas en la sombra nocturna, llamándose con gritos de espanto. Vuelven de los lagos septentrionales a habitar otra vez los ríos y albuferas meridionales, y el triste ser humano que no puede volar como ellas, sueña con una emigración fantástica hacia países radiantes.
¿Por qué no hacen los hombres lo que las aves afortunadas? Reunirse en grupos y andar, siempre de cara al sol, en busca de otros climas, abandonando las ruindades, el frío y la sombra, como peregrinos ideales de un ansia nueva ....?
(.....)
Llueve con una insistencia abrumadora, y zumba el viento, y brama el mar, y en las anchas calles de la ciudad sólo se ven algunas sombras que huyen apresuradas. Todo es soledad, todo es envidia de aquellos días estivales que pasaron. Con una burla cruel del invierno, entre los copiosos chaparrones pueden verse los lugares del placer. Las casetas de baño sobre la playa que la furiosa marea llena con su oleaje; los palacios vacíos, con las ventanas cerradas como pupilas que duermen; el Casino mudo y solidario, sin músicas ni mujeres, ni ruedas pomposas de fuego, erguidas las dos torres como brazos que imploran.
Y sobre la terraza, enmarañadas las dentadas hojas por el furioso viento, una palmera enana, una pobre palmera expatriada se esfuerza aún en conservar un lazo color rosa, deshilachado ya, pero sugestivo como un poema (......)
Cuando muere el día, alguna vez se oye de repente por el lado de la bahía el rugido de la sirena de un vapor. Y como el viento lo agranda y hace alarmante, semeja aquel rugido una gran voz de espanto; como si el espectáculo del mar, fundido en la procelosa energía, hubiese infundido en el barco que huye un indescriptible terror pánico.
Entonces, por las desiertas calles, por los paseos solitarios, los seres ínfimos que viven de migajas se alarman también ante la promesa del invierno. (.....)

KOXKAS. R.M. - El Diario Vasco . 2 de Noviembre de 1992

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