Estos días de lluvia resulta interesante leer un artículo que con el título "Mirando llover" publicó en 1903 José María Salaverría, del que reproduzco varios párrafos:
"Llueve y zumba el viento. También el mar toma parte en la singular sinfonía, y desde su dominio espumoso, viejo lleno de canas y gruñón, murmura tenazmente su queja de todos los siglos.
¿Qué le hemos hecho, pobres de nosotros, a la Naturaleza, para que de tal modo nos grite, nos zumbe y nos azote? Por las noches se oyen pasar las nieves del invierno, las aves alarmantes, perdidas en la sombra nocturna, llamándose con gritos de espanto. Vuelven de los lagos septentrionales a habitar otra vez los ríos y albuferas meridionales, y el triste ser humano que no puede volar como ellas, sueña con una emigración fantástica hacia países radiantes.
¿Por qué no hacen los hombres lo que las aves afortunadas? Reunirse en grupos y andar, siempre de cara al sol, en busca de otros climas, abandonando las ruindades, el frío y la sombra, como peregrinos ideales de un ansia nueva ....?
(.....)
Llueve con una insistencia abrumadora, y zumba el viento, y brama el mar, y en las anchas calles de la ciudad sólo se ven algunas sombras que huyen apresuradas. Todo es soledad, todo es envidia de aquellos días estivales que pasaron. Con una burla cruel del invierno, entre los copiosos chaparrones pueden verse los lugares del placer. Las casetas de baño sobre la playa que la furiosa marea llena con su oleaje; los palacios vacíos, con las ventanas cerradas como pupilas que duermen; el Casino mudo y solidario, sin músicas ni mujeres, ni ruedas pomposas de fuego, erguidas las dos torres como brazos que imploran.
Y sobre la terraza, enmarañadas las dentadas hojas por el furioso viento, una palmera enana, una pobre palmera expatriada se esfuerza aún en conservar un lazo color rosa, deshilachado ya, pero sugestivo como un poema (......)
Cuando muere el día, alguna vez se oye de repente por el lado de la bahía el rugido de la sirena de un vapor. Y como el viento lo agranda y hace alarmante, semeja aquel rugido una gran voz de espanto; como si el espectáculo del mar, fundido en la procelosa energía, hubiese infundido en el barco que huye un indescriptible terror pánico.
Entonces, por las desiertas calles, por los paseos solitarios, los seres ínfimos que viven de migajas se alarman también ante la promesa del invierno. (.....)
KOXKAS. R.M. - El Diario Vasco . 2 de Noviembre de 1992
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martes, 5 de noviembre de 2019
KOXKAS DONOSTIARRAS: "MIRANDO LLOVER"
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domingo, 3 de noviembre de 2019
KOXKAS DONOSTIARRAS: "TEMPORAL EN EL CANTÁBRICO"
FUE aquel un temporal, uno más, de los que el Cantábrico suele registrar cada año, con todas sus consecuencias de destrozos, naufragios y a veces víctimas mortales.Al que voy a referirme se inició en la noche del viernes al sábado, 23-24 de noviembre de 1928. El vendaval fue en aumento y en plena noche sorprendió al pesquero 'Irurak-Bat', de matrícula de San Sebastián que rompió amarras y fue arrastrado por las olas mar adentro. Los tripulantes, menos dos, consiguieron abandonar el barco que por fin fue arrastrado hacia el Club Náutico desde el que se tiraron unas cuerdas y los dos tripulantes que se hallaban a bordo consiguieron salvarse. El barco fue a estrellarse a la playa de La Concha, quedando partido en dos mitades. El temporal causó algunos destrozos, principalmente en los tejados. El embarcadero del Náutico fue destrozado. La entrada en el puerto de los pesqueros que llegaban de arribada forzosa se hacia con grandes dificultades. La motora salvavidas de la Sociedad de Salvamentos les prestaba ayuda. Dos pesqueros, zarandeados por las olas, corrieron peligro de abordarse, pero fueron auxiliados por la lancha.El agua hizo destrozos en el muelle, en la parte de Cai-Arriba, donde el muro del malecón exterior, resquebrajado por los empujes del agua, se agrietó y cedió, derrumbándose. Las aguas, libre el camino que les ofrecía el muro derribado, comenzaron a adentrarse cada vez más, llevando objetos que no habían sido retirados. Las aguas saltaban por la escalinata que subía al Paseo Nuevo, destrozando la caseta de Obras Públicas que había allí. Tuvieron que ser desalojadas aquellas casas. Algunos talleres quedaron destrozados.El barco de la casa Sota y Aznar, de 2.700 toneladas, el 'Arnabal-Mendi', navegaba de Bilbao a Pasajes y al no poder entrar en este puerto regresó a Bilbao, pero era tal la fuerza del viento y el estado del mar, que fue arrastrado hacia el cabo Machichaco. Se le rompieron algunas palas de la hélice, quedando el barco sin gobierno, yendo a parar a la deriva a la costa francesa, embarrancado en las rocas próximas a San Juan de Luz. El SOS lanzado por su capitán Venancio Goitia, fue recogido y los 28 hombres de la tripulación, entre ellos un muchacho de 15 años, fueron salvados por el pesquero 'San Pedro', de Pasajes. Se lanzaron cabos de arrastre, pero era imposible remolcar al 'Arnabal-Mendi', que fue contra las rocas, destrozándose.El temporal siguió dos días más, sin que se registraran desgracias personales.
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sábado, 2 de noviembre de 2019
KOXKAS DONOSTIARRAS: "DE COMIDAS Y FIGONES"
Hoy escribimos sobre tabernas, figones y pantagruélicas comidas. Estamos en 1934 y el apetito de los donostiarras, por lo menos de bastantes, era excelente. Prueba de ello es lo que comieron los empleados del Gremio de Carniceros, obsequiados por éste.
Fue en noviembre y se les quería premiar porque durante la huelga revolucionaria de octubre habían asegurado con su actividad el suministro a la población y a los hospitales.
Eran treinta y seis jóvenes " de contextura atlética y estómago como simas". Comieron "sólo" esto: Entremeses, sopa de pan, sopa de gallina, plato frío, fritos variados, angulas, perdiz en salsa, pollo asado con ensalada, fruta, queso y pasteles. Después hubo café, copas y cigarros.
El periódico "El Pueblo Vasco" que daba la noticia decía que todos los comensales quedaron satisfechos. Todos menos uno, quien dijo confidencialmente a la criada: "Ponme un "changui" con bastante jamón, mantequilla y así, porque tengo que ir a Pasajes. Es para el camino".
Vayamos, mientras hacemos la digestión, a una taberna que se inauguró aquellos días de noviembre de hace sesenta años. Y se anunciaba en forma de arenga homérica, así: "¡Ciudadanos! ya es hora de abilcar los prejuicios y las diferencias habidas por mezquinas ambiciones ciudadanas entre nosotros los mortales. Para conseguir lo expuesto bastará reintegrarnos a nuestras costumbres pacíficas y dedicar todos los ratos de ocio a nuestras clásicas alegrías españolistas y proporcionadas por nuestro gesto, nuestros vinos finos y olorosos y el paladar masculino y femenino que fue símbolo vigoroso de nuestra raza".
Este texto era la primera parte del anuncio de la taberna que quería ser "nido de reconciliación, lugar de placeres para las fauces y jol de la gloria". El tasquero autor del anuncio a la entrada del ingurgitorio puso este cartel : "Por razones de higiene se prohíbe hablar de política"
Y para terminar, lean ustedes lo que decían las Ordenanzas de la Villa de 1489, artículos 61 y 124: "Ordenamos y mandamos, que si alguno maliciosamente tirase a otro por los cabellos que pague la multa de 100 maravedises y que sea puesto en la cárcel y esté en ella 8 días. Y que si le tirase por la barba pague multa doble". "Ordenamos y mandamos que si hubiese fuego en alguna casa de la Villa, que los que tienen vinos y sidras estén obligados a darlos para apagar el fuego. Y que el Ayuntamiento está obligado a pagar al dueño de dicho vino y sidra lo que de ellos se hubiere gastado en apagar el fuego"
(KOXKAS. R,M, El Diario Vasco. 2 de Noviembre de 1994)
Fue en noviembre y se les quería premiar porque durante la huelga revolucionaria de octubre habían asegurado con su actividad el suministro a la población y a los hospitales.
Eran treinta y seis jóvenes " de contextura atlética y estómago como simas". Comieron "sólo" esto: Entremeses, sopa de pan, sopa de gallina, plato frío, fritos variados, angulas, perdiz en salsa, pollo asado con ensalada, fruta, queso y pasteles. Después hubo café, copas y cigarros.
El periódico "El Pueblo Vasco" que daba la noticia decía que todos los comensales quedaron satisfechos. Todos menos uno, quien dijo confidencialmente a la criada: "Ponme un "changui" con bastante jamón, mantequilla y así, porque tengo que ir a Pasajes. Es para el camino".
Vayamos, mientras hacemos la digestión, a una taberna que se inauguró aquellos días de noviembre de hace sesenta años. Y se anunciaba en forma de arenga homérica, así: "¡Ciudadanos! ya es hora de abilcar los prejuicios y las diferencias habidas por mezquinas ambiciones ciudadanas entre nosotros los mortales. Para conseguir lo expuesto bastará reintegrarnos a nuestras costumbres pacíficas y dedicar todos los ratos de ocio a nuestras clásicas alegrías españolistas y proporcionadas por nuestro gesto, nuestros vinos finos y olorosos y el paladar masculino y femenino que fue símbolo vigoroso de nuestra raza".
Este texto era la primera parte del anuncio de la taberna que quería ser "nido de reconciliación, lugar de placeres para las fauces y jol de la gloria". El tasquero autor del anuncio a la entrada del ingurgitorio puso este cartel : "Por razones de higiene se prohíbe hablar de política"
Y para terminar, lean ustedes lo que decían las Ordenanzas de la Villa de 1489, artículos 61 y 124: "Ordenamos y mandamos, que si alguno maliciosamente tirase a otro por los cabellos que pague la multa de 100 maravedises y que sea puesto en la cárcel y esté en ella 8 días. Y que si le tirase por la barba pague multa doble". "Ordenamos y mandamos que si hubiese fuego en alguna casa de la Villa, que los que tienen vinos y sidras estén obligados a darlos para apagar el fuego. Y que el Ayuntamiento está obligado a pagar al dueño de dicho vino y sidra lo que de ellos se hubiere gastado en apagar el fuego"
(KOXKAS. R,M, El Diario Vasco. 2 de Noviembre de 1994)
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KOXKAS DONOSTIARRAS: "NOVIEMBRE"
Noviembre era el mes noveno de los romanos, cuyo año sólo contaba diez, y el undécimo del calendario Juliano y Gregoriano. Es el mes en el que se celebra la fiesta de los difuntos. Jóvenes y viejos, mujeres y niños, todos se dirigían a la mansión de los muertos y allí tenían un recuerdo de lo seres queridos.
Cada uno se dirige a una tumba, donde están descansando las cenizas de la madre, del padre, del hijo.... Un anciano llora ante una losa en la que solo se ven inscritas estas palabras: "Diez y ocho años". Una mujer deposita unas flores en otro sepulcro. Dos niños con las manos juntas rezan: les han dicho que recen y que miren al cielo, porque su madre está allí. Cuando abandonan el lugar uno le dice al otro: "Si mamá no viene mañana, es porque ya no nos quiere".
Es noviembre un mes triste en el que los árboles pierden las hojas. Un poeta escribió: "¡Cuán triste están sus desnudas y torcidas ramas, que a manera de espectros, alargan sus descarnados brazos!¿Qué ha sido de su hermoso ropaje de mil verdes colores?¿Por qué solo tienen hoy para cubrirse ése tosco sayal?¿Habrán muerto por ventura?¡No, silencio, duermen solamente! Hacen lo que tantas hermosas coquetas, que al entregarse en brazos de Morfeo, se despojan de sus postizos y adornos, arrojándolos con disgusto, El árbol deja caer hasta la última de sus hojas, y cuando mustias y secas aparecen por el suelo, impelidas por el ímpetu de los vientos, parece que las miran hasta con desprecio y que las dicen estas crudas palabras: Ya sois viejas y no estáis de moda. Enseguida se duerme, esperando al espléndido y brillante proveedor, que ha de proporcionarle nuevas galas: ¡la primavera! Adiós, pues, arbolillo, buenas noches"
Noviembre era el mes en que el leñador derribaba algunas encinas, olmos o robles del bosque, que en las serrerías comercializaban, y en su lugar plantaban otros jóvenes y pequeños árboles. En algunas plantaciones arrancaban las cepas viejas y plantaban las nuevas, preparaban la sidra, trasegaban los vinos, sembraban coles, preservaban de las heladas los tubérculos destinados a la alimentación de las personas y del ganado, mataban a los cerdos y elaboraban morcillos y chorizos.
Los poetas han preferido cantar a mayo, a la primavera, aunque no han faltado quienes se han inspirado en las primeras nieves que como antesala del invierno caían en noviembre. Mes que también tiene sus encantos y sus leyendas que se contaban en los hogares junto al fuego que ardía en las chimeneas.
(FUENTE: KOXKAS. R.M. El Diario Vasco. 2 de Noviembre en 1995)
Cada uno se dirige a una tumba, donde están descansando las cenizas de la madre, del padre, del hijo.... Un anciano llora ante una losa en la que solo se ven inscritas estas palabras: "Diez y ocho años". Una mujer deposita unas flores en otro sepulcro. Dos niños con las manos juntas rezan: les han dicho que recen y que miren al cielo, porque su madre está allí. Cuando abandonan el lugar uno le dice al otro: "Si mamá no viene mañana, es porque ya no nos quiere".
Es noviembre un mes triste en el que los árboles pierden las hojas. Un poeta escribió: "¡Cuán triste están sus desnudas y torcidas ramas, que a manera de espectros, alargan sus descarnados brazos!¿Qué ha sido de su hermoso ropaje de mil verdes colores?¿Por qué solo tienen hoy para cubrirse ése tosco sayal?¿Habrán muerto por ventura?¡No, silencio, duermen solamente! Hacen lo que tantas hermosas coquetas, que al entregarse en brazos de Morfeo, se despojan de sus postizos y adornos, arrojándolos con disgusto, El árbol deja caer hasta la última de sus hojas, y cuando mustias y secas aparecen por el suelo, impelidas por el ímpetu de los vientos, parece que las miran hasta con desprecio y que las dicen estas crudas palabras: Ya sois viejas y no estáis de moda. Enseguida se duerme, esperando al espléndido y brillante proveedor, que ha de proporcionarle nuevas galas: ¡la primavera! Adiós, pues, arbolillo, buenas noches"
Noviembre era el mes en que el leñador derribaba algunas encinas, olmos o robles del bosque, que en las serrerías comercializaban, y en su lugar plantaban otros jóvenes y pequeños árboles. En algunas plantaciones arrancaban las cepas viejas y plantaban las nuevas, preparaban la sidra, trasegaban los vinos, sembraban coles, preservaban de las heladas los tubérculos destinados a la alimentación de las personas y del ganado, mataban a los cerdos y elaboraban morcillos y chorizos.
Los poetas han preferido cantar a mayo, a la primavera, aunque no han faltado quienes se han inspirado en las primeras nieves que como antesala del invierno caían en noviembre. Mes que también tiene sus encantos y sus leyendas que se contaban en los hogares junto al fuego que ardía en las chimeneas.
(FUENTE: KOXKAS. R.M. El Diario Vasco. 2 de Noviembre en 1995)
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viernes, 1 de noviembre de 2019
KOXKAS DONOSTIARRAS: "POLLOE"
POLLOE, el cementerio donostiarra, fue inaugurado en 1877 y el primer enterramiento fue el de Cayetano Michelena, de 25 años, natural de San Sebastián, casado, que había muerto en la Beneficencia el 4 de octubre. Hasta que se abrió Polloe los cementerios en la ciudad eran el de San Bartolomé, en el cerro de este nombre, y el de San Martín, que estaba aproximadamente donde hoy se alza la Audiencia y en la manzana contigua, donde se halla el convento y capilla de las Siervas de Maria.
El cementerio de Polloe está cruzado por calles, todas como es natural con nombres de Santos: San Sebastián, San Lorenzo, San Prudencio, San Ignacio, San Martín, San Vicente, San Pedro, Santa Clara, Santa Catalina, Santa María, Santa Teresa.... Calles estrechas a cuyos lados se alzan panteones y cipreses. Calles generalmente solitarias, excepto cuando hay un enterramiento y en estos días de noviembre en que el recuerdo de los muertos se aviva ante las fechas de Todos los Santos y Difuntos.
Resulta curioso saber que una zona de Polloe, donde estaba la llamada fosa común, separada de los grandes panteones,está dividida en calles cuyos nombres son los patronímicos de los Concejales que formaban la Comisión de Gobernación : calle de San Fernando (Fernando Sasiain), de San Manuel (Manuel Lartigue), calle de San Casimiro(Casimiro Iturrizaga), de San Alfredo (Alfredo Camio), de San Nicolás (Nicolás Goitia).
La puerta de entrada al cementerio luce esta leyenda: "Pronto dirán de vosotros lo que hoy dicen de nosotros: murieron". Y otra leyenda curiosa la que luce el panteón del Marqués de Casa Valdés: "Última casa de Valdés".
También en el cementerio hay divisiones según el capítulo económico que acompañó a los allí enterrados. Hay panteones que llaman la atención por su buen gusto, hasta su suntuosidad. En Polloe descansan para siempre José María Usandizaga, el general Barroso, muerto cuando era Ministro de Gracia y Justicia, los padres del cardenal Merry del Val, el Conde de Serrallo.
Un panteón guarda los restos de algunos , no todos, de los donostiarras que se reunieron en Zubieta en septiembre de 1813 tras la destrucción de la ciudad en 1813.
Pasear por las calles de Polloe en una tarde melancólica, agregaba tristeza a los viejos recuerdos que venían a mi mente ante los nombres de los allí enterrados. Compañeros de estudios, víctimas de la guerra del 36, gentes con las que conviví en el quehacer de cada día , familiares queridos..... llenaban mi ser de tristeza. Momento de oración.
(FUENTE: KOXKAS. R.M.- El Diario Vasco, 1 de Noviembre de 1998)
El cementerio de Polloe está cruzado por calles, todas como es natural con nombres de Santos: San Sebastián, San Lorenzo, San Prudencio, San Ignacio, San Martín, San Vicente, San Pedro, Santa Clara, Santa Catalina, Santa María, Santa Teresa.... Calles estrechas a cuyos lados se alzan panteones y cipreses. Calles generalmente solitarias, excepto cuando hay un enterramiento y en estos días de noviembre en que el recuerdo de los muertos se aviva ante las fechas de Todos los Santos y Difuntos.
Resulta curioso saber que una zona de Polloe, donde estaba la llamada fosa común, separada de los grandes panteones,está dividida en calles cuyos nombres son los patronímicos de los Concejales que formaban la Comisión de Gobernación : calle de San Fernando (Fernando Sasiain), de San Manuel (Manuel Lartigue), calle de San Casimiro(Casimiro Iturrizaga), de San Alfredo (Alfredo Camio), de San Nicolás (Nicolás Goitia).
La puerta de entrada al cementerio luce esta leyenda: "Pronto dirán de vosotros lo que hoy dicen de nosotros: murieron". Y otra leyenda curiosa la que luce el panteón del Marqués de Casa Valdés: "Última casa de Valdés".
También en el cementerio hay divisiones según el capítulo económico que acompañó a los allí enterrados. Hay panteones que llaman la atención por su buen gusto, hasta su suntuosidad. En Polloe descansan para siempre José María Usandizaga, el general Barroso, muerto cuando era Ministro de Gracia y Justicia, los padres del cardenal Merry del Val, el Conde de Serrallo.
Un panteón guarda los restos de algunos , no todos, de los donostiarras que se reunieron en Zubieta en septiembre de 1813 tras la destrucción de la ciudad en 1813.
Pasear por las calles de Polloe en una tarde melancólica, agregaba tristeza a los viejos recuerdos que venían a mi mente ante los nombres de los allí enterrados. Compañeros de estudios, víctimas de la guerra del 36, gentes con las que conviví en el quehacer de cada día , familiares queridos..... llenaban mi ser de tristeza. Momento de oración.
(FUENTE: KOXKAS. R.M.- El Diario Vasco, 1 de Noviembre de 1998)
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domingo, 13 de octubre de 2019
Koskas donostiarras: Conmemoración
El cuarto centenario del descubrimiento de América fue solemnemente celebrado no sólo en España sino también en lo que entonces eran territorios unidos a la Madre Patria. Así sucedió en La Habana donde en 1892 ondeaba en el Morro de la ciudad cubana la enseña española.Y fueron los vascos, que en gran número vivían entonces en la capital de la Perla de las Antillas, los que con más calor celebraron la fecha.
El 15 de octubre de aquel año desfiló por las calles de La Habana una procesión en la que figuraban cuatro preciosas carrozas montadas por gente vasco-navarra. Rompían la marcha cuatro alguaciles del Corregimiento, llevando los tradicionales chuzos y ramas de roble y laurel como emblemas de la fuerza y la victoria. A continuación iba una rondalla de jóvenes navarros. Después, la espata-dantza con sus chistularis y un atabalero al frente. Esta comparsa la dirigía el eibarrés don Francisco Ciaran y en ella figuraban los guipuzcoanos Pedro Ortiz, de San Sebastián, Fulgencio Mendía, de Zumarraga e Hipólito Albóñiga, de Azpeitia, amén de otros vizcainos y navarros.
Seguía una carroza tirada por dos parejas simulando el agitado mar Cantábrico y levantando orgullosamente la proa la canoa Euskal-Erria, vencedora de la regata celebrada el primer día de las fiestas. Esta canoa había sido tripulada por seis bermeanos y patroneada por un bilbaíno, y había ganado a otras siete embarcaciones tripuladas por marinos de otras provincias.
Venían inmediatamente los estandartes de las cuatro provincias hermanas. Con el de Guipúzcoa iba un grupo de niños. También figuraba el estandarte "Laurak-Bat" llevado por don Atanasio Querejeta.
Después iba la carroza que simbolizaba el Árbol de Guernica y la Casa Foral. Al pie del Árbol el Anciano Portafuegos custodiado por dos guerreros, uno de ellos don Aniceto Lasa, de Guipúzcoa. A continuación marchaba la escola de la guardia foral, en la que el corneta era don Luis Lerchundi, de Rentería y en la tropa figuraban don Felipe Aguirre, de Ataún, don José María Gurruchaga, de Ichaso y don Saturnino Ozoa, de Zumárraga, perfectamente armados.
Venía después la gran carroza del Descubrimiento de América, representando a Colón , don Vicente Icaran, de Marquina. Luego, varios coches de respeto con las señoras de la Junta directiva de la Asociación de Beneficencia y la compañía de chapelgorris al mando del guipuzcoano don Antonio Maria Artiz, y señoritas con trajes regionales, cerraban con broche de oro el desfile que ofreció la colonia vasco-navarra de La Habana.
(KOXKAS. 13/10/1992)
El 15 de octubre de aquel año desfiló por las calles de La Habana una procesión en la que figuraban cuatro preciosas carrozas montadas por gente vasco-navarra. Rompían la marcha cuatro alguaciles del Corregimiento, llevando los tradicionales chuzos y ramas de roble y laurel como emblemas de la fuerza y la victoria. A continuación iba una rondalla de jóvenes navarros. Después, la espata-dantza con sus chistularis y un atabalero al frente. Esta comparsa la dirigía el eibarrés don Francisco Ciaran y en ella figuraban los guipuzcoanos Pedro Ortiz, de San Sebastián, Fulgencio Mendía, de Zumarraga e Hipólito Albóñiga, de Azpeitia, amén de otros vizcainos y navarros.
Seguía una carroza tirada por dos parejas simulando el agitado mar Cantábrico y levantando orgullosamente la proa la canoa Euskal-Erria, vencedora de la regata celebrada el primer día de las fiestas. Esta canoa había sido tripulada por seis bermeanos y patroneada por un bilbaíno, y había ganado a otras siete embarcaciones tripuladas por marinos de otras provincias.
Venían inmediatamente los estandartes de las cuatro provincias hermanas. Con el de Guipúzcoa iba un grupo de niños. También figuraba el estandarte "Laurak-Bat" llevado por don Atanasio Querejeta.
Después iba la carroza que simbolizaba el Árbol de Guernica y la Casa Foral. Al pie del Árbol el Anciano Portafuegos custodiado por dos guerreros, uno de ellos don Aniceto Lasa, de Guipúzcoa. A continuación marchaba la escola de la guardia foral, en la que el corneta era don Luis Lerchundi, de Rentería y en la tropa figuraban don Felipe Aguirre, de Ataún, don José María Gurruchaga, de Ichaso y don Saturnino Ozoa, de Zumárraga, perfectamente armados.
Venía después la gran carroza del Descubrimiento de América, representando a Colón , don Vicente Icaran, de Marquina. Luego, varios coches de respeto con las señoras de la Junta directiva de la Asociación de Beneficencia y la compañía de chapelgorris al mando del guipuzcoano don Antonio Maria Artiz, y señoritas con trajes regionales, cerraban con broche de oro el desfile que ofreció la colonia vasco-navarra de La Habana.
(KOXKAS. 13/10/1992)
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jueves, 24 de enero de 2019
KOXKAS DONOSTIARRAS : UN TEMPORAL
Hacía años que no se registraba un temporal de agua y viento, con un
mar embravecido, como el que vivieron los donostíarras desde la
madrugada del sábado 20 al mediodía del lunes 22 de dicíembre de 1884.
La descripción que de aquélla furia del viento y el mar hizo el
periódico Diario de San Sebastián pone los pelos dé punta. Nada tiene
de partícular que el vecindario estuviese alarmado.
El sábado a la mañana arribó con un mar enfurecido la corbeta Concepción de Bílbao, viéndose en tan grave peligro que salio el salvavidas Guipúzcoa escoltando a un atoage a amarrar la embarcación y llevar la tripulación a tierra, pues el naufragio se consideraba inminente. La corbeta fue garreando sobre anclas hasta llegar a situarse frente al peñón del Antiguo, a pesar de lo fuertemente amarrada que había quedado.Pasaban las horas y la Concepción seguía garreando de tal modo que todos creían que iria a naufragar hacia el murallon denominado El Fraile.
El muelle y el paseo de La Concha se llenaron de curiosos, pese a la lluvia.Como el huracán iba adquiriendo cada vez mayor fuerza, zarparon de la bahía, contra viento y marea para Pasajes una docena de vapores de pesca. «Nunca se divisará otro espectáculo más grandioso y terrible a la vez, que aquel que presenciamos desde el Castillo de la Mota algunos pocos curiosos" escribió Diario de San Sebastián, «La lucha de los vapores contra el desencadenado mar fue sublime y terrible, sobre todo a la salida del canal de Santa Clara y frente a la barra del Urumea. Los vapores desaparecían por momentos, como sepultados bajo inmensos montes de agua, y al volver sobre la cima, pegaban tales botes que se asemejaban a pelotas de goma, Por fin, llegaron todo con felicidad a Pasajes, después de la atrevida y temeraria hazaña acometida por nuestros modestos cuan heroicos marineros».
En la bahía quedó el Maria Milagros cón la tripulación a bordo. El tiempo seguía empeorando, las olas barrían La Concha y los muelles; el vapor pedía auxilio siendo imposible socorrerle. Chimeneas y tejas volando por los áires. Sobre las 4 de la tarde el tiempo se calmó algo, comenzando a diluviar. En la madrugada del lunes los faros y truenos alarmaron a la gente, registrándose a las 6 un trueno que causó verdadero terror y que hizo temblar las casas de la Parte Vieja. Los relojes eléctricos se pararon. Un rayo cayó en el Castillo.Luego se calmó álgo el mar y el María Milagros pudo zarpar a Pasajes.
De aquellas jornadas conservaron memoria durante años los donostiarras, .
(D.V. - KOXKAS - 22 de DICIEMBRE de 1994 - R.M.)
El sábado a la mañana arribó con un mar enfurecido la corbeta Concepción de Bílbao, viéndose en tan grave peligro que salio el salvavidas Guipúzcoa escoltando a un atoage a amarrar la embarcación y llevar la tripulación a tierra, pues el naufragio se consideraba inminente. La corbeta fue garreando sobre anclas hasta llegar a situarse frente al peñón del Antiguo, a pesar de lo fuertemente amarrada que había quedado.Pasaban las horas y la Concepción seguía garreando de tal modo que todos creían que iria a naufragar hacia el murallon denominado El Fraile.
El muelle y el paseo de La Concha se llenaron de curiosos, pese a la lluvia.Como el huracán iba adquiriendo cada vez mayor fuerza, zarparon de la bahía, contra viento y marea para Pasajes una docena de vapores de pesca. «Nunca se divisará otro espectáculo más grandioso y terrible a la vez, que aquel que presenciamos desde el Castillo de la Mota algunos pocos curiosos" escribió Diario de San Sebastián, «La lucha de los vapores contra el desencadenado mar fue sublime y terrible, sobre todo a la salida del canal de Santa Clara y frente a la barra del Urumea. Los vapores desaparecían por momentos, como sepultados bajo inmensos montes de agua, y al volver sobre la cima, pegaban tales botes que se asemejaban a pelotas de goma, Por fin, llegaron todo con felicidad a Pasajes, después de la atrevida y temeraria hazaña acometida por nuestros modestos cuan heroicos marineros».
En la bahía quedó el Maria Milagros cón la tripulación a bordo. El tiempo seguía empeorando, las olas barrían La Concha y los muelles; el vapor pedía auxilio siendo imposible socorrerle. Chimeneas y tejas volando por los áires. Sobre las 4 de la tarde el tiempo se calmó algo, comenzando a diluviar. En la madrugada del lunes los faros y truenos alarmaron a la gente, registrándose a las 6 un trueno que causó verdadero terror y que hizo temblar las casas de la Parte Vieja. Los relojes eléctricos se pararon. Un rayo cayó en el Castillo.Luego se calmó álgo el mar y el María Milagros pudo zarpar a Pasajes.
De aquellas jornadas conservaron memoria durante años los donostiarras, .
(D.V. - KOXKAS - 22 de DICIEMBRE de 1994 - R.M.)
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KOXKAS DONOSTIARRAS : EL TEMPORAL
LOS
veraneantes que venían a San Sebastián el
siglo pasado buscaban la brisa del Cantábrico, el
sol suave que no achicharraba como el de la paramera castellana
en los meses del estío, los baños en La Concha
y junto a esto, fiestas, toros, verbenas, regatas, el Casino,
etcétera. Lo que no querían era lluvia, sobre
todo la lluvia persistente que caia cuando había
temporal. Cuando esto sucedía, se ponían de
malhumor y los periodistas enviados por los periódicos
de Madrid para contar lo que sucedía en la Corte
veraniega de España, protestaban. A uno de ellos,
Enrique Sepúlveda, le cogio un gran temporal de agua
y viento en el verano de 1897, y todo su mal humor y su
disgusto lo reflejó en una crónica, escrita
no con tinta sino con hiel.
«Como quien riega con manga de ancha boca -escribía - así descargan las nubes donostiarras chubasco tras chubasco, encharcándolo todo y levantando del mar y de la tierra un espeso vapor de agua, una niebla espesa y pegajosa, que en detenninados momentos obscurece la claridad de la mañana, hasta el tono opaco del crepúsculo vespertino, y que al anochecer hace casi invisible las llamas amarillentas y temblonas del gas del alumbrado público.
¡Qué aburrimiento y qué humedad! ¡Qué humedad sobre todo! ¿Recordáis nada parecido? Mojadas las ropas de la cama, las servilletas y los manteles de la mesa; caladas las cestas (coches de caballos que precedieron a los taxis), a pesar de su toldo y cortinas impermeables; convertido en lago el Boulevard, enfangada la Zurriola, flotantes las sillas y las mesas exteriores de los cafés, soplando recio el viento, salpicando las olas a los contados curiosos que se acercan a los murallones para ver subir la marea, respirando y pisando agua en todas partes y a todas horas».
Todos los veraneantes se aburrían agotando el repertorio de los bostezos, nadie estaba en la playa, nadie se bañaba; no había música en el Boulevard, ni paseo en La Concha, ni gente en ninguna parte. Los que tenían casa propia, menos mal, pero los hacinados en casas de huéspedes adquirían los días de temporales y diluvios carácter de víctimas, «pues da compasión pensar lo insoportable que se les hará el tiempo sepultados y tabicados en el raquítico habitáculo que les sirve de alcoba,de cuarto y de tocador.
Al cabo de 48 horas, ya no llueve, diluvia. El aire convierte a la lluvia en un inmenso látigo de incontables puntas. El mar suena con fuerza y las olas se rompen con estallido de bólido. El cielo está negro; las brumas, impenetrables. ¡Que delicia!».
(D.V. - KOXKAS - R.M.)
«Como quien riega con manga de ancha boca -escribía - así descargan las nubes donostiarras chubasco tras chubasco, encharcándolo todo y levantando del mar y de la tierra un espeso vapor de agua, una niebla espesa y pegajosa, que en detenninados momentos obscurece la claridad de la mañana, hasta el tono opaco del crepúsculo vespertino, y que al anochecer hace casi invisible las llamas amarillentas y temblonas del gas del alumbrado público.
¡Qué aburrimiento y qué humedad! ¡Qué humedad sobre todo! ¿Recordáis nada parecido? Mojadas las ropas de la cama, las servilletas y los manteles de la mesa; caladas las cestas (coches de caballos que precedieron a los taxis), a pesar de su toldo y cortinas impermeables; convertido en lago el Boulevard, enfangada la Zurriola, flotantes las sillas y las mesas exteriores de los cafés, soplando recio el viento, salpicando las olas a los contados curiosos que se acercan a los murallones para ver subir la marea, respirando y pisando agua en todas partes y a todas horas».
Todos los veraneantes se aburrían agotando el repertorio de los bostezos, nadie estaba en la playa, nadie se bañaba; no había música en el Boulevard, ni paseo en La Concha, ni gente en ninguna parte. Los que tenían casa propia, menos mal, pero los hacinados en casas de huéspedes adquirían los días de temporales y diluvios carácter de víctimas, «pues da compasión pensar lo insoportable que se les hará el tiempo sepultados y tabicados en el raquítico habitáculo que les sirve de alcoba,de cuarto y de tocador.
Al cabo de 48 horas, ya no llueve, diluvia. El aire convierte a la lluvia en un inmenso látigo de incontables puntas. El mar suena con fuerza y las olas se rompen con estallido de bólido. El cielo está negro; las brumas, impenetrables. ¡Que delicia!».
(D.V. - KOXKAS - R.M.)
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lunes, 14 de enero de 2019
KOXKAS DONOSTIARRAS : "MARI"
El 9 de Enero de 1866 moría Mari, el bravo mariñel que tantas veces había acudido a salvar a quienes en la mar pasaban momentos difíciles porque el tmporal amenazaba con hundir su embarción. Hasta que le llegó su hora, y en la mar que había sido testigo de sus acciones de salvamento, moría entre las olas. Antonio Peña y Goñi glosó así su gesta:
"Hincadas en tierra las rodillas, puestas las manos en el pretil del muelle nuevo, y asomando no más que los ojos, a causa del empuje del noroeste, seguimos aterrados las sacudidas de la lancha que avanza lentamente, sorteando los encrespados mares, cuando vemos de pronto formerse una ola monstruosa.
La montaña de agua levanta su lomo enorme, rizado por el vendaval, crece, sube como un animal fantástico, va adelgazándose poco a poco hasta que su cima adquiere la reluciente finura de una daga; y despidiendo ese vapor acuoso que precede siempre al estallido, rompe a los pies de la embarcación.
Es un zozobrar horrible: la trainera embestida por el branque y volando por los aires, como lanzada por el coletazo de una ballena. Un grito de horror se mezcla a los rugidos del cielo, levántanse las manos estallan los pechos, la gente corre despavorida.
Un segundo después, unas cuantas bolas negras flotan, subiendo y bajando al impulso de los mares, como cabezas de alfiler.
-¡Una onza de oro para cada hombre que vaya a salvar a los valientes!- grita un aristócrata que ha presenciado la catástrofe.
-Aquí no llevamos nada por eso -contesta textualmente una voz.
Y vese salir otra trainera que manda Holandés, recoge a los náufragos de la lancha de Mari y vuelve con ellos a tierra, en medio del entusiasmo general. Todos están allí a bordo del atoaje, todos ¡ay! menos el héroe.
Ha desaparecido instantáneamente, se lo ha tragado la tumba inmensa, como si acechara una víctima digna de su insaciable apetito. No le han visto los compañeros, no se han dado cuenta de la desaparición de Mari, en aquella tragedia inaudita que ha arrastrado al gigante y lo ha sepultado para siempre en los abismos del mar.
Y mientras aquel Humilde tan Grande se hunde en el océano que guardará eternamente su presa (.....) las rompientes de Santa Clara ponen digno fin y remate al drama, llevando al fondo pedregoso de la isla cuatro nuevas víctimas de aquel día de horror".
Hoy se recuerda esa fecha en la hornacha dedicada a Mari en el muelle donostiarra.
miércoles, 2 de enero de 2019
KOXKAS DONOSTIARRAS: "La Voz de Guipúzcoa"
La vida del periódico "La Voz de Guipúzcoa" va desde el primero de enero de 1885 al 19 de julio de 1936 y durante ese medio siglo fue un constante defensor de los intereses de San Sebastián y la provincia a la vez que de los ideales republicanos. En su cabecera podía leerse estas palabras : "Diario Republicano", y en ese mismo lugar se decía que se publicaba todos los días, incluso los festivos, dando a la vez cuenta de los precios de suscripción que eran de 4,50 pesetas los tres meses, 9 Ptas, el medio año y 17 Ptas. el año, vendiéndose el número suelto a 5 céntimos. Los anuncios y reclamos se cobraban a 25 céntimos la línea.
La dirección, redacción y administración estaba, paradoja para un diario republicano, en la calle del Príncipe, letra D, principal. Su primer director fue don Víctor Acha, que una vez lanzado el periódico cesó el 22 de abril, sucediéndole don Eduardo de la Peña. Los propietarios del periódico eran los hermanos Joaquín y Benito Jamar, Ramón Usabiaga y Manuel Oa.
El primer número, que se publicó el primero de enero hace ahora un siglo,constaba de cuatro páginas tamaño tabloide y en su editorial de presentación daba cuenta de cuál sería su ideario político: "Los que apartan la vista de las cuestiones personales, los que buscan en la Prensa buena fe e imparcialidad, esos pueden leer "La Voz de Guipúzcoa". Los que alardean quizá de hombres de orden, gozan en los alfilerazos que se dan al prójimo, y van husmeando la crónica picante, esos no encontrarán en nuestros escritos nada que sea de su gusto. Será una lástima, pero no servimos para ese oficio". Y más adelante decía: "La Voz de Guipúzcoa" es un periódico político que viene a defender las ideas republicanas- El que sea republicano, está con nosotros; al que no lo sea aún, procuraremos atraer a nuestro campo (...) Sabemos que somos la minoría, pero eso importa poco a quien no busca triunfos efímeros ni representación de mayorías, y no ambiciona otra cosa que defender la razón y la verdad. Ahí está, enfrente de nosotros, en esa mayoría, el carlismo, al que haremos ruda oposición; ahí está también el Partido Liberal de la Provincia, para el que guardamos todas nuestras simpatías (...) Manteniendo la integridad de nuestros principios republicanos, estaremos siempre, en este baluarte del carlismo, al lado de los liberales, mientras sepan o quieran ser liberales.
La preocupación del nuevo periódico era el carlismo, que hace un siglo era fuerte en Guipúzcoa. Y aparte del editorial en el que anunciaba que le haría ruda oposición, en este primer número arremetía contra un periódico carlista que se publicaba en Bilbao, "El Vasco", al que le dedicaba rebuscados epítetos.
Este primer número insertaba muy pocas noticias y comenzaba a publicar en forma de folletón la novela "El médico de aldea". Daba cuenta de la actuación en el Teatro Principal de una compañía de ópera de la que formaban parte las cantantes Baillou y Casayús, y los señores Farvaro, Carrión, Medini y Carapia, que habían puesto en escena "Barbero de Sevilla", a tres reales la entrada de general. Los anuncios eral la Papelería Jornet de Alameda, 15, la tienda del grabador C. Lamsfus de Alameda, 8 y la librería de Luis Rubinat, "centro general de suscripciones".
(KOXKAS. R.M. EL DIARIO VASCO. 2 de Enero de 1985.)
La dirección, redacción y administración estaba, paradoja para un diario republicano, en la calle del Príncipe, letra D, principal. Su primer director fue don Víctor Acha, que una vez lanzado el periódico cesó el 22 de abril, sucediéndole don Eduardo de la Peña. Los propietarios del periódico eran los hermanos Joaquín y Benito Jamar, Ramón Usabiaga y Manuel Oa.
El primer número, que se publicó el primero de enero hace ahora un siglo,constaba de cuatro páginas tamaño tabloide y en su editorial de presentación daba cuenta de cuál sería su ideario político: "Los que apartan la vista de las cuestiones personales, los que buscan en la Prensa buena fe e imparcialidad, esos pueden leer "La Voz de Guipúzcoa". Los que alardean quizá de hombres de orden, gozan en los alfilerazos que se dan al prójimo, y van husmeando la crónica picante, esos no encontrarán en nuestros escritos nada que sea de su gusto. Será una lástima, pero no servimos para ese oficio". Y más adelante decía: "La Voz de Guipúzcoa" es un periódico político que viene a defender las ideas republicanas- El que sea republicano, está con nosotros; al que no lo sea aún, procuraremos atraer a nuestro campo (...) Sabemos que somos la minoría, pero eso importa poco a quien no busca triunfos efímeros ni representación de mayorías, y no ambiciona otra cosa que defender la razón y la verdad. Ahí está, enfrente de nosotros, en esa mayoría, el carlismo, al que haremos ruda oposición; ahí está también el Partido Liberal de la Provincia, para el que guardamos todas nuestras simpatías (...) Manteniendo la integridad de nuestros principios republicanos, estaremos siempre, en este baluarte del carlismo, al lado de los liberales, mientras sepan o quieran ser liberales.
La preocupación del nuevo periódico era el carlismo, que hace un siglo era fuerte en Guipúzcoa. Y aparte del editorial en el que anunciaba que le haría ruda oposición, en este primer número arremetía contra un periódico carlista que se publicaba en Bilbao, "El Vasco", al que le dedicaba rebuscados epítetos.
Este primer número insertaba muy pocas noticias y comenzaba a publicar en forma de folletón la novela "El médico de aldea". Daba cuenta de la actuación en el Teatro Principal de una compañía de ópera de la que formaban parte las cantantes Baillou y Casayús, y los señores Farvaro, Carrión, Medini y Carapia, que habían puesto en escena "Barbero de Sevilla", a tres reales la entrada de general. Los anuncios eral la Papelería Jornet de Alameda, 15, la tienda del grabador C. Lamsfus de Alameda, 8 y la librería de Luis Rubinat, "centro general de suscripciones".
(KOXKAS. R.M. EL DIARIO VASCO. 2 de Enero de 1985.)
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jueves, 1 de noviembre de 2018
KOXKAS DONOSTIARRAS : "Las Sepulturas"
Hoy escasean las sepulturas en el cementerio de San Sebastián y se venden y se compran a unos precios altísimos. Al inaugurarse el nuevo cementerio de Polloe el 12 de agosto de 1878, se clausuró el de San Bartolomé, procediéndose al traslado de los restos de esta necrópolis a la nueva. La ciudad tenía alrededor de 20.000 habitantes pero ha crecido, hoy ronda los 175.000 habitantes, y el cementerio, pese a las posteriores ampliaciones, resulta insuficiente. De ahí que se especule con los panteones.
Pero esto no es nuevo en la ciudad, pues hace ya casi cuatro siglos acaecía algo análogo. Prueba de ello es el Mandato del Obispo de Pamplona, don Antonio Zapata, que tras visitar San Sebastián, que por entonces pertenecía a este obispado, escribía en 1600 que "hallaba muchos de los parrochianos de las iglesias de Santa María y San Vicente tienen a diez, doce y veinte sepulturas y que otros no tienen ninguna, de lo cual resulta que son forzados y compelidos a llebar sus defunctos a otras partes y derechamente es esto contra el capitulo quarto de las Constituciones Synodales desde obispado en el título de sepulturas en que se prohibe la dicha pluralidad de sepulturas, sólo permite que puedan tener tres sepulturas para su casa y familia; la qual Constitución es del theno siguiente:
"Por experiencia nos consta que en algunas Yglesias de nuestro obispado donde ay mucha tenuidad, algunas personas poderosas con títulos y licencias que dixen tienen nuestras obtenidas subrepticiamente, diziendo que no tienen sepulturas para si, vienen a ocupar y tener diez, veynte y más sepulturas, y otros parrochianos no hallan desocupado donde se poder enterrar, se van a monasterio, hermictas y otras partes, donde assi las Yglesias como los beneficiados, pierden y se desaparrochian muchos dellos y, lo que peor es, que somos informados que las personas que assí ocupan las dichas sepulturas las venden a otros en tiempo de necesidad como si fuesen cosas profanas, ussando para ello de cautela y modos illicitos en offensa de nuestro Señor y peligro de sus ánimas y consciencias. Queriendo obviar lo sussodicho S.S. I. estatuimos y ordenamos que de aquí adelante ninguna persona de nuestro obispado de qualquier calidad y condición que sea pueda ocupar ni tener más de tres sepulturas para sí y su familia y casa; y los que al presente más de las tres tubieren, dentro de sesenta días las dexen libres y desembarazadas a las dichas Yglesias, y los fabriqueros y mayordomos dentro del dicho templo les vuelvan las limosnas y maravedis que por ellas dieron; lo cual queremos que se entienda, aunque digan que las heredaron , so pena de excomunión; porque Nos desde agora para entonces y viceversa, revocamos y damos porningunos los títulos o licencias que de Nos o nuestros predecesores tengan más de las tres dichas sepulturas que ellos escogieron".
Esta Constitución parece que no se cumplía por lo que el obispo advertía " que muchos de los parroquianos, por supuesto themor y enlasando sus almas con las penas y censuras puestas por derecho, cometen crimen y sacrilegio y simonía vendiendo las dichas sepulturas públicamente por dinero o por cosa que lo valga y haciendo donaciones que aunque suenan serlo libres son con pacto tácito de dinero que se da por ellas, y assí los que tales ventas, compras y donaciones han hecho y hazen, están en mal estado por las penas puestas en un mandato del obispo don Pedro Pacheco". Pero el tema de las sepulturas dio más juego.
KOXKAS.-R.M.- 01/11/1986
Pero esto no es nuevo en la ciudad, pues hace ya casi cuatro siglos acaecía algo análogo. Prueba de ello es el Mandato del Obispo de Pamplona, don Antonio Zapata, que tras visitar San Sebastián, que por entonces pertenecía a este obispado, escribía en 1600 que "hallaba muchos de los parrochianos de las iglesias de Santa María y San Vicente tienen a diez, doce y veinte sepulturas y que otros no tienen ninguna, de lo cual resulta que son forzados y compelidos a llebar sus defunctos a otras partes y derechamente es esto contra el capitulo quarto de las Constituciones Synodales desde obispado en el título de sepulturas en que se prohibe la dicha pluralidad de sepulturas, sólo permite que puedan tener tres sepulturas para su casa y familia; la qual Constitución es del theno siguiente:
"Por experiencia nos consta que en algunas Yglesias de nuestro obispado donde ay mucha tenuidad, algunas personas poderosas con títulos y licencias que dixen tienen nuestras obtenidas subrepticiamente, diziendo que no tienen sepulturas para si, vienen a ocupar y tener diez, veynte y más sepulturas, y otros parrochianos no hallan desocupado donde se poder enterrar, se van a monasterio, hermictas y otras partes, donde assi las Yglesias como los beneficiados, pierden y se desaparrochian muchos dellos y, lo que peor es, que somos informados que las personas que assí ocupan las dichas sepulturas las venden a otros en tiempo de necesidad como si fuesen cosas profanas, ussando para ello de cautela y modos illicitos en offensa de nuestro Señor y peligro de sus ánimas y consciencias. Queriendo obviar lo sussodicho S.S. I. estatuimos y ordenamos que de aquí adelante ninguna persona de nuestro obispado de qualquier calidad y condición que sea pueda ocupar ni tener más de tres sepulturas para sí y su familia y casa; y los que al presente más de las tres tubieren, dentro de sesenta días las dexen libres y desembarazadas a las dichas Yglesias, y los fabriqueros y mayordomos dentro del dicho templo les vuelvan las limosnas y maravedis que por ellas dieron; lo cual queremos que se entienda, aunque digan que las heredaron , so pena de excomunión; porque Nos desde agora para entonces y viceversa, revocamos y damos porningunos los títulos o licencias que de Nos o nuestros predecesores tengan más de las tres dichas sepulturas que ellos escogieron".
Esta Constitución parece que no se cumplía por lo que el obispo advertía " que muchos de los parroquianos, por supuesto themor y enlasando sus almas con las penas y censuras puestas por derecho, cometen crimen y sacrilegio y simonía vendiendo las dichas sepulturas públicamente por dinero o por cosa que lo valga y haciendo donaciones que aunque suenan serlo libres son con pacto tácito de dinero que se da por ellas, y assí los que tales ventas, compras y donaciones han hecho y hazen, están en mal estado por las penas puestas en un mandato del obispo don Pedro Pacheco". Pero el tema de las sepulturas dio más juego.
KOXKAS.-R.M.- 01/11/1986
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KOXKAS DONOSTIARRAS : "Cementerios donostiarras"
No hay muchos datos sobre los cementerios que había en San Sebastián en la Edad Media y en los comienzos de la moderna. Los enterramientos se hacían en las iglesias, donde cada familia tenía una sepultura.
Se sabe que a finales del siglo XVIII, durante la guerra en la que intervino el Duque de Berwick, se enterraba a los muertos en los arenales de Ulía, en el hoy barrio de Gros. La arena arrastrada por el mar llegó a alcanzar la altura del muro del sagrado recinto, por lo que se suspendieron los enterramientos allí.
En 1815 comenzaron a enterrarse los cadáveres en la llamada Huerta de San Francisco, en Atocha. Dos años antes se abrió un cementerio en el barrio de San Martín, según el proyecto del arquitecto Ugartemendia. La superficie era la de un polígono regular cortado por un diámetro. Estaba cerrado por muros de mampostería con espacios abiertos con enverjados de zócalo. En los extremos del diámetro había dos construcciones, una dedicada a capilla y depósito y la otra a casa del sepulturero. En el centro se elevaba un obelisco que simbolizaba lo temporal de la vida humana.
En 1820 fue ampliado. Este cementerio se hallaba donde hoy está la Audiencia y zona próxima. Fue clausurado en 1835, abriéndose en esas fechas otro en la colina de San Bartolomé.
La población crecía y aquel camposanto resultaba insuficiente para las necesidades de la ciudad. El Ayuntamiento encargó al arquitecto Goicoa que hiciera un estudio sobre un nuevo cementerio y realizara un proyecto.
Se eligió el lugar llamado Polloe, y el nuevo cementerio se inauguró el 12 de agosto de 1878. En el centro había un obelisco de piedra arenisca con las fechas de la inauguración del camposanto y la de los traslados de los restos de los cementerios de San Martín, 30 de Abril de 1879, y de San Bartolomé, 18 de junio de 1887.
A un lado del cementerio, en un repliegue del terreno, había una construcción de ladrillo rojo. Cuando al cabo de diez años el cadáver enterrado en fosa común perdía el derecho a descansar bajo tierra, los huesos pasaban al osario y cuanto fue de su pertenencia, desde las astillas del ataúd hasta los zapatos, eran llevados a un horno que allí había, donde eran destruídos por el fuego.
El primitivo cementerio de Polloe ha sido ampliado en varias ocasiones, pues resultaba pequeño, y aun hoy sigue pidiendo más terreno para abrir más tumbas.
KOXKAS .- R.M. - 01/11/1996.
Se sabe que a finales del siglo XVIII, durante la guerra en la que intervino el Duque de Berwick, se enterraba a los muertos en los arenales de Ulía, en el hoy barrio de Gros. La arena arrastrada por el mar llegó a alcanzar la altura del muro del sagrado recinto, por lo que se suspendieron los enterramientos allí.
En 1815 comenzaron a enterrarse los cadáveres en la llamada Huerta de San Francisco, en Atocha. Dos años antes se abrió un cementerio en el barrio de San Martín, según el proyecto del arquitecto Ugartemendia. La superficie era la de un polígono regular cortado por un diámetro. Estaba cerrado por muros de mampostería con espacios abiertos con enverjados de zócalo. En los extremos del diámetro había dos construcciones, una dedicada a capilla y depósito y la otra a casa del sepulturero. En el centro se elevaba un obelisco que simbolizaba lo temporal de la vida humana.
En 1820 fue ampliado. Este cementerio se hallaba donde hoy está la Audiencia y zona próxima. Fue clausurado en 1835, abriéndose en esas fechas otro en la colina de San Bartolomé.
La población crecía y aquel camposanto resultaba insuficiente para las necesidades de la ciudad. El Ayuntamiento encargó al arquitecto Goicoa que hiciera un estudio sobre un nuevo cementerio y realizara un proyecto.
Se eligió el lugar llamado Polloe, y el nuevo cementerio se inauguró el 12 de agosto de 1878. En el centro había un obelisco de piedra arenisca con las fechas de la inauguración del camposanto y la de los traslados de los restos de los cementerios de San Martín, 30 de Abril de 1879, y de San Bartolomé, 18 de junio de 1887.
A un lado del cementerio, en un repliegue del terreno, había una construcción de ladrillo rojo. Cuando al cabo de diez años el cadáver enterrado en fosa común perdía el derecho a descansar bajo tierra, los huesos pasaban al osario y cuanto fue de su pertenencia, desde las astillas del ataúd hasta los zapatos, eran llevados a un horno que allí había, donde eran destruídos por el fuego.
El primitivo cementerio de Polloe ha sido ampliado en varias ocasiones, pues resultaba pequeño, y aun hoy sigue pidiendo más terreno para abrir más tumbas.
KOXKAS .- R.M. - 01/11/1996.
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miércoles, 10 de octubre de 2018
KOXKAS DONOSTIARRAS: "Campaña moralizadora de los taberneros"
Ahora se lamentan muchos padres, educadores, religiosos, etcétera, que los chicos, siendo muy jóvenes , de 15 o 16 años, abusan del alcohol. Van a tabernas y bares, a centros de diversión en los que se acostumbran a beber. Esto sucede ahora, pero sucedía también ayer, en un ayer un tanto lejano. Veamos lo que sucedía en 1907.Era presidente de la sociedad del gremio de taberneros de San Sebastián el señor Berástegui y tuvo una feliz idea que sometió a la aprobación de sus compañeros. Les dirigió un escrito inspirado en nobles fines, escrito en el que , después de una entrada, decía así :"Me refiero a esos jovenzuelos de 15 a 18 años que acostumbran a frecuentar los establecimientos de bebidas, con un afán por lo visto de emprender desde muchachos la senda del vicio y adquirir el hábito de la embriaguez, tan perjudicial para la sociedad si que también para el propio individuo.Estos jovencitos llegan a los establecimientos de bebidas, piden un cuartillo como las personas mayores, reclaman una baraja y juegan y blasfeman de una manera tan escandalosa como digna de correctivo. Los que somos padres sabemos cual es el sistema más apropiado para nuestros hijos: la escuela o el taller, nunca la taberna.Y como taberneros tenemos la obligación de dignificar el gremio, censurado por algunos que no ven con buenos ojos que en nuestros establecimientos demos albergue a la juventud, porque bebiendo, jugando y blasfemando se pervierte, como padres tenemos igualmente el deber de impedir por todos los medios posibles que la juventud adquiera desde su más tierna edad unos hábitos que tarde o nunca desaparecen y pueden ser tal vez su perdición.Por las razones expuestas y por otras que dejo a la consideración de ustedes, entiendo que se impone una acción común y que todos los que componemos el gremio de taberneros debemos llevar a la práctica para no expender en nuestros establecimientos ninguna clase de licores ni vinos a jóvenes menores de 18 años y menos facilitarles barajas ni otros instrumentos de juego".La idea del presidente del gremio de taberneros fue acogida por sus compañeros en la profesión con calor y el periódico comentaba: "Repetimos el aplauso que concedemos con gusto al gremio de taberneros, si, como esperamos, secunda la noble idea de su presidente".Parece que el gremio de taberneros siguió las ideas expuestas por su presidente, pero con el paso de los días se volvió poco a poco a lo denunciado.
DV- R.M.- 05/07/2000
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martes, 9 de octubre de 2018
KOXKAS DONOSTIARRAS: "Los toldos de los cafés"
LA moda -si se la puede llamar moda- de los cafés ha pasado. Ya no quedan casi en la ciudad.
Y uno al observar la escasez de estos lugares, antes tan típicos en las ciudades, se pregunta :"¿ dónde se reúnen las tertulias?¿O es que ya no hay tertulias? Porque las barras de los bares no son sitio apto y adecuado para aquellas tertulias, que los más viejos hemos conocido y a las que hemos acudido en muchas ocasiones. ¡Tertulias del Rhin, de la Marina, del Guría, del Oriental!¿Cómo no recordarlas con nostalgia, como algo entrañable que ya hemos perdido?".
Pues bien, estos y otros cafés al llegar la época de los calores ampliaban su espacio extendiéndose por el paseo o por la calle que era frontera de sus dominios.
Colocaban los toldos, "esas sombrillas que han de cobijar, en las siestas ardorosas de la canícula, escrbía un cronista en 1897, a tanto forastero distinguido, a tanta gentona de Madrid, de Salamanca, de Grijota, confundida en una sola selección, por esa mezcla de distinciones cortesanas y distinciones de provincia que se hacen todos los estíos en las estaciones veraniegas".
Los toldos de los cafés eran la sordina del sol que atenuaban sus ímpetus abrasadores, eran la frescura, la sombra incomparable en los rigores del verano.
Debajo de esos lienzos, y copio al cronista citado, "¡qué animación y qué bullicio!¡Qué hervor de gentes, qué ratos de placer indefinible a las horas del paseo, cuando la música suena en el kiosko de la Alameda, y desfilan a su compás, por el asfalto del Boulevard, cientos y cientos de bellezas, las mujeres, hermosas, las mujeres elegantes, el encanto de los salones de Madrid y de las tertulias aristocráticas de provincias!".
Cuando el sol caía de plano sobre la ciudad, los toldos impedían que se filtraran sus rayos, y en las mesas que invadían las aceras y paseos, se podía beber la gaseosa fría, la cerveza espumosa o deleitarse con la manteca helada.
Allí estaban y se reunían, sigo copiando al ya citado cronista de la época, "las caras bonitas coronadas con los sombrerillos de paja y flores; los cuerpos airosos vestidos con las holgadas blusas de fina seda, los inquietos abanicos, que acarician y perfuman el aire, llenando de vida y de color la esquina aquella, convertida durante muchas horas del verano en el centro de la riqueza, del talento, de la elegancia y del "sprit" de España".
Leyendo lo que aquel cronista escribió hace un siglo, pienso que la poesía envuelve el recuerdo y la añoranza.
KOXKAS - R.M. - DV. 07/06/1998
Y uno al observar la escasez de estos lugares, antes tan típicos en las ciudades, se pregunta :"¿ dónde se reúnen las tertulias?¿O es que ya no hay tertulias? Porque las barras de los bares no son sitio apto y adecuado para aquellas tertulias, que los más viejos hemos conocido y a las que hemos acudido en muchas ocasiones. ¡Tertulias del Rhin, de la Marina, del Guría, del Oriental!¿Cómo no recordarlas con nostalgia, como algo entrañable que ya hemos perdido?".
Pues bien, estos y otros cafés al llegar la época de los calores ampliaban su espacio extendiéndose por el paseo o por la calle que era frontera de sus dominios.
Colocaban los toldos, "esas sombrillas que han de cobijar, en las siestas ardorosas de la canícula, escrbía un cronista en 1897, a tanto forastero distinguido, a tanta gentona de Madrid, de Salamanca, de Grijota, confundida en una sola selección, por esa mezcla de distinciones cortesanas y distinciones de provincia que se hacen todos los estíos en las estaciones veraniegas".
Los toldos de los cafés eran la sordina del sol que atenuaban sus ímpetus abrasadores, eran la frescura, la sombra incomparable en los rigores del verano.
Debajo de esos lienzos, y copio al cronista citado, "¡qué animación y qué bullicio!¡Qué hervor de gentes, qué ratos de placer indefinible a las horas del paseo, cuando la música suena en el kiosko de la Alameda, y desfilan a su compás, por el asfalto del Boulevard, cientos y cientos de bellezas, las mujeres, hermosas, las mujeres elegantes, el encanto de los salones de Madrid y de las tertulias aristocráticas de provincias!".
Cuando el sol caía de plano sobre la ciudad, los toldos impedían que se filtraran sus rayos, y en las mesas que invadían las aceras y paseos, se podía beber la gaseosa fría, la cerveza espumosa o deleitarse con la manteca helada.
Allí estaban y se reunían, sigo copiando al ya citado cronista de la época, "las caras bonitas coronadas con los sombrerillos de paja y flores; los cuerpos airosos vestidos con las holgadas blusas de fina seda, los inquietos abanicos, que acarician y perfuman el aire, llenando de vida y de color la esquina aquella, convertida durante muchas horas del verano en el centro de la riqueza, del talento, de la elegancia y del "sprit" de España".
Leyendo lo que aquel cronista escribió hace un siglo, pienso que la poesía envuelve el recuerdo y la añoranza.
KOXKAS - R.M. - DV. 07/06/1998
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jueves, 5 de diciembre de 2013
UN PUEBLO JUNTO AL MAR
Un periodista burgalés vino a pasar unos días de descanso a Guipúzcoa y eligió un pueblo junto al mar. Esto era hacia 1890 y después escribió esta deliciosa crónica que reproduzco: "Aún viven en mi memoria los días tranquilos que residí allí, libre de preocupaciones y de luchas; y aún recuerdo con íntimo regocijo las deliciosas horas que pasaba el domingo frente al pórtico de la vetusta iglesia, donde se juntan los habitantes del pueblo, calzando los hombres bordadas alpargatas, sobre las cuales se apoya el ancho pantalón, ceñido al cuerpo por oscura blusa entreabierta, que descubre la blanca camisa; cubierta la cabeza por azul boina caída sobre la frente, y cuidadosamente afeitado el rostro, curtido por los vientos del mar.
Visten las mujeres airoso zagalejo, limitado por el tentador contorno de una pierna robusta, tirante corpiño que demarca las robusteces del seno, y rebocillo afelpado, tras cuyos mil pliegues se ocultan las abundosas trenzas.
Apenas escuchan el postrer acento de la campana, disuélvense los grupos, y por lados opuestos, según el sexo, y ocupando lugares también distintos, oyen la misa cantada que comienza a las diez y termina a las once y media largas, y muy largas, merced a los sermones que se predican.
Terminada la misa, bajan los hombres al puerto, dirigiéndose unos a la taberna donde apuran de un sorbo una copa de ginebra, y formando otros pequeños grupos discuten sobre faenas del mar, mientras los chiquillos se desperezan groseramente al sol o asaltan las barcas ideando mil travesuras.
Las doce campanadas del mediodía señala el desfile general. La comida espera. Es la única manifestación de la vida en que la puntualidad es española.
Después, todo el mundo a la plaza, donde unos juegan a la pelota, otros danzan al armonioso compás de un tamboril y de una flauta, y los demás charlan y ríen ocupados con múltiples entretenimientos. Así llega la noche: con ella las horas de reposo.
Y es de advertir que dichas fiestas no se ven turbadas por ninguna disputa, siendo como buenos marineros buenos bebedores los naturales de aquella población. Aún no dan las once y se restablece el silencio, que sólo interrumpen algunos perezosos al retirarse entonando el zortziko.
¡Lástima grande que la furia del Cantábrico lleve al pueblo días de lágrimas y luto!¡Lástima también que las pasiones lleguen en ciertos momentos a turbar aquella idílica calma! Dormía el mar y en sus palpitaciones enviaba besos de espuma a los acantilados que en días de temporal azotaba y asaltaba frenético.
R.M.
Visten las mujeres airoso zagalejo, limitado por el tentador contorno de una pierna robusta, tirante corpiño que demarca las robusteces del seno, y rebocillo afelpado, tras cuyos mil pliegues se ocultan las abundosas trenzas.
Apenas escuchan el postrer acento de la campana, disuélvense los grupos, y por lados opuestos, según el sexo, y ocupando lugares también distintos, oyen la misa cantada que comienza a las diez y termina a las once y media largas, y muy largas, merced a los sermones que se predican.
Terminada la misa, bajan los hombres al puerto, dirigiéndose unos a la taberna donde apuran de un sorbo una copa de ginebra, y formando otros pequeños grupos discuten sobre faenas del mar, mientras los chiquillos se desperezan groseramente al sol o asaltan las barcas ideando mil travesuras.
Las doce campanadas del mediodía señala el desfile general. La comida espera. Es la única manifestación de la vida en que la puntualidad es española.
Después, todo el mundo a la plaza, donde unos juegan a la pelota, otros danzan al armonioso compás de un tamboril y de una flauta, y los demás charlan y ríen ocupados con múltiples entretenimientos. Así llega la noche: con ella las horas de reposo.
Y es de advertir que dichas fiestas no se ven turbadas por ninguna disputa, siendo como buenos marineros buenos bebedores los naturales de aquella población. Aún no dan las once y se restablece el silencio, que sólo interrumpen algunos perezosos al retirarse entonando el zortziko.
¡Lástima grande que la furia del Cantábrico lleve al pueblo días de lágrimas y luto!¡Lástima también que las pasiones lleguen en ciertos momentos a turbar aquella idílica calma! Dormía el mar y en sus palpitaciones enviaba besos de espuma a los acantilados que en días de temporal azotaba y asaltaba frenético.
R.M.
domingo, 1 de diciembre de 2013
CURIOSIDADES
Fueron aquellos años -1925, 1926, 1927- de crisis económica que en San Sebastián se hacía sentir más en la vida comercial de la Parte Vieja.
Se había suprimido el juego en el Casino, que irradiaba sobre los comercios modestos de la Parte Vieja benéfica influencia, decían los comerciantes.
Después fue el cierre del Teatro Principal,"el viejo y glorioso edificio, donde han quedado enterradas las alegrías, los amores, las más sentidas emociones de varias generaciones de donostiarras".
Después fue el traslado del Regimiento de Sicilia de los Cuarteles de San Telmo a los nuevos de Loyola, "cuya convivencia con el vecindario de la Parte Vieja proporcionaba a ésta animación y vida".
Los koskeros se dirigían en abril de 1927 al Ayuntamiento, no para que se abriese de nuevo el Casino ni que el vetusto San Telmo albergara de nuevo a los soldados, sino para que se restaurara y que se pusiera en explotación el Teatro Principal, pues ello "aliviará la situación de la Parte Vieja de la ciudad, tan digna de apoyo, como constituirá una saneada fuente de ingresos, no solamente a las arcas municipales, sino a las de la Beneficencia".
Firmaban la solicitud medio centenar de koskeros, entre ellos Germán Cendoya, presidente de la Unión Artesana;Mauricio Echaniz, presidente de Euskal Billera; Luis Irastorza, presidente de Gaztelupe ....
El Principal fue restaurado y abierto .... unos años después.
El 21 de Abril de 1927 fueron desembalados los diez cuadros legados al Ayuntamiento donostiarra en su testamento por don Luis de Errazu y Rubio de Tejada.
Los cuadros fueron llevados al Museo Municipal y estaban valorados en medio millón de pesetas.
Eran los siguientes: Boceto al óleo "Muchacho desnudo acostado boca abajo en la playa de Portocí", de Mariano Fortuny, con un artístico marco de ébano; cuadro al óleo titulado "Estanque en una casa árabe", del mismo autor; otro óleo de Raimundo de Madrazo titulado "Figura de medio cuerpo con blusa blanca"; de Martín Rico era uno titulado "Vista del Sena en Croissy", y otro una vista del gran canal de Venecia; el séptimo era un "Retrato de Canga Argüelles", pintado por Vicente López; otro era un óleo de Villegas, "Mujer con falda amarilla"; el noveno era un Cristo atribuido a El Greco y el décimo un retrato al óleo debido al pincel de Eduard Dubupe, fechado en el año 1868, al pie del cual estaban las iniciales J.M.E., y aunque estas iniciales no coincidía con las del donante, Luis Errazu, se suponía era un retrato del testador .
DV-R:M:-19/4/1996
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CURIOSIDADES
El largo y aburrido otoño e invierno lo combatían en 1883 los donostiarras de diversas maneras. Una de ellas eran los bailes. Abundaban, sobre todo los sábados y domingos. El 2 de diciembre de 1883 hubo tres, todos ellos muy concurridos. Uno en la elegante Tertulia de Recreo con acompañamiento de canto.
Esta sociedad era la que más actividad desplegaba entonces. Otro baile, en la alegre Fratenal, popular sociedad que junto con la Artesana organizaba muchas fiestas. En este baile hubo acompañamiento coreográfico. Y el tercero en el Teatro Variedades, que se hallaba en la Calle Igentea, donde poco después se levantaría el Gobierno Militar. Según decía el peródico El Eco de San Sebastián, la orquestra que en este teatro actuó era afinada y en el baile hubo un surtido ambigú.
El citado periódico escribía al llegar diciembre que se trataba de "resucitar" aquel año la Misa del Gallo, el día de Nochebuena, costumbre que había desaparecido de San Sebastián a causa de los escándalos que se registraban. Y decía que "teniendo solamente abiertos los postillos de los atrios y ejerciendo rigurosa vigilancia los agentes de la autoridad a la vez que estando profusamente iluminado el interior, podría evitarse el más pequeño altercado".
Como se ve, los gamberros abundaban en aquellos tiempos, y el periódico constantemente denunciaba sus actuaciones. Uno de los lugares en los que se manifestaban era en las casas de Gorriya y en las de Ategorrieta, donde era constante la gritería y el espectáculo de taberna, en sus intermedios de cante flamenco, unas juergas que hacían imposible que las señoras y los niños pasearan por la bonita campiña. En las tardes de los domingos los "templos" de Baco ofrecían un aspecto indigno de San Sebastián.
En la calle Garibay, esquina a Peñaflorida, edificio hoy de la Caja de Ahorros, había en 1883 un gimnasio municipal que dirigía Marcelino Soroa, el escritor y poeta. Allí acudían muchachos que querían hacer realidad el mens sana in corpore sano de los antiguos. Los alumnos de este gimnasio adquirían un envidiable desarrollo a la vez que llegaban a hacer ejercicios propios de consumados artistas.
El caserío Artola, situado en lo alto que domina la vega del Antiguo, acababa de ser reconstruido aquel año. Durante la segunda guerra carlista, la colina estuvo ocupada por una batería que respondía al fuego de los cañones del célebre reducto legitimista de Ventasiquiñ. Del caserío sólo quedaron en pie las cuatro paredes y el tejado.
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CURIOSIDADES
El primer anuncio de la próxima llegada de las Navidades aparecía en los escaparates. Junto a otrsas golosinas, allí estaba en cajón o en barras el turrón, teniendo a su lado las olorosas aceitunas, las encendidas granadas, las peladillas bien envueltas en su capa de azúcar, los anises confitados, la garrapiñada, todo ese mundo de delicias.
Al turrón le siguen el ejército de botellas y capones, de fiembres y pavos, de frutas sabrosísimas, de manjares incontables. Si en los días de Navidad sabe mejor el turrón, ¡qué deseado es siempre!¡Qué dulce es gustar siempre un cachito del azucarado postre!.
La llegada del turrón era saludada en los periódicos de hace un siglo, que daban cuenta de que establecimiento había sido el primero en ponerlo en sus escaparates, como aviso urgente de que las Navidades estaban llegando.
El cine llegó a nuestra ciudad hace un siglo. Entonces se llamaba Cinebiógrafo y las sesiones que daban eran cortas pero variadísimas. Vea el lector el programa que anunciaba el Cinebiógrafo Lumiére para el domingo 8 de diciembre de 1901.
Primera sesión, a las 4 de la tarde : escenas cómicas. Magia moderna. Gabinete encantado. En la ratonera. El diablo en el convento. Regalo: rifa de una carabina Eureka.
Segunda sesión, a las 5 de la tarde: Escenas marítimas. Seis retratos una peseta. Los apuros de don Cleto. Pirámides humanas. La luna, a un metro. Regalo: rifa de un servicio de porcelana para su muñeca.
Tercera sesión, a las 6 de la tarde: Desfiles militares. Baile en el Olimpia. Entierro de la reina Victoria. Llegada de un tren. La Cenicienta. Regalo: rifa de un tren.
Cuarta sesión, a las 7 de la tarde : Escenas infantiles. Danza de fuego. La portera burlada. Episodios del Fausto. Corrida de toros. Regalo: rifa de una preciosa muñeca.
El cinebiógrafo de Bellas Artes, aquellos primeros días de diciembre de 1901, proyectaba Noel y anunciaba La caperuza roja, el popular cuento que todos los niños conocían, para los próximos días. Antes había proyectado la Cenicienta y Juana de Arco.
Por aquellos días, en un par de escenarios hacían sus galas y su modo de retorcerse siete u ocho chiquillas "de esas que van de bellas".
Con la cabeza coquetonamente cubierta por un sombrero, con la vistosa falta de colorines "previamente recogida como si estuviera pasando a pie un río, y el pañolón de Manila rodeado al cuerpo", comienza la suerte del tirabuzón, o sea, la del sacacorchos.
Aquellas chicas se retuercen, hacen cosas raras con los pies, con las manos, con todo el cuerpo, volviendo locos a los espectadores.
Al turrón le siguen el ejército de botellas y capones, de fiembres y pavos, de frutas sabrosísimas, de manjares incontables. Si en los días de Navidad sabe mejor el turrón, ¡qué deseado es siempre!¡Qué dulce es gustar siempre un cachito del azucarado postre!.
La llegada del turrón era saludada en los periódicos de hace un siglo, que daban cuenta de que establecimiento había sido el primero en ponerlo en sus escaparates, como aviso urgente de que las Navidades estaban llegando.
El cine llegó a nuestra ciudad hace un siglo. Entonces se llamaba Cinebiógrafo y las sesiones que daban eran cortas pero variadísimas. Vea el lector el programa que anunciaba el Cinebiógrafo Lumiére para el domingo 8 de diciembre de 1901.
Primera sesión, a las 4 de la tarde : escenas cómicas. Magia moderna. Gabinete encantado. En la ratonera. El diablo en el convento. Regalo: rifa de una carabina Eureka.
Segunda sesión, a las 5 de la tarde: Escenas marítimas. Seis retratos una peseta. Los apuros de don Cleto. Pirámides humanas. La luna, a un metro. Regalo: rifa de un servicio de porcelana para su muñeca.
Tercera sesión, a las 6 de la tarde: Desfiles militares. Baile en el Olimpia. Entierro de la reina Victoria. Llegada de un tren. La Cenicienta. Regalo: rifa de un tren.
Cuarta sesión, a las 7 de la tarde : Escenas infantiles. Danza de fuego. La portera burlada. Episodios del Fausto. Corrida de toros. Regalo: rifa de una preciosa muñeca.
El cinebiógrafo de Bellas Artes, aquellos primeros días de diciembre de 1901, proyectaba Noel y anunciaba La caperuza roja, el popular cuento que todos los niños conocían, para los próximos días. Antes había proyectado la Cenicienta y Juana de Arco.
Por aquellos días, en un par de escenarios hacían sus galas y su modo de retorcerse siete u ocho chiquillas "de esas que van de bellas".
Con la cabeza coquetonamente cubierta por un sombrero, con la vistosa falta de colorines "previamente recogida como si estuviera pasando a pie un río, y el pañolón de Manila rodeado al cuerpo", comienza la suerte del tirabuzón, o sea, la del sacacorchos.
Aquellas chicas se retuercen, hacen cosas raras con los pies, con las manos, con todo el cuerpo, volviendo locos a los espectadores.
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jueves, 21 de noviembre de 2013
NIEVA EN LA CIUDAD
Una nevada cubrió de blanco San Sebastián a principios de enero de 1894. Y no faltó la prosa política de Marcelino Soroa para describir el paisaje de la ciudad y sus alrededores envueltos en el blanco sudario de los copos de nieve.(LA UNION VASCONGADA,Jueves 4/01/1894, nº.843, portada)
Qué delicioso es ver nevar sin experimentar los rigores del frío! Observad el lento descenso de los copos que caprichosamente tienden, bien a reunirse aumentando por lo tanto de volumen, o bien parecen desdeñarse, aislándose frívolamente como si anduvieran a 'bules' hasta llegar a posarse de una manera incierta al punto menos determinado en su caída.
Después el esmalte del suelo tapizado por delicadísimas láminas que a la acción de la luz producen brillantes colores».¿Y los pajarillos, qué es de los pajarillos cuando la nevada cubre calles, casas, jardines y paseos?«Los ateridos pajarillos que apenas pueden tender su vuelo, llegan en pos de algún abrigo al amparo de las calles y plazas. Buen amparo les espera! Ya se encargarán los 'muquizus' de hacerlos ver que se hallan en España. Pues ya se sabe que en los jardines de París y otros puntos de Francia, los pajarillos se acercan a comer unas migas de pan de manos de los mismos chicos; porque allí no hay muquizus. Esta es una fruta genuinamente coskera. Así pues, por esta vertiente de los Pirineos, perseguidos y acosados los pobres pajarillos, con la red de emboscadas que les arman, sucumben al nutrido fuego de las bombas de campo. ¡Inocentes víctimas!».Todos gozaban de la nieve, al decir de Marcelino Soroa. «Desde el tierno 'muguizu' que recientemente se ha colgado sus greguescos hasta el octogenario que al amor de una bien encendida estufa contempla la caída de esa infinita variedad de copos, goza cada cual a su guisa.El placer del primero estriba en lanzarse a la calle, formar una pelotilla y mostrar regocijado en casa, gritando: ¡Ya tengo nieve, ya tengo nieve! El anciano, compara la temperatura exterior con la que él disfruta, entra en cabildeos acerca de nevadas que en sus mocedades duraron más o menos tiempo, aviva un poco el fuego, se arrellana en su sillón y concluye por exclamar: "aquí me las den todas!".Las bolas de nieve se dirigían a los paraguas que llevaban abiertos algunos transeúntes, los atacaban con brío produciendo estrepitosos ruidos que provocaban la hilaridad de otros individuos...Así disfrutaban aquellos chicos de hace un siglo cuando la nieve caía sobre la ciudad.
Después el esmalte del suelo tapizado por delicadísimas láminas que a la acción de la luz producen brillantes colores».¿Y los pajarillos, qué es de los pajarillos cuando la nevada cubre calles, casas, jardines y paseos?«Los ateridos pajarillos que apenas pueden tender su vuelo, llegan en pos de algún abrigo al amparo de las calles y plazas. Buen amparo les espera! Ya se encargarán los 'muquizus' de hacerlos ver que se hallan en España. Pues ya se sabe que en los jardines de París y otros puntos de Francia, los pajarillos se acercan a comer unas migas de pan de manos de los mismos chicos; porque allí no hay muquizus. Esta es una fruta genuinamente coskera. Así pues, por esta vertiente de los Pirineos, perseguidos y acosados los pobres pajarillos, con la red de emboscadas que les arman, sucumben al nutrido fuego de las bombas de campo. ¡Inocentes víctimas!».Todos gozaban de la nieve, al decir de Marcelino Soroa. «Desde el tierno 'muguizu' que recientemente se ha colgado sus greguescos hasta el octogenario que al amor de una bien encendida estufa contempla la caída de esa infinita variedad de copos, goza cada cual a su guisa.El placer del primero estriba en lanzarse a la calle, formar una pelotilla y mostrar regocijado en casa, gritando: ¡Ya tengo nieve, ya tengo nieve! El anciano, compara la temperatura exterior con la que él disfruta, entra en cabildeos acerca de nevadas que en sus mocedades duraron más o menos tiempo, aviva un poco el fuego, se arrellana en su sillón y concluye por exclamar: "aquí me las den todas!".Las bolas de nieve se dirigían a los paraguas que llevaban abiertos algunos transeúntes, los atacaban con brío produciendo estrepitosos ruidos que provocaban la hilaridad de otros individuos...Así disfrutaban aquellos chicos de hace un siglo cuando la nieve caía sobre la ciudad.
KOXKAS - R.M.
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miércoles, 20 de noviembre de 2013
KOXKAS DONOSTIARRAS: "Unión de Pasajes y San Sebastián"
AHORA nadie pide que Pasajes, cuyo crecimiento en los últimos años ha sido realmente espectacular, forme parte del Ayuntamiento de San Sebastián, como lo fue antaño. En el libro que responde al título de Cosas memorables de Guipúzcoa, Gorosabel dice lo siguiente : "Que San Sebastián debe su repoblación y aumento a don Sancho el Sabio, rey de Navarra, quien para el efecto, le dio los oportunos Fueros, franquicias y libertades, mediante el privilegio expedido por los años 1180".
Una de las cosas más notables de este fuero es el extenso término jurisdiccional que señaló a esta ciudad, entonces Villa. Otorgóla en efecto por tal, todo el territorio comprendido entre los ríos Bidasoa y Oria por la costa marítima, y desde ésta hasta la jurisdicción de la villa de San Martín de Arano, de Navarra, en dirección al interior.
"Doy a los pobladores de San Sebastián por término, dice, desde Ondarribia hasta Orio y de Aranga hasta San Martín de Arano, todo el trecho que yo tengo en aquel término, etcétera".
Los Fueros, privilegios, usos y términos a que se refiere el precedente instrumento, se confirmaron por D. Alfonso VIII en virtud del que libró en Burgos el 16 de agosto de 1202, en latín, cuyas palabras sustanciales en lengua castellana son como sigue: "Notorio sea a todos los presentes como venideros, como yo, Don Alfonso, rey de Castilla etcétera con ánimo libre y espontánea voluntad, concedo en mi reino y confirmo a vos, el Concejo general de San Sebastián presente y futuro, todos los fueros, costumbres y libertades vuestras, a saber: de los términos, fueros, costumbres, peajes, libertades y demás cosas, que Sancho, hijo del rey de Navarra, mi abuelo, os dio y concedió en su reino cuando construyó de nuevo la misma, según se contiene más plena y expresivamente en el propio instrumento, para que todas las cosas susodichas se observen firmemente, etcétera".
Se observa, pues, cómo después de la agregación de Guipúzcoa a la Corona de Castilla, rigió la carta-puebla expedida por el rey don Sancho de Navarra para la realización de San SEbastián.
Y entonces, en esta ciudad amurallada apenas se contaba con 7.000 habitantes y un regidor de ella, llamado semanero, ejercía la jurisdicción en Pasajes, instalado en la torre de Santa Isabel, hace muchos años derruida.
Los partidarios de la unión de Pasajes y San Sebastián alegaban que si antaño, con su pobreza de habitantes se extendía tanto, ahora les resultaba lógico que aspirasen a lo que proponían.
KOXKAS - R.M.
Una de las cosas más notables de este fuero es el extenso término jurisdiccional que señaló a esta ciudad, entonces Villa. Otorgóla en efecto por tal, todo el territorio comprendido entre los ríos Bidasoa y Oria por la costa marítima, y desde ésta hasta la jurisdicción de la villa de San Martín de Arano, de Navarra, en dirección al interior.
"Doy a los pobladores de San Sebastián por término, dice, desde Ondarribia hasta Orio y de Aranga hasta San Martín de Arano, todo el trecho que yo tengo en aquel término, etcétera".
Los Fueros, privilegios, usos y términos a que se refiere el precedente instrumento, se confirmaron por D. Alfonso VIII en virtud del que libró en Burgos el 16 de agosto de 1202, en latín, cuyas palabras sustanciales en lengua castellana son como sigue: "Notorio sea a todos los presentes como venideros, como yo, Don Alfonso, rey de Castilla etcétera con ánimo libre y espontánea voluntad, concedo en mi reino y confirmo a vos, el Concejo general de San Sebastián presente y futuro, todos los fueros, costumbres y libertades vuestras, a saber: de los términos, fueros, costumbres, peajes, libertades y demás cosas, que Sancho, hijo del rey de Navarra, mi abuelo, os dio y concedió en su reino cuando construyó de nuevo la misma, según se contiene más plena y expresivamente en el propio instrumento, para que todas las cosas susodichas se observen firmemente, etcétera".
Se observa, pues, cómo después de la agregación de Guipúzcoa a la Corona de Castilla, rigió la carta-puebla expedida por el rey don Sancho de Navarra para la realización de San SEbastián.
Y entonces, en esta ciudad amurallada apenas se contaba con 7.000 habitantes y un regidor de ella, llamado semanero, ejercía la jurisdicción en Pasajes, instalado en la torre de Santa Isabel, hace muchos años derruida.
Los partidarios de la unión de Pasajes y San Sebastián alegaban que si antaño, con su pobreza de habitantes se extendía tanto, ahora les resultaba lógico que aspirasen a lo que proponían.
KOXKAS - R.M.
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