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domingo, 24 de marzo de 2019

DOMINGO AGUIRRE


Domingo Aguirre (1864-1920) nació en Ondarroa y se ordenó sacerdote en 1888. Fue destinado como capellán de las Carmelitas de Zumaia donde permaneció hasta su muerte. Destacan entre sus obras publicadas : "A. Larramendiren bizitzaren berri labur"(1890); "Auñamendiko Lorea"(1898); "Kresala"(1906), "Garoa"; etc.
El Pleno donostiarra celebrado el 21 de Septiembre de 1992, le dedicó una calle situada en el Polígono de Berio, que comienza en el encuentro del Paseo de Orixe con la calle de Balentegui, boerdeando el parque de Orio y terminendo en el encuentro del Paseo de Orixe con la calle de Sustraiarte.
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Domingo de Aguirre Badiola.
# Fecundo escritor en Euskara. Nacido en Ondarroa en 1864 y fallecido en Zumaia en 1920. Miembro de número de la entonces naciente Academia de la Lengua Vasca.
Cursó sus estudios en el Seminario Diocesano de Vitoria y se ordenó sacerdote en 1888. Ejerció su sacerdocio, primero en Carranza, y después de capellán del Colegio de MM. Carmelitas de la Caridad de Zumaya. Tuvo ocasiones para ocupar más altos cargos pero él rehusó, tal vez por su complexión enfermiza y débil, y permaneció en su capellanía de Zumaya hasta su fallecimiento. Escribió novelas, cuentos, leyendas, artículos, crónicas de viaje, poesías, etc. Prestando su colaboración principalmente en Euskal Erria, Euskalzale, Ibaizábal, Euskal-Esnalea, RIEV; Jaungoiko-zale, etc.
Se caracteriza por el dominio del lenguaje. Alguien dijo de él atinadamente que era un escritor de intuición clara, la observación penetrante, la descripción exacta, la matización delicada y el humanismo sano, que encajan perfectamente a don Domingo que con toda dignidad pasa a ser un clásico de la literatura vasca. Y según se dice fue muy considerado por Ortega y Gasset, cuando éste veraneaba en Zumaia. Su única obra que conocemos en castellano, aparte de unos pocos artículos y narraciones, es la Historia de Nuestra Señora de Iciar (1895). Comprobó sin duda que su genio idiomático no podía hallar en el castellano. Al percatarse de ello se entregó de lleno a la literatura euskérica. De entre sus primeros trabajos en euskera, en 1890, figuran algunos cuentos breves y artículos, así como un par de semblanzas, entre las que descuella A. Larramendiren bizitzaren berri labur, comentando la vida y obra del euskarólogo Manuel de Larramendi.
Su primera novela Auñemendiko lorea (1898), de tema histórico, situado en el s. VII, en torno a la introducción del cristianismo en el pueblo vasco, es sin duda la menos lograda de sus obras, si bien hemos de tener en cuenta que consistió el primer intento de novelista. Kresala (1906), novela de ambiente marinero, que primero vio la luz en Euskalerria a partir de 1901, está escrita en dialecto vizcaíno con predominación del contorno costero oriental del señorío, constituye la más real y vigorosa de sus obras. Garoa (1912), también novela costumbrista, pero de ambiente rural (se publicó primeramente en las páginas de la RIEV, t. I, 1907), es la más clásica de este autor, más trabajada, quizás de prosa un poco recargada para los gustos de hoy, pero de un estilo literario depurado, elegante, rico y fluido. Ni ta ni, novela histórica incompleta, publicada parcialmente en Euskal-Esnalea hacia 1917, que tiene por tema las luchas banderizas de Oñaz y Gamboa. Tradujo la obra teatral La Flor de Larralde de Arturo Campión, que bajo el título Larraldeko Lorea vio la luz en Euskariana (sexta serie), Pamplona, 1918.
Como obra póstuma tenemos a Ondarrak, publicada en 1964 en conmemoración del centenario de su nacimiento, que constituyen las páginas selectas, con prórroga y notas de A. Onaindia. La carrera literaria de Aguirre es una constante preocupación de superación de estilo, calando hondo en lenguaje y costumbres populares. Sus novelas costumbristas se han comparado con las de Pereda. Es posible que Aguirre se inspirara en motivos argumentales del montañés o siguiendo la moda de finales del siglo pasado en la literatura, de llevar las costumbres a las letras, acentuando los tipismos, pero afortunadamente no cayó en el barroquismo de Pereda. ¿Será por no lograr eludir de la sobriedad del vascuence que gusta de expresar las cosas sin rodeos y sin sobrecargas?. El genio idiomático que Aguirre llevaba dentro le impulsaba derecho a las ideas y al hilo de la narración. Por eso, en el peor de los casos, es mejor pensar con Mitxelena considerándole "magnífico pintor de costumbres y de caracteres, más próximo al vizcaíno Oscar Rochelt que a Pereda". Lástima que falleciera en la plenitud de su carrera, pues de lo contrario hubiera doblado su obra.
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(BIDEGILEAK)(Colección editada por el Gobierno Vasco): Txomin Agirre .

lunes, 8 de octubre de 2018

KOXKAS DONOSTIARRAS : "Florentino Rojo"

AQUEL mozo más bien bajo y algo rechoncho dio el salto que muchos jóvenes de su época se vieron obligados a dar. De su pueblo natal, Velilla del Duero en Valladolid, perdido entre las tierras mesetarias y en los páramos en los que trincaban las liebres y pateaban los cazadores cuando se levantaba la veda, marchó a Cuba en aquellos últimos años de nuestro imperio colonial, cuando ardía la guerra en la perla antillana y en las lejanas islas del Pacífico.

Al volver a España terminada la guerra, vino a San Sebastián y comenzó a trabajar como camarero en el Café Oteiza. Se llamaba Florentino Rojo y estaba llamado a convertirse en el magnate de los cafés donostiarras. Pronto sería el encargado del café, despertándose en él dotes de iniciativa y de organización.

Pocos años después era propietario de un café y luego de otro siendo en un momento determinado de cuatro: el Café del Norte y el de la Marina en el Boulevard, y el del Rhin y el Royalty en la Avenida de la Libertad.

Supo aprovechar la edad de oro de los cafés, cuando la guerra europea, 1914-18, volcó sobre San Sebastián "aquella fauna heteróclita y hasta multitudinaria de refugiados y huidos de todos los pueblos beligerantes, entre quienes bullían o se agrupaban ex ministros, espías, contraespías, desertores, revolucionarios, vividores y gentes que sólo aspiraban a vivir, artistas, patriotas y apátridas, diplomáticos, hampones de alto y bajo copete, jugadores, mujeres equívocas y bellas...", según escribía años después un cronista de la época.

En aquellos años, no sólo se tomaban aperitivos y cafés en aquellos establecimientos que daban cobijo a tertulias interminables entre los parroquianos y a viajantes que sobre las mesas de mármol hacían sus cuentas, sino que se oía música, se veía cine y se podían leer los periódicos de aquí, los de madrid y del extranjero. Y entre la gente cómodamente sentada circulaban los "echadores" repartiendo por las mesas leche y humeante café.

Florentino Rojo impuso su personalidad a sus cafés. Aunque nacido en otras tierras, era un donostiarra más que paseaba con su sombrero de paja en cuanto apretaba el sol como adelantándose a la temporada veraniega.

Lo que fue Arana para los espectáculos taurinos en los veranos de nuestra ciudad, lo fue Florentino Rojo para los cafés donostiarras.

Fue trayendo de su pueblo a familiares que trabajaron con él o se independizaron abriendo otros cafés, como los recordados café Madrid y café Raga en la Avenida.

Murió Florentino Rojo en Madrid el 14 de junio de 1952.

(KOXKAS - R.M. - DV. VIERNES 11 de Junio de 1999)

martes, 12 de febrero de 2013

KOXKAS DONOSTIARRAS: "Pepe Artola"

Uno de los hombres más populares, queridos y admirados en el San Sebastián de hace un siglo fue José Artola. El hizo reir con su gracia inimitable, con su ingenio chispeante, con sus improvisaciones inspiradas a nuestros abuelos. En los interminables días del invierno, cuando la ciudad se aburría y esperaba ansiosa la llegada del verano, corría la voz : " ¡Que Artola va a intervenir en la velada que organiza "La Fraternal"! Y la gente alegraba el rostro pensando disfrutar con la actuación de Pepe Artola, un hombre polifacético que era poeta, actor músico, linternero ....

"Los que le conocen en su oficio habitual -escribía en 1891 el periódico "La Voz de Guipúzcoa"- dicen que es un excelente obrero. Los que leen sus poesías en vascuence, dicen que es un ingeniosísimo poeta. Los músicos, que es un buen contrabajo. El público donostiarra, que no hay un artista con más gracia. Todos deben estar en lo cierto".

Como la gente le conocía más era como actor de teatro. Era el actor cómico perfecto. Salía al escenario y ya sin decir nada la gente comenzaba a reir. Tenía, decían, "una cara risueña y picaresca que presta la mitad del chiste a la frase que dice y una serenidad, un dominio que le presta la otra mitad".

Pudo haber sido un gran profesional de las tablas, pero eso le hubiera supuesto el enrolarse en una compañía y haber ido de ciudad en ciudad a representar juguetes cómicos. Y él no quería abandonar su pueblo natal donde era feliz con sus amigos, compartiendo con ellos ratos interminables en una sidrería, donde le brotaba espontanea la gracia innata, donde competía con otros bersolaris en inolvidables duelos dialécticos.

Su corazón generoso le hacía participar en cuantas veladas benéficas se organizaban en San Sebastián. Y al saberse que iba a trabajar Pepe Artola, el teatro se llenaba. Se cuenta que en 1889 La Fraternal puso en escena una excentricidad musical traducida del alemán. los autores del arreglo terminaron su trabajo la misma madrugada del estreno y a primera hora de la mañana se ensayó dos veces la obrita. Al representarse esta, el apuntador encerrado en su concha no podía articular palabra pues estallaba en carcajadas al ver a Pepe Artola actuando con personalidad propia. sin la ayuda del apuntador. Artola seguía actuando, llenando la escena, inventando frases, improvisando chistes, que fueron los más celebrados.

Quienes escribieron su semblanza y que le conocían bien,decían que tenía como privilegio una gracia natural única, inimitable, que le convertía en el artista más popular de nuestro pueblo. Todos los autores cómicos de la época escribieron obras para él, pues sabían que interpretadas por Pepe Artola el éxito estaba asegurado. "Y es que su cara -decía un periodista- , tiene un no se qué, una sonrisa mezcla de bondad y de picardía que delata en un instante el carácter espontáneo y simpático del jocoso actor. Fuera del arte, en su trato particular, es un niño grande en quien se puede explotar la gracia como una mina haciendo demarcaciones para extraer chistes a montones".

Momentos antes de representar el monólogo "Ida y vuelta", en el que tenía que echarse al coleto un trago de sidra decía que "si la sidra es buena, trabajaré bien".

En aquella época circulaban  entre la gente chistes anónimos referidos a autoridades locales o a personas importantes de la ciudad. Su autor era siempre el inimitable, el único, el genial Pepe Artola

KOXKAS - R.M. - 27/02/1991