lunes, 27 de marzo de 2023

21.- INCENDIOS, PESTES Y SITIOS

 21.-INCENDIOS, PESTES Y SITIOS


San Sebastián ha sufrido repetidamente el daño del fuego.


Las causas de estos desastres -muy corrientes en la parte histórica en que nos encontramos- fueron lo apretado de las casas, casi todas de madera; la existencia de muchísimos comercios con géneros propicios a las llamas y la abundancia de talleres de horno.


El primer incendio se produjo en 1266. Causó grandes daños.


El segundo ocurrió en 1278. Se quemó totalmente la población, y se inició en una casa llamada de Ichaspe, en la tripería, propagándose desde allí al resto de la Villa.


En 1338, 1361 y 1397 otros incendios abrasaron San Sebastián, lo que de nuevo ocurre en 1433 y 1489, éste más grave, pues la población quedó reducida a un montón de escombros, por descuido de una mujer en la casa de un tal Juan de Aguirre.


Fue entonces cuando Don Fernando el Católico autorizó e incluso recomendó -la construcción de casas de piedra, y consintió además que hasta la reconstrucción se levantasen provisionalmente edificaciones en los arenales.


Los incendios se repitieron en 1512, con la invasión francesa del Duque de Borbón, cuando los donostiarras quemaron 166 casas de los arrabales; en 1524 -fuego que disipó una epidemia originada en los heridos de la expedición de Bearne que estaban atendidos en el hospital-; en 1630 -duró seis días y ayudaron a apagarlo vecinos de Oyarzun, Hernani, Pasajes e Irún porque los donostiarras no tenían fuerzas para más- y en 1738, que fue voracísimo.


Cerrará esta lista el de 1813, del que ya hablaremos.


El coche de los bomberos, sembrando la alarma en nuestras calles con sus luces intermitentes, su sirena y su color rojo, puede recordarnos el San Sebastián medieval, tantas veces destruido por las llamas.


Y junto a la calamidad del fuego, la de la peste, tampoco desconocida para desgracia de aquellos donostiarras.


La más grave fue la de 1597. Tan general que estuvo a punto de perecer toda la Villa de no haber llegado a tiempo la ayuda de Pamplona y de Salvatierra, además de la del mismo rey Felipe II.


Tampoco fueron extrañas las repetidas explosiones ocurridas en los fortines del Castillo, cuya consecuencia era la caída de piedras y rocas sobre techos y calles.


Mención merece, dentro de este párrafo, el sitio de 1476. Lo puso a la Villa Amán de Labrit con un ejército de 40.000 infantes. Había quemado el enemigo Rentería, pero no logró apoderarse de San Sebastián, por sus formidables murallas y más aún por el coraje inesperado de los donostiarras.


Sitio que se repite en 1512 cuando con redoblado furor la rodean 15.000 hombres y 400 caballos a las órdenes del Duque de Borbón. Entre los sitiadores estaba el futuro rey Francisco I de Francia, hecho preso años después en Pavía por don Juan de Urbieta (hazaña que bien le ha valido ser perpetuado su nombre en una gran calle donostiarra). En San Sebastián habría de pasar Francisco I el final de su cautiverio, en las casas de Idiáquez, y de aquí se volvió a su patria decidido a no cumplir ninguna de sus promesas, por aquello de no haberlas hecho en libertad.


No consiguió tampoco el Duque de Borbón vencer la defensa de la Ciudad, dirigida por el nieto del Rey Católico. El ejército invasor había quemado ya Irún, Oyarzun, Rentería y Hernani, y desde el Oriamendi fue bajando hasta las murallas. ¿Imagináis los infantes de guerreras de colores acudiendo por las colinas y cruzar las marismas? Ha cambiado mucho la técnica de la guerra, como algunos la llaman: antes los soldados vestían trajes llamativos y a nadie se le ocurría disimular: había que asustar al contrario por el número y los movimientos. Hoy es todo lo contrario: los soldados se ocultan y se disimulan con uniformes del color de la tierra.


En la parte de los arrabales, en las marismas, había 166 dasas que los donostiarras incendiaron -según sabéis- para que no fueran aprovechadas por los franceses.


Pero todo el ímpetu francés se desmoronó delante de la muralla como un castillo hecho sobre arena cuando la humedece el mar. Nada consiguió el invasor. Dos días después levantaba el cerco..., y los sitiados vieron desaparecer los soldados y las banderas extranjeras detrás de Ulía.


No hay comentarios:

Publicar un comentario