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domingo, 3 de noviembre de 2019

KOXKAS DONOSTIARRAS: "TEMPORAL EN EL CANTÁBRICO"

FUE aquel un temporal, uno más, de los que el Cantábrico suele registrar cada año, con todas sus consecuencias de destrozos, naufragios y a veces víctimas mortales.Al que voy a referirme se inició en la noche del viernes al sábado, 23-24 de noviembre de 1928. El vendaval fue en aumento y en plena noche sorprendió al pesquero 'Irurak-Bat', de matrícula de San Sebastián que rompió amarras y fue arrastrado por las olas mar adentro. Los tripulantes, menos dos, consiguieron abandonar el barco que por fin fue arrastrado hacia el Club Náutico desde el que se tiraron unas cuerdas y los dos tripulantes que se hallaban a bordo consiguieron salvarse. El barco fue a estrellarse a la playa de La Concha, quedando partido en dos mitades. El temporal causó algunos destrozos, principalmente en los tejados. El embarcadero del Náutico fue destrozado. La entrada en el puerto de los pesqueros que llegaban de arribada forzosa se hacia con grandes dificultades. La motora salvavidas de la Sociedad de Salvamentos les prestaba ayuda. Dos pesqueros, zarandeados por las olas, corrieron peligro de abordarse, pero fueron auxiliados por la lancha.El agua hizo destrozos en el muelle, en la parte de Cai-Arriba, donde el muro del malecón exterior, resquebrajado por los empujes del agua, se agrietó y cedió, derrumbándose. Las aguas, libre el camino que les ofrecía el muro derribado, comenzaron a adentrarse cada vez más, llevando objetos que no habían sido retirados. Las aguas saltaban por la escalinata que subía al Paseo Nuevo, destrozando la caseta de Obras Públicas que había allí. Tuvieron que ser desalojadas aquellas casas. Algunos talleres quedaron destrozados.El barco de la casa Sota y Aznar, de 2.700 toneladas, el 'Arnabal-Mendi', navegaba de Bilbao a Pasajes y al no poder entrar en este puerto regresó a Bilbao, pero era tal la fuerza del viento y el estado del mar, que fue arrastrado hacia el cabo Machichaco. Se le rompieron algunas palas de la hélice, quedando el barco sin gobierno, yendo a parar a la deriva a la costa francesa, embarrancado en las rocas próximas a San Juan de Luz. El SOS lanzado por su capitán Venancio Goitia, fue recogido y los 28 hombres de la tripulación, entre ellos un muchacho de 15 años, fueron salvados por el pesquero 'San Pedro', de Pasajes. Se lanzaron cabos de arrastre, pero era imposible remolcar al 'Arnabal-Mendi', que fue contra las rocas, destrozándose.El temporal siguió dos días más, sin que se registraran desgracias personales.

jueves, 24 de enero de 2019

KOXKAS DONOSTIARRAS : UN TEMPORAL

Hacía años que no se registraba un temporal de agua y viento, con un mar embravecido, como el que vivieron los donostíarras desde la madrugada del sábado 20 al mediodía del lunes 22 de dicíembre de 1884. La descripción que de aquélla furia del viento y el mar hizo el periódico Diario de San Sebastián pone los pelos dé punta. Nada tiene de partícular que el vecindario estuviese alarmado.

El sábado a la mañana arribó con un mar enfurecido la corbeta Concepción de Bílbao, viéndose en tan grave peligro que salio el salvavidas Guipúzcoa escoltando a un atoage a amarrar la embarcación y llevar la tripulación a tierra, pues el naufragio se consideraba inminente. La corbeta fue garreando sobre anclas hasta llegar a situarse frente al peñón del Antiguo, a pesar de lo fuertemente amarrada que había quedado.Pasaban las horas y la Concepción seguía garreando de tal modo que todos creían que iria a naufragar hacia el murallon denominado El Fraile.

El muelle y el paseo de La Concha se llenaron de curiosos, pese a la lluvia.Como el huracán iba adquiriendo cada vez mayor fuerza, zarparon de la bahía, contra viento y marea para Pasajes una docena de vapores de pesca. «Nunca se divisará otro espectáculo más grandioso y terrible a la vez, que aquel que presenciamos desde el Castillo de la Mota algunos pocos curiosos" escribió Diario de San Sebastián, «La lucha de los vapores contra el desencadenado mar fue sublime y terrible, sobre todo a la salida del canal de Santa Clara y frente a la barra del Urumea. Los vapores desaparecían por momentos, como sepultados bajo inmensos montes de agua, y al volver sobre la cima, pegaban tales botes que se asemejaban a pelotas de goma, Por fin, llegaron todo con felicidad a Pasajes, después de la atrevida y temeraria hazaña acometida por nuestros modestos cuan heroicos marineros».

En la bahía quedó el Maria Milagros cón la tripulación a bordo. El tiempo seguía empeorando, las olas barrían La Concha y los muelles; el vapor pedía auxilio siendo imposible socorrerle. Chimeneas y tejas volando por los áires. Sobre las 4 de la tarde el tiempo se calmó algo, comenzando a diluviar. En la madrugada del lunes los faros y truenos alarmaron a la gente, registrándose a las 6 un trueno que causó verdadero terror y que hizo temblar las casas de la Parte Vieja. Los relojes eléctricos se pararon. Un rayo cayó en el Castillo.Luego se calmó álgo el mar y el María Milagros pudo zarpar a Pasajes.

De aquellas jornadas conservaron memoria durante años los donostiarras, .


(D.V. - KOXKAS - 22 de DICIEMBRE de 1994 - R.M.)

KOXKAS DONOSTIARRAS : TEMPORAL EN EL CANTÁBRICO

Fue aquel un temporal, uno más, de los que el Cantábrico suele registrar cada año, con todas sus consecuencias de destrozos, naufragios y a veces víctimas mortales.

Al que voy a referirme se inició en la noche del viernes al sábado, 23-24 de noviembre de 1928. El vendaval fue en aumento y en plena noche sorprendió al pesquero 'Irurak-Bat', de matrícula de San Sebastián que rompió amarras y fue arrastrado por las olas mar adentro. Los tripulantes, menos dos, consiguieron abandonar el barco que por fin fue arrastrado hacia el Club Náutico desde el que se tiraron unas cuerdas y los dos tripulantes que se hallaban a bordo consiguieron salvarse. El barco fue a estrellarse a la playa de La Concha, quedando partido en dos mitades.

El temporal causó algunos destrozos, princípalmente en los tejados. El embarcadero del Náutico fue destrozado. La entrada en el puerto de los pesqueros que llegaban de arribada forzosa se hacia con grandes dificultades. La motora salvavidas de la Sociedad de Salvamentos les prestaba ayuda. Dos pesqueros, zarandeados por las olas, corrieron peligro de abordarse, pero fueron auxiliados por la lancha.
El agua hizo destrozos en el muelle, en la parte de Cai-Arriba, donde el muro del malecón exterior, resquebrajado por los empujes del agua, se agrietó y cedió, derrumbándose. Las aguas, libre el camino que les ofrecía el muro derribado, comenzaron a adentrarse cada vez más, llevando objetos que no habían sído retirados. Las aguas saltaban por la escalinata que subía al Paseo Nuevo, destrozando la caseta de Obras Públicas que había allí. Tuvieron que ser desalojadas aquellas casas. Algunos talleres quedaron destrozados.
El barco de la casá Sota y Aznar, de 2.700 toneladas, el 'Arnabal-Mendi', navegaba de Bilbao a Pasajes y al no poder entrar en este puerto regresó a Bilbao, pero era tal la fuerza del viento y el estado del mar, que fue arrastrado hacia el cabo Machichaco. Se le rompieron algunas palas de la hélice, quedando el barco sin gobierno, yendo a parar a la deriva a la costa francesa, embarrancado en las rocas próximas a San Juan de Luz. El SOS lanzado por su capitán Venancio Goitia, fue recogido y los 28 hombres de la tripulación, entre ellos un muchacho de 15 años, fueron salvados por el pesquero 'San Pedro', de Pasajes. Se lanzaron cabos de arrastre, pero era imposible remolcar al 'Arnabal-Mendi', que fue contra las rocas, detrozándose.
El temporal siguió dos días más, sin que se registraran desgracias personales.
(D.V -KOXKAS - 23 Noviembre 1996 -R.M.)



KOXKAS DONOSTIARRAS : EL TEMPORAL

LOS veraneantes que venían a San Sebastián el siglo pasado buscaban la brisa del Cantábrico, el sol suave que no achicharraba como el de la paramera castellana en los meses del estío, los baños en La Concha y junto a esto, fiestas, toros, verbenas, regatas, el Casino, etcétera. Lo que no querían era lluvia, sobre todo la lluvia persistente que caia cuando había temporal. Cuando esto sucedía, se ponían de malhumor y los periodistas enviados por los periódicos de Madrid para contar lo que sucedía en la Corte veraniega de España, protestaban. A uno de ellos, Enrique Sepúlveda, le cogio un gran temporal de agua y viento en el verano de 1897, y todo su mal humor y su disgusto lo reflejó en una crónica, escrita no con tinta sino con hiel.

«Como quien riega con manga de ancha boca -escribía - así descargan las nubes donostiarras chubasco tras chubasco, encharcándolo todo y levantando del mar y de la tierra un espeso vapor de agua, una niebla espesa y pegajosa, que en detenninados momentos obscurece la claridad de la mañana, hasta el tono opaco del crepúsculo vespertino, y que al anochecer hace casi invisible las llamas amarillentas y temblonas del gas del alumbrado público.

¡Qué aburrimiento y qué humedad! ¡Qué humedad sobre todo! ¿Recordáis nada parecido? Mojadas las ropas de la cama, las servilletas y los manteles de la mesa; caladas las cestas (coches de caballos que precedieron a los taxis), a pesar de su toldo y cortinas impermeables; convertido en lago el Boulevard, enfangada la Zurriola, flotantes las sillas y las mesas exteriores de los cafés, soplando recio el viento, salpicando las olas a los contados curiosos que se acercan a los murallones para ver subir la marea, respirando y pisando agua en todas partes y a todas horas».

Todos los veraneantes se aburrían agotando el repertorio de los bostezos, nadie estaba en la playa, nadie se bañaba; no había música en el Boulevard, ni paseo en La Concha, ni gente en ninguna parte. Los que tenían casa propia, menos mal, pero los hacinados en casas de huéspedes adquirían los días de temporales y diluvios carácter de víctimas, «pues da compasión pensar lo insoportable que se les hará el tiempo sepultados y tabicados en el raquítico habitáculo que les sirve de alcoba,de cuarto y de tocador.

Al cabo de 48 horas, ya no llueve, diluvia. El aire convierte a la lluvia en un inmenso látigo de incontables puntas. El mar suena con fuerza y las olas se rompen con estallido de bólido. El cielo está negro; las brumas, impenetrables. ¡Que delicia!».


(D.V. - KOXKAS - R.M.)

sábado, 4 de febrero de 2012

LA NIEVE SUSPENDIÓ LAS FIESTAS

Hace frío y nieva en las calles de mi Ciudad, tal día como hoy 4 de Febrero (sábado), fecha en que está previsto recorran las calles , plazas y barrios de nuestra Ciudad las diversas Comparsas de Caldereros de la Hungria, siempre que el tiempo no lo impida.Por ello reproduzco en esta página aquel acontecimiento ocurrido allá por 1891, con nuestras Fiestas, por culpa del tiempo:

Un temporal de nieves, como pocas veces se había registrado en San Sebastián, hizo que no se celebrase en 1891 la fiesta del Patrono con actos callejeros. Nevaba sin cesar, llegando a alcanzar el ”blanco manto” hasta 8 centímetros de altura en las calles. El intenso frío hizo que se helasen las fuentes de algunas casas, causando grandes perjuicios a los habitantes. Según decía el periódico , algunos vecinos , después de abrir las canillas, encendieron grandes hogueras para ver si el calor producía el deshielo, pero resultó infructuoso este sistema, teniendo que recurrir a las fuentes públicas, algunas de las cuales no padecieron las consecuencias de las temperaturas “que nos vemos precisados a sufrir con paciencia y resignación”.

Las caídas de transeúntes abundaban, y la compañía del tranvía se vio obligada a suspender el servicio, pues la gran cantidad de nieve que cubría los raíles hacía imposible la circulación de los carruajes. A los empleados, puntualizaba el periódico, se les abonan sus sueldos como si trabajaran.

La única diversión de los donostiarras aquel martes 20 de enero fue la actuación en el Teatro Principal de una compañía que por la tarde puso en escena la comedia “El padrón municipal” y la Zarzuela “Quién fuera libre”; y por la noche , a beneficio del director de la compañía señor Soriano la comedia “¿Quién se casa?” y la zarzuela “Los trasnochadores”.

Se abrió una suscripción para socorrer a los necesitados que sufrían más los rigores del temporal y el primer día se recogieron 877 pesetas y diversas prendas de vestir, camisetas, gorras, enaguas, calcetines, botas, chaquetas, pantalones, mantas…. Repartiéndose, el día 20, 100 kilos de carne, 200 de patatas y 100 de pan. La Beneficencia repartió 1.600 bonos de comida.

A la nieve siguió un temporal de viento huracanado que destrozó árboles del Paseo de la Concha, arrancó algún farol, volcó la caseta del sereno que estaba frente a la Perla rompiendo el reloj que allí había. Los cristales de puertas y ventanas también sufrieron lo suyo. El viento derrumbó la fachada trasera de una casa que estaba construyendo en el Antiguo el arquitecto don Sebastián Camio y en el matadero de Cemoriya se vino abajo el alero del tejado de las cuadras. El mar presentaba un aspecto impresionante, con olas que barrían la Zurriola.

Las fiestas de aquel año quedaron reducidas a los bueyes que se corrieron en la plaza de la Constitución, uno a las 8 de la mañana, dos a las doce y tres a la tarde, a la quema del zezenzusko en la plaza de Lasala y a los bailables que la banda de La Unión alternando con el tamboril, interpretó en aquel lugar y que la gente joven aprovechó. Estos festejos, organizados por La Unión Artesana, y el baile de máscaras que hubo aquel día en los círculos de recreo “La Fraternal” y “La Amistad” a los que asistieron “hermosas mujeres luciendo elegantes disfraces que realzaban su belleza”, fueron las únicas diversiones de los donostiarras de hace un siglo, que ateridos de frío no pudieron celebrar de otra manera a su patrono.

(EL DIARIO VASCO – 19/01/1991- KOXKAS- R.M.)