Por acuerdo del 12 de Septiembre de 1866, se dispuso llamar así a la actual calle de Hernani, porque en ella se hallaba emplazado el edificio de la Aduana, en el proyecto de ensanche de la ciudad, aprobado en 1864, pero más tarde se cambió de parecer y la Aduana se estableció en la actual Plazuela de Lasala, que por esta razón se llamó en su principio "Plazuela de la Aduana".
Ya no tenía razón de ser el que se impusiera aquel nombre a la calle mencionada y por acuerdo de 22 de Septiembre de 1875, se dispuso cambiarle por el de calle de Herneni.
De modo que hoy no existe calle ni plazuela que lleve el nombre que a a la cabeza de estas líneas.
(D. SERAPIO MÚGICA - "Las calles de San Sebastián. Explicación de sus nombres")
Páginas
- Página principal de
- CALLE A CALLE
- QUIEN ES QUIEN
- KOSHKAS
- BOMBEROS DONOSTIARRAS
- FRAGMENTOS DE UN NONAGENARIO
- RECUERDOS DE NUESTRA CIUDAD
- DEL SAN SEBASTIÁN QUE FUE
- 100 años de vida de San Sebastián (1879-1979)
- DONDE EL VERANEO NACE
- MI PUEBLO AYER
- EXCURSIÓN ESCOLAR
- HISTORIA DE SAN SEBASTIÁN
- ITINERARIO PINTORESCO
- SAN SEBASTIÁN EN 1761
- GLOSAS EUSKARAS
- EUSKALERRIAREN ALDE
- EUSKAL ERRIA
- SAN SEBASTIÁN DE ANTAÑO
- PERFILES DE SAN SEBASTIÁN
Mostrando entradas con la etiqueta parte vieja. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta parte vieja. Mostrar todas las entradas
martes, 19 de noviembre de 2013
CALLE DE LA ADUANA
Etiquetas:
aduana,
alde zaharra,
calles,
parte vieja,
serapio múgica
martes, 26 de febrero de 2013
CALLE DEL ANGEL
No figura la Calle del Angel en el padrón de vecinos de 1566, ni en las Ordenanzas de 1630.
Esa parte de la población que existía de antiguo en forma de anfiteatro en la colina derecha, se hallaba unida por el Norte con la rampa de la torre del Campanario.
Tenía de ancho esta vía antes del incendio de 1813, cinco y medio pies en algunas partes y hasta catorce en otras. Era pesada, poco aseada y mal sana, con alineación tortuosa. Las casas por lo común eran pequeñas. Todos los edificios quedaron destruídos, asi por los proyectiles, como por el incendio,y reducidos los más a fragmentos de piedra.
Este nombre tiene su origen, sin duda, en alguna efigie de Angel, colocada en aquella parte de la población.
Por acuerdo del Ayuntamiento de 13 de Abril de 1897, se dispuso rotularle en vascuence con el nombre de Aingeru-Kalea, que es traducción de "Calle del Angel".
(D. SERAPIO MÚGICA - "Las calles de San Sebastián. Explicación de sus nombres")
Esa parte de la población que existía de antiguo en forma de anfiteatro en la colina derecha, se hallaba unida por el Norte con la rampa de la torre del Campanario.
Tenía de ancho esta vía antes del incendio de 1813, cinco y medio pies en algunas partes y hasta catorce en otras. Era pesada, poco aseada y mal sana, con alineación tortuosa. Las casas por lo común eran pequeñas. Todos los edificios quedaron destruídos, asi por los proyectiles, como por el incendio,y reducidos los más a fragmentos de piedra.
Este nombre tiene su origen, sin duda, en alguna efigie de Angel, colocada en aquella parte de la población.
Por acuerdo del Ayuntamiento de 13 de Abril de 1897, se dispuso rotularle en vascuence con el nombre de Aingeru-Kalea, que es traducción de "Calle del Angel".
(D. SERAPIO MÚGICA - "Las calles de San Sebastián. Explicación de sus nombres")
Etiquetas:
alde zaharra,
angel,
calles,
parte vieja
CALLE DE AMASORRAIN
Figura esta calle en el padrón de vecinos del año 1566 con el nombre de Amasorrarain, y en las Ordenanzas de edificación de 1630 con el de Amasorrain.
De muy antiguo existe en el barrio rural de Añorga la casa solar y armera de Amasorrain, y descendiente de esta casa era Ascensio de Amasorrarayn, que figura como vecino de la calle de la Trinidad en el padrón citado de 1566.
El nombre de esta vía no tendría seguramente más encumbrado origen que el de haber construído alguna casa y pasar a habitar en ella algún descendiente de este solar.
La "Calle de Amasorrain", se hallaba próximamente continuación de la actual calle de la Pescadería, en dirección a la calle de San Jerónimo. Derribando los edificios de la citada calle y los de la calle de Embeltrán, se abrió el año 1722, la actual Plaza de la Constitución, como se dirá más adelante al hablar de ésta.
En la indicada fecha, desapareció la vía pública de aquel nombre , que ya no existe.
(D. SERAPIO MÚGICA - "Las calles de San Sebastián. Explicación de sus nombres")
De muy antiguo existe en el barrio rural de Añorga la casa solar y armera de Amasorrain, y descendiente de esta casa era Ascensio de Amasorrarayn, que figura como vecino de la calle de la Trinidad en el padrón citado de 1566.
El nombre de esta vía no tendría seguramente más encumbrado origen que el de haber construído alguna casa y pasar a habitar en ella algún descendiente de este solar.
La "Calle de Amasorrain", se hallaba próximamente continuación de la actual calle de la Pescadería, en dirección a la calle de San Jerónimo. Derribando los edificios de la citada calle y los de la calle de Embeltrán, se abrió el año 1722, la actual Plaza de la Constitución, como se dirá más adelante al hablar de ésta.
En la indicada fecha, desapareció la vía pública de aquel nombre , que ya no existe.
(D. SERAPIO MÚGICA - "Las calles de San Sebastián. Explicación de sus nombres")
Etiquetas:
alde zaharra,
amasorrain,
añorga,
calles,
ordenanzas 1630,
padrón 1566,
parte vieja
miércoles, 13 de febrero de 2013
PLAZA DE LA CONSTITUCIÓN, ANTES "NUEVA" (II)
..................CONTINUACIÓN:
Aclarada la cuestión de la propiedad, se pensó en la construcción de la Plaza, proyecto que fue acogido por el vecindario con el mayor entusiasmo. Faltaban fondos y se abrió una suscripción pública que produjo enseguida 53.000 reales. A principios de 1817 se dió comienzo con estos fondos al relleno de la Plaza y se dispuso que en el caso de que no bastaran para elevar el piso de la Plaza al nivel necesario, los escombros de los edificios que componían el perímetro de la misma, se permitiese traerlos a su costa a los propietarios de otras calles. Se practicaron los trabajos de cimentación en administración por el Ayuntamiento, y construídos que fueron los cimientos de las casas, se prepararon las condiciones para la subasta de los arcos. Sabedores tres entusiastas contratistas de la población de que se iban a rematarlos por trozos, presentaron un escrito al Ayuntamiento, exponiendo que era conveniente para que los arcos tuviesen la debida uniformidad y no resultasen los defectos de que adolecía la Plaza de Vitoria, que unos mismos contratistas se hicieran cargo de toda la obra, y atendida que fue la indicación, los mismos contratistas se hicieron cargo de toda ella en una sola subasta.
Hechos todos los preparativos para la realización de este gran proyecto, se inauguraron las obras con el mayor entusiasmo y pompa el 16 de Agosto de 1817.
Las dimensiones de la Plaza eran 205 pies de largo, 132 de ancho, 26.060 en cuadro.
La entrega de los arcos se hizo el 6 de Noviembre de 1818, quedando el Arquitecto tan satisfecho de la obra por su unidad, corrección y solidez, que consideró a los contratistas con derecho al dos por ciento de premio señalado en las condiciones de subasta, haciéndoles entrega de los 5.597,16 reales a que ascendió dicha cantidad.
Se tuvo con los balcones el mismo criterio que con los arcos, estimando que convendría para la mayor uniformidad y regularidad, el que fuesen trabajados por una misma mano, pues si se dejaba en libertad a los dueños valiéndose ellos de diferentes operarios, aparecerían sensibles variedades, causando mal efecto a la vista. Se presentaron tres artífices con distintas proposiciones : Don Romualdo Zornoza y José María de Uranga, vecinos de San Sebastián y Manuel Felipe Guevara, de Irún, y se acordó dar a cada uno de ellos los balcones de un piso. A uno de ellos, todos los de los primeros pisos de los tres lados y el de los terrados o bocacalles y los antepechos del entresuelo de la arcada pequeña o lado menor de la Plaza. A otro los del segundo y a otro los del tercero.
En esta Plaza se celebraron después, durante muchos años, todos los festejos públicos con inclusión de las corridas de toros, cerrándola en cuadrilongo con barras de hierro y formando andanadas de palcos y asientos de madera. Todos los balcones estaban numerados, como siguen todavía estándolo, y el Ayuntamiento hacía uso de ellos en la forma expuesta.
En los arcos de esta Plaza, tomó asiento el comercio de más lustre de San Sebastián, y ellos constituían el paseo obligado en donde se reunía la flor y nata de Donostia.
El último año en que se subastaron los arbitrios del mercado de esta Plaza, fue el año económico de 1870 a 1871. El siguiente año de 1871 a 1872, se hallaba ya habilitado el mercado de la Brecha, pero continúa el Ayuntamiento cobrando la renta de los puestos de venta de frutas y baratijas que se establecen en dichos arcos.
Siguió llamándose "Plaza Nueva" hasta mediar el año 1820 en que se colocó una lápida de mármol con letras de oro, que decía "Plaza de la Constitución", en memoria del Régimen Constitucional, que se implantó en España, y así continúa llamándose.
Por acuerdo de 13 de Abril de 1897, se dispuso poner en vascuence el rótulo Plaza-Berria, que significa "Plaza Nueva"
(D. SERAPIO MÚGICA - "Las calles de San Sebastián. Explicación de sus nombres")
Aclarada la cuestión de la propiedad, se pensó en la construcción de la Plaza, proyecto que fue acogido por el vecindario con el mayor entusiasmo. Faltaban fondos y se abrió una suscripción pública que produjo enseguida 53.000 reales. A principios de 1817 se dió comienzo con estos fondos al relleno de la Plaza y se dispuso que en el caso de que no bastaran para elevar el piso de la Plaza al nivel necesario, los escombros de los edificios que componían el perímetro de la misma, se permitiese traerlos a su costa a los propietarios de otras calles. Se practicaron los trabajos de cimentación en administración por el Ayuntamiento, y construídos que fueron los cimientos de las casas, se prepararon las condiciones para la subasta de los arcos. Sabedores tres entusiastas contratistas de la población de que se iban a rematarlos por trozos, presentaron un escrito al Ayuntamiento, exponiendo que era conveniente para que los arcos tuviesen la debida uniformidad y no resultasen los defectos de que adolecía la Plaza de Vitoria, que unos mismos contratistas se hicieran cargo de toda la obra, y atendida que fue la indicación, los mismos contratistas se hicieron cargo de toda ella en una sola subasta.
Hechos todos los preparativos para la realización de este gran proyecto, se inauguraron las obras con el mayor entusiasmo y pompa el 16 de Agosto de 1817.
Las dimensiones de la Plaza eran 205 pies de largo, 132 de ancho, 26.060 en cuadro.
La entrega de los arcos se hizo el 6 de Noviembre de 1818, quedando el Arquitecto tan satisfecho de la obra por su unidad, corrección y solidez, que consideró a los contratistas con derecho al dos por ciento de premio señalado en las condiciones de subasta, haciéndoles entrega de los 5.597,16 reales a que ascendió dicha cantidad.
Se tuvo con los balcones el mismo criterio que con los arcos, estimando que convendría para la mayor uniformidad y regularidad, el que fuesen trabajados por una misma mano, pues si se dejaba en libertad a los dueños valiéndose ellos de diferentes operarios, aparecerían sensibles variedades, causando mal efecto a la vista. Se presentaron tres artífices con distintas proposiciones : Don Romualdo Zornoza y José María de Uranga, vecinos de San Sebastián y Manuel Felipe Guevara, de Irún, y se acordó dar a cada uno de ellos los balcones de un piso. A uno de ellos, todos los de los primeros pisos de los tres lados y el de los terrados o bocacalles y los antepechos del entresuelo de la arcada pequeña o lado menor de la Plaza. A otro los del segundo y a otro los del tercero.
En esta Plaza se celebraron después, durante muchos años, todos los festejos públicos con inclusión de las corridas de toros, cerrándola en cuadrilongo con barras de hierro y formando andanadas de palcos y asientos de madera. Todos los balcones estaban numerados, como siguen todavía estándolo, y el Ayuntamiento hacía uso de ellos en la forma expuesta.
En los arcos de esta Plaza, tomó asiento el comercio de más lustre de San Sebastián, y ellos constituían el paseo obligado en donde se reunía la flor y nata de Donostia.
El último año en que se subastaron los arbitrios del mercado de esta Plaza, fue el año económico de 1870 a 1871. El siguiente año de 1871 a 1872, se hallaba ya habilitado el mercado de la Brecha, pero continúa el Ayuntamiento cobrando la renta de los puestos de venta de frutas y baratijas que se establecen en dichos arcos.
Siguió llamándose "Plaza Nueva" hasta mediar el año 1820 en que se colocó una lápida de mármol con letras de oro, que decía "Plaza de la Constitución", en memoria del Régimen Constitucional, que se implantó en España, y así continúa llamándose.
Por acuerdo de 13 de Abril de 1897, se dispuso poner en vascuence el rótulo Plaza-Berria, que significa "Plaza Nueva"
(D. SERAPIO MÚGICA - "Las calles de San Sebastián. Explicación de sus nombres")
Etiquetas:
alde zaharra,
parte vieja,
plazas
PLAZA DE LA CONSTITUCIÓN, ANTES "NUEVA" (I)
Por el Doctor Camino, sabemos que dicha Plaza se hizo en 1722, comprando y derribando los edificios que componían las calles de Embeltrán y Amasorrain, que se hallaban en aquel lugar, siendo la traza de Hércules Torrelli, de quien era también el frontispicio del Monasterio de San Bartolomé. Su coste ascendió a 1.016.619 reales, sin contar la casa concejil que costó más de 40.000 pesos. Con esta nueva Plaza se quisieron evitar los desórdenes que ocurrían entre militares y paisanos en la Plaza Vieja, en donde había tres cuarteles,en los concursos de espectáculos públicos, y también colocar en situación más ventajosa la Casa Consistorial y la del Consulado, que se hallaban en donde se pusieron luego a Lonja y los almacenes de la Compañía de Filipinas. Todos los edificios de esta Plaza, fueron construídos por cuenta del Ayuntamiento, y se obligó a todos los vendedores de comestibles al por menor a que vendiesen sus mercancias en esta Plaza y no en la Plaza Vieja, ni por las calles, como se venía haciendo.
Al efecto, el Ayuntamiento dispuso en Febrero de 1722 el cumplimiento de dicho acuerdo, que fue ratificado por R. Provisión de 16 de Octubre del año indicado, aclarando que se pusieran además en los arrabales dos o tres tiendas en sitios adecuados.
Tenía la Plaza, como ahora, sus soportales o arcadas en sus cuatro frentes, interceptados por otras tantas bocacalles, que en ella entraban. Dos de ellas, que seguían de la Calle Iñigo, eran capaces para paso de carros y coches, y las otras solo de caballerías. Su posición, más que horizontal, se hallaba hundida con respecto del todo. En la cabeza del Poniente, se hallaba situada la casa Concejil y del Consulado, con un soportal o arcada espacioso. Este edificio era bastante capaz y de excelentes salones, pero el estilo Churrigueresco de sus formas exteriores, hacía ridícula su decoración. Los demás costados del cuadrilongo, se componían de tres series de arcadas uniformes, como así mismo, las casas o frentes que sobre ellas se cargaban.
Las azarosas circunstancias que sobrevinieron con motivo de la guerra de la Independencia, a principios del siglo XIX, obligaron al Ayuntamiento a vender la propiedad de dichas casas en 1810, reservándose diferentes derechos, sobre dichas fincas, como son el derecho del cobertizo y arcos, los balcones para los casos de corridas y otros regocijos, noches de iluminación etcétera, para atender con sus rendimientos a los gastos de la función.
Al sobrevenir el incendio de la ciudad en 1813, siguieron aquellos 25 edificios que circunvalaban la Plaza, la suerte de los demás, siendo destruídos completamente. Toda la fachada de la casa concejil, quedó destruída y desplomada hasta los cimientos, permaneciendo en pie los dos costados y espalda, pero resentido e inutilizados.
Así mismo quedaron destruídos los frentes totales de los lados más largos de la Plaza, conservándose únicamente en pie una parte del lado opuesto a la casa Concejil, aunque resentida y amenazando peligro. Igualmente se arruinaron la mayor parte de las paredes medianiles, y solo quedaron las paredes de las espaldas, las que fueron desmoronadas con la acción de las lluvias y vientos. Los expresados tres lados de la Plaza, se componían de casas muy angostas, de poco frente y poco fondo, por cuyo motivo todas las escaleras eran estrechas, oscuras y agudas, y los cuartos interiores y cocinas, faltos de luz, que recibian por pequeños patines parciales que tenían por la espalda, hasta el punto de que casi todo el año, se veían obligados a hacer uso de la luz artificial, efecto de la defectuosa distribución.
Después de la catástrofe, muchos propietarios de estos solares, los vendieron haciendo caso omiso del censo o gravamen que tenían para con el Municipio, y al proyectar la construcción de nuevos edificios, sobrevinieron multitud de reclamaciones y quejas, que dieron lugar a una reunión que se celebró entre los interesados y el Ayuntamiento, bajo la presidencia del Corregidor. En dicha reunión acordaron que la ciudad librase los indicados solares de toda responsabilidad, que las fachadas se ejecutasen conforme al plano del Arquitecto Ugartemendía, abonando de los fondos públicos la diferencia que resultase en su coste, comparadas con las de la casa de la Viuda de Echagüe que debía servir de punto de partida; que el Ayuntamiento pudiese disponer de los balcones, cuando hubiese corridas de muerte, para venderlos al público, reservando para el propietario el derecho a un balcón torero, esto es, a una ventana o medio balcón en la habitación de la casa que pidiese y dos si era vecino Concejante, pagando por él lo que el Ayuntamiento señalare por punto general para todos los balcones.
El Ayuntamiento propuso además, y así se acordó, que se le concediera el derecho de gravar con un impuesto los bancos del Mercado, que habían de establecerse en los arcos de la Plaza, destinando los fondos recaudados a beneficio del Hospital y Misericordia, sin que pudieran practicarlo los dueños ni los inquilinos, en cuyo caso se haría por cuenta de la Ciudad, todo el balconaje de hierro del primer piso, de todas las casas.
...............CONTINUARÁ.
Al efecto, el Ayuntamiento dispuso en Febrero de 1722 el cumplimiento de dicho acuerdo, que fue ratificado por R. Provisión de 16 de Octubre del año indicado, aclarando que se pusieran además en los arrabales dos o tres tiendas en sitios adecuados.
Tenía la Plaza, como ahora, sus soportales o arcadas en sus cuatro frentes, interceptados por otras tantas bocacalles, que en ella entraban. Dos de ellas, que seguían de la Calle Iñigo, eran capaces para paso de carros y coches, y las otras solo de caballerías. Su posición, más que horizontal, se hallaba hundida con respecto del todo. En la cabeza del Poniente, se hallaba situada la casa Concejil y del Consulado, con un soportal o arcada espacioso. Este edificio era bastante capaz y de excelentes salones, pero el estilo Churrigueresco de sus formas exteriores, hacía ridícula su decoración. Los demás costados del cuadrilongo, se componían de tres series de arcadas uniformes, como así mismo, las casas o frentes que sobre ellas se cargaban.
Las azarosas circunstancias que sobrevinieron con motivo de la guerra de la Independencia, a principios del siglo XIX, obligaron al Ayuntamiento a vender la propiedad de dichas casas en 1810, reservándose diferentes derechos, sobre dichas fincas, como son el derecho del cobertizo y arcos, los balcones para los casos de corridas y otros regocijos, noches de iluminación etcétera, para atender con sus rendimientos a los gastos de la función.
Al sobrevenir el incendio de la ciudad en 1813, siguieron aquellos 25 edificios que circunvalaban la Plaza, la suerte de los demás, siendo destruídos completamente. Toda la fachada de la casa concejil, quedó destruída y desplomada hasta los cimientos, permaneciendo en pie los dos costados y espalda, pero resentido e inutilizados.
Así mismo quedaron destruídos los frentes totales de los lados más largos de la Plaza, conservándose únicamente en pie una parte del lado opuesto a la casa Concejil, aunque resentida y amenazando peligro. Igualmente se arruinaron la mayor parte de las paredes medianiles, y solo quedaron las paredes de las espaldas, las que fueron desmoronadas con la acción de las lluvias y vientos. Los expresados tres lados de la Plaza, se componían de casas muy angostas, de poco frente y poco fondo, por cuyo motivo todas las escaleras eran estrechas, oscuras y agudas, y los cuartos interiores y cocinas, faltos de luz, que recibian por pequeños patines parciales que tenían por la espalda, hasta el punto de que casi todo el año, se veían obligados a hacer uso de la luz artificial, efecto de la defectuosa distribución.
Después de la catástrofe, muchos propietarios de estos solares, los vendieron haciendo caso omiso del censo o gravamen que tenían para con el Municipio, y al proyectar la construcción de nuevos edificios, sobrevinieron multitud de reclamaciones y quejas, que dieron lugar a una reunión que se celebró entre los interesados y el Ayuntamiento, bajo la presidencia del Corregidor. En dicha reunión acordaron que la ciudad librase los indicados solares de toda responsabilidad, que las fachadas se ejecutasen conforme al plano del Arquitecto Ugartemendía, abonando de los fondos públicos la diferencia que resultase en su coste, comparadas con las de la casa de la Viuda de Echagüe que debía servir de punto de partida; que el Ayuntamiento pudiese disponer de los balcones, cuando hubiese corridas de muerte, para venderlos al público, reservando para el propietario el derecho a un balcón torero, esto es, a una ventana o medio balcón en la habitación de la casa que pidiese y dos si era vecino Concejante, pagando por él lo que el Ayuntamiento señalare por punto general para todos los balcones.
El Ayuntamiento propuso además, y así se acordó, que se le concediera el derecho de gravar con un impuesto los bancos del Mercado, que habían de establecerse en los arcos de la Plaza, destinando los fondos recaudados a beneficio del Hospital y Misericordia, sin que pudieran practicarlo los dueños ni los inquilinos, en cuyo caso se haría por cuenta de la Ciudad, todo el balconaje de hierro del primer piso, de todas las casas.
...............CONTINUARÁ.
Etiquetas:
alde zaharra,
parte vieja,
plazas
martes, 12 de febrero de 2013
CALLE DE SAN JUAN
No figura con este nombre en el padrón de vecinos de 1566, ni en las Ordenanzas de 1630. Figura en estos documentos la "Calle de Maese Lope", que era la misma, según hemos visto al hablar de ésta, y acaso se llamara también "de los Toneleros" a toda o parte de ella.
Antes de 1813, tenía esta calle sus tortuosidades parciales y diferencia sensible en sus anchuras, que variaban de 9 a 20 pies. Principiaba en la calle del Pozo, inmediato al Cubo del Horno, y finaba en la Calle de San Vicente, quedando algo interrumpida con la fortificación de la Calle de Santa Ana.
Después de 1813, al igual de lo que decimos al referirnos a la Calle de Santa Ana, quedó ocupada por la autoridad militar con obras de fortificación que se levantaron en aquella parte, y no se pudo edificar en mucho tiempo.
Sin duda alguna, debe su nombre a la efigie de dicho Santo, colocada en aquella parte de la población.
Por acuerdo de 13 de Abril de 1897, se la rotuló también San Juan-Kalea.
(D. SERAPIO MÚGICA - "Las calles de San Sebastián. Explicación de sus nombres")
Antes de 1813, tenía esta calle sus tortuosidades parciales y diferencia sensible en sus anchuras, que variaban de 9 a 20 pies. Principiaba en la calle del Pozo, inmediato al Cubo del Horno, y finaba en la Calle de San Vicente, quedando algo interrumpida con la fortificación de la Calle de Santa Ana.
Después de 1813, al igual de lo que decimos al referirnos a la Calle de Santa Ana, quedó ocupada por la autoridad militar con obras de fortificación que se levantaron en aquella parte, y no se pudo edificar en mucho tiempo.
Sin duda alguna, debe su nombre a la efigie de dicho Santo, colocada en aquella parte de la población.
Por acuerdo de 13 de Abril de 1897, se la rotuló también San Juan-Kalea.
(D. SERAPIO MÚGICA - "Las calles de San Sebastián. Explicación de sus nombres")
Etiquetas:
alde zaharra,
calles,
parte vieja
jueves, 10 de enero de 2013
CALLE DEL 31 DE AGOSTO, ANTES DE LA TRINIDAD
Hay referencias de la Calle de la Trinidad en el padrón de 1566 y en las Ordenanzas de 1630.
En esta calle se hallaban edificios tan importantes como las dos parroquias de Santa María y San Vicente, el Convento de Religiosas de Santa Teresa, Convento de San Telmo, Colegio de la Compañía de Jesús y la Cárcel pública y algunas casas particulares de bastante capacidad y buena forma.
Tenía la calle algunas tortuosidades parciales que le privaban de hermosura, y su anchura variaba de 20 ó 30 pies.Su pavimento desde la torre del campanario, punto el más elevado de la colina, bajaba en descenso suave hasta encontrar la rampa de la subida al Castillo, en el ángulo de la iglesia de Santa María y la escalinata que se hallaba en él, de donde descendía al atrio de dicha iglesia, y desde este punto a la calle por otra escalinata menor. En tiempo de aguas, se reunían en gran cantidad en esta calle, y a veces ocurría que se obstruía la boca del caño de la rampa del Castillo, y el torrente de aguas engrosadas con las tierras, bajaba por las escalinatas indicadas y entraba en la iglesia, causando grandes daños.
Con estas escalinatas, quedaba interrumpida la comunicación con la Calle Mayor, y los transportes del muelle tenían que dar una gran vuelta para llegar a la parte alta de dicha calle.
Se libraron del incendio todas las casas de la acera del lado del Castillo, en donde se acuartelaron las tropas portuguesas al entrar en la plaza, ero se quemaron todas las de la acera de enfrente, buenas en general, llenándose la calle de escombros, y hubo que derribar las paredes que quedaron en pie por evitar desgracias.
Esta calle al ocurrir el incendio de 1813, principiaba en la calle de la Zurriola, por el costado de la iglesia de San Vicente y terminaba en el atrio de la torre del campanario de Santa María. Pero no hay duda alguna que en tiempos antiguos no estaba limitada esta calle a las dimensiones que tenía en 1813, como se deduce del padrón de 1566. En este documento, con referencia a esta vía se dice : "Trinidad alrededor de la villa", y también "Trinidad a la redonda". En cambio no figuraban en dicho padrón las calles del Campanario, Ingente, Pozo, San Juan ni otras varias. ¿Se englobarían con aquel nombre algunas de ellas?.
Otro dato tenemos para creer en la mucha extensión de esta vía en aquel tiempo. Y es que de los 466 vecinos que aparecen en dicho padrón, en la fecha indicada, 155 corresponden a esta calle; es decir la tercera parte del vecindario.
En tiempos más próximos a los nuestros, debía suceder lo mismo, pues solo así se comprende que los números con que estaban señaladas las casas cuando ocurrió el incendio de 1813, comenzaran en el 198 para terminar en el 238, que llevaba la casa inmediata al atrio de Santa María. Es de lamentar que nadie nos haya dicho donde tenía su principio esta numeración y donde el fin, pues es posible que continuase más adelante del atrio en alguna otra dirección.
Se ha dicho oficial y particularmente, que esta calle se llamaba de la Trinidad, por la circunstancia de que en ella se hallaban enclavadas las tres iglesias de Santa María,San Vicente y la del Convento de San Telmo. Sin embargo, esto no resulta cierto, por la sencilla razón de que antes de edificar el convento, existía ya la calle de este nombre. Ya se sabe por otra parte, que las iglesias de Santa Teresa y la de la Compañía de Jesús, se levantaron más tarde y no pudieron por tanto contribuir a la adopción de aquel nombre. Nos parece más verosímil que se llamara así, porque hubiera en dicha calle una efigie de la Santísima Trinidad.
Era tan frecuente en tiempos pasados el poner efigies de Santos en las entradas de calles y plazas y en otros lugares públicos, que no deben extrañarse nuestros lectores de que atribuyamos a esta pía costumbre la existencia de esta clase de nombres. Con motivo de cualquier cataclismo público, un incendio, una epidemia, inundaciones, etc., se hacían votos y se ponían efigies de Santos al público, y en muchos casos sin más causa que la devoción particular. Al contacto de la muralla del Mediodía hemos visto que había el baluarte de San Felipe y el de Santiago y el cuartel de San Roque. Frente al Cubo el Hornabeque de San Carlos. Aún existe en Santa María, la imagen de Cristo Crucificado, que se ostentaba en la puerta de entrada de la Plaza Vieja hasta el derribo de las murallas.
Se sabe que existía la efigie de Nuestra Señora de la Piedad en la casa que hace esquina a las calles de Narrica y de Embeltrán. La de San Jerónimo en el arco que daba acceso a la calle de este nombre. El arco de Santiago se tituló así por la imagen del Patrón de España que figuraba en él. Además existían hasta el año 1848 a 1859, una imagen de San Ignacio de Loyola y otra de Nuestra Señora de Méjico en el cuartelillo en que estuvieron las escuelas públicas.
En sesión de 26 de Septiembre de 1877, el teniente alcalde Sr. Echeverría, propuso que la Calle de la Trinidad, que ya no respondía a su significación por haber desaparecido de ella la iglesia de San Telmo, podía llamarse en adelante "Calle del 31 de Agosto", en conmemoración del acontecimiento de aquella fecha y por ser la única que se salvó. Así se acordó, y desde entonces lleva el nombre actual .
Por acuerdo del 13 de Abril de 1897, se la rotuló también, San Telmo-Kalea, que significa "Calle de San Telmo".
Uno de los callejones que daba acceso al punto en donde se levantó el Convento de San Telmo, se denominaba "Calle de Santa Corda" por el año 1516.
(D. SERAPIO MÚGICA - "Las calles de San Sebastián. Explicación de sus nombres")
En esta calle se hallaban edificios tan importantes como las dos parroquias de Santa María y San Vicente, el Convento de Religiosas de Santa Teresa, Convento de San Telmo, Colegio de la Compañía de Jesús y la Cárcel pública y algunas casas particulares de bastante capacidad y buena forma.
Tenía la calle algunas tortuosidades parciales que le privaban de hermosura, y su anchura variaba de 20 ó 30 pies.Su pavimento desde la torre del campanario, punto el más elevado de la colina, bajaba en descenso suave hasta encontrar la rampa de la subida al Castillo, en el ángulo de la iglesia de Santa María y la escalinata que se hallaba en él, de donde descendía al atrio de dicha iglesia, y desde este punto a la calle por otra escalinata menor. En tiempo de aguas, se reunían en gran cantidad en esta calle, y a veces ocurría que se obstruía la boca del caño de la rampa del Castillo, y el torrente de aguas engrosadas con las tierras, bajaba por las escalinatas indicadas y entraba en la iglesia, causando grandes daños.
Se libraron del incendio todas las casas de la acera del lado del Castillo, en donde se acuartelaron las tropas portuguesas al entrar en la plaza, ero se quemaron todas las de la acera de enfrente, buenas en general, llenándose la calle de escombros, y hubo que derribar las paredes que quedaron en pie por evitar desgracias.
Esta calle al ocurrir el incendio de 1813, principiaba en la calle de la Zurriola, por el costado de la iglesia de San Vicente y terminaba en el atrio de la torre del campanario de Santa María. Pero no hay duda alguna que en tiempos antiguos no estaba limitada esta calle a las dimensiones que tenía en 1813, como se deduce del padrón de 1566. En este documento, con referencia a esta vía se dice : "Trinidad alrededor de la villa", y también "Trinidad a la redonda". En cambio no figuraban en dicho padrón las calles del Campanario, Ingente, Pozo, San Juan ni otras varias. ¿Se englobarían con aquel nombre algunas de ellas?.
Otro dato tenemos para creer en la mucha extensión de esta vía en aquel tiempo. Y es que de los 466 vecinos que aparecen en dicho padrón, en la fecha indicada, 155 corresponden a esta calle; es decir la tercera parte del vecindario.
En tiempos más próximos a los nuestros, debía suceder lo mismo, pues solo así se comprende que los números con que estaban señaladas las casas cuando ocurrió el incendio de 1813, comenzaran en el 198 para terminar en el 238, que llevaba la casa inmediata al atrio de Santa María. Es de lamentar que nadie nos haya dicho donde tenía su principio esta numeración y donde el fin, pues es posible que continuase más adelante del atrio en alguna otra dirección.
Era tan frecuente en tiempos pasados el poner efigies de Santos en las entradas de calles y plazas y en otros lugares públicos, que no deben extrañarse nuestros lectores de que atribuyamos a esta pía costumbre la existencia de esta clase de nombres. Con motivo de cualquier cataclismo público, un incendio, una epidemia, inundaciones, etc., se hacían votos y se ponían efigies de Santos al público, y en muchos casos sin más causa que la devoción particular. Al contacto de la muralla del Mediodía hemos visto que había el baluarte de San Felipe y el de Santiago y el cuartel de San Roque. Frente al Cubo el Hornabeque de San Carlos. Aún existe en Santa María, la imagen de Cristo Crucificado, que se ostentaba en la puerta de entrada de la Plaza Vieja hasta el derribo de las murallas.
Se sabe que existía la efigie de Nuestra Señora de la Piedad en la casa que hace esquina a las calles de Narrica y de Embeltrán. La de San Jerónimo en el arco que daba acceso a la calle de este nombre. El arco de Santiago se tituló así por la imagen del Patrón de España que figuraba en él. Además existían hasta el año 1848 a 1859, una imagen de San Ignacio de Loyola y otra de Nuestra Señora de Méjico en el cuartelillo en que estuvieron las escuelas públicas.
En sesión de 26 de Septiembre de 1877, el teniente alcalde Sr. Echeverría, propuso que la Calle de la Trinidad, que ya no respondía a su significación por haber desaparecido de ella la iglesia de San Telmo, podía llamarse en adelante "Calle del 31 de Agosto", en conmemoración del acontecimiento de aquella fecha y por ser la única que se salvó. Así se acordó, y desde entonces lleva el nombre actual .
Por acuerdo del 13 de Abril de 1897, se la rotuló también, San Telmo-Kalea, que significa "Calle de San Telmo".
Uno de los callejones que daba acceso al punto en donde se levantó el Convento de San Telmo, se denominaba "Calle de Santa Corda" por el año 1516.
Etiquetas:
alde zaharra,
calles,
parte vieja
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




.jpg)
