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martes, 4 de septiembre de 2018

Cuatro parroquias

Un burgalés nacido en Poza de la Sal, Melchor Angel Gutiérrez Vallejo, regía la diócesis de Pamplona en 1733 y a ella pertenecía entonces San Sebastián. Pensando ir a Roma a visitar las tumbas de los Apóstoles y a informar al Papa del estado de su diócesis, dirigió una circular a los párrocos a fin de que le dieran cuenta de la situación de sus parroquias, número de feligreses, capellanías, ermitas, oratorios, etc. que existían. Por su estado de salud tuvo que desistir del proyectado viaje, que realizó en su nombre el arcediano doctor Gaspar de Aldecoa. Gracias a las contestaciones de los párrocos, sabemos el estado de las iglesias de San Sebastián en 1733 y que por parroquias era el siguiente :

La población de San Sebastián era entonces, incluidos sus extramuros del Antiguo, Alza, Pasajes e Igueldo, de unas nueve mil almas y existían seis parroquias y cinco iglesias, las de los dominicos, jesuitas, franciscanos, carmelitas descalzas y canónigas regulares. El número de sacerdotes, sin contar los religiosos, era de 74, el de capellanías de patrono laico 63. Había tres fundaciones para doncellas pobres, dos hospitales, uno militar y otro civil, y una casa de Misericordia.

Las ermitas eran la de Santa Clara, que pertenecía a la comunidad de canónigas regulares de San Bartolomé, la de Santa Teresa, perteneciente a la casa de Amézqueta, la de San Martín y Santiago en el barrio de San Martín junto a la Misericordia, la de la Torre en Pasajes que pertenecía al Ayuntamiento, la de Nuestra Señora de Hua y el Santo Cristo de la Herrera, en Alza, y en el Antiguo la de Nuestra Señora de Loreto y Nuestra Señora de la Piedad.

Las cofradías existentes eran las del Santísimo Sacramento, la de la Esclavitud de María, la de San Pedro de los Mareantes y San Antonio del gremio de sastres, en la parroquia de Santa María. Había en la basílica de Santa Ana, aneja a Santa María, la de la Vera Cruz y la de la Misericordia, San Eloy, la de Animas y San José de los Carpinteros en la parroquia de San Vicente.

En esta parroquia había 2.500 adultos, siendo la que contaba con el mayor número y de ella dependían los conventos de dominicos y franciscanos, según informaba don Agustín de Egoabil.

En Santa María el Vicario perpetuo don Pedro Manuel de Echevarría daba cuenta de que eran sufragáneas las parroquias de San Marcial de Alza y San Pedro de Pasajes, hallándose en su distrito el convento de San Bartolomé, el de Santa Ana de carmelitas descalzas, el de San Sebastián el Antiguo de religiosas de Santo Domingo y el colegio del Corazón de Jesús. Las monjas del Antiguo se valían de la parroquia de San Sebastián. A la parroquia de Santa María pertenecían 600 vecinos y de comunión 1.500. Había en la parroquia 49 capellanías y tres  dotaciones para doncellas huérfanas.

A la parroquia de San Pedro de Pasajes pertenecían cien vecinos y 400 feligreses de comunión y cinco capellanías. En la de San Pedro de Igueldo había una feligresía de 240 personas y 120 almas de comunión. La de San Marcial de Alza contaba con 130 vecinos y 600 personas de comunión y la de San Sebastián el Antiguo tenía 90 vecinos y 300 fieles de comunión. La provisión de esta parroquia correspondía a la Orden de Predicadores de San Telmo.

(JUAN MARÍA PEÑA IBÁÑEZ)

martes, 12 de febrero de 2013

LOURDES-CHIQUI

Al entrar en vigor en Francia las leyes antireligiosas de Combes y Waldeck-Rousseau fueron bastantes los que tuvieron que abandonar sus conventos y su país. A España vinieron algunos religiosos y dada la proximidad fronteriza no pocos quedaron en Guipúzcoa, la mayoría en conventos de su orden y algunos en los que fundaron los emigrantes.

Entre los frailes que llegaron aquellos años figuraban los dominicos, de gran tradición en nuestra ciudad donde residieron hasta las leyes desamortizadoras de Mendizabal en el convento de San Telmo. Fue en 1903 cuando vinieron los dominicos franceses procedentes del colegio que tenían en Arcachon y un periódico donostiarra daba cuenta de eso en estas líneas :"Los frailes dominicos, que se trasladan a causa de la ley de asociaciones francesas, salieron ayer de Francia para instalarse en su nueva residencia. Son varias las comunidades que, por la clausura de los conventos en Francia, se han trasladado a España y muchas de ellas a nuestra provincia".

Aquel grupo de dominicos exiliados, capitaneados por el P. Urbano, de blanca y abacial barba de porte distinguido, de gran cultura y de mucho mundo, tras no pocas negociaciones adquirieron  una finca en la falda de Igueldo que era de los señores Coll y Ripoll, propietarios de   "La Mallorquina". El lugar era umbroso y silente, propicio para la meditación y el estudio. Y allí, en una especie de cueva, colocaron una imagen de Nuestra Señora de Lourdes. No hacía muchos años el 18 de enero de 1862, el obispo de Tarbes declaraba "Juzgamos que la Inmaculada Virgen María, se apareció realmente a Bernardette Soubirous el 11 de febrero de 1858 y días siguientes, en número de dieciocho veces, en la gruta de Masabielle, cerca de Lourdes, y que tal aparición contiene todas las características de la verdad y que los fieles pueden creerla por cierta. En aquella gruta se colocó dos años después la imagen de la Virgen según la había visto Bernardette iniciandose en 1873 las peregrinaciones.

La devoción a la Virgen de Lourdes fue extendiéndose por Francia y después por toda Europa, y los donostiarras no fueron ajenosa aquel culto a Nuestra Señora, y al tener noticia de que los dominicos en su nuevo colegio llamado de San Vicente Ferrer o del Captier habían colocado una imagen de la Virgen de Lourdes, comenzaron a acercarse al lugar que desde entonces fue conocido con el nombre de Lourdes-chiqui.

Aquel colegio que funcionó hasta 1920, era pequeño y a él acudían un número reducido de alumnos, casi todos en régimen de internado, de las buenas y adineradas familias, en su mayoría francesas. No faltaban los chicos donostiarras, pro también los había de otros paises. Entre aquellos alumnos el cronista conoció a un muchacho uruguayo, Alberto Guani, cuyo padre había sido ministro de Asuntos Exteriores en su país y entonces era embajador en Bruselas. Los abuelos del escolar, don Camino y doña Anita Guani vivían en San Sebastián, en el barrio de San Martín, y tal vez por eso el nieto estaba en el Captier. Pocas noticias hay de aquel colegio que según cuenta Luis Murugarren quiso en 1904 instalar dos casetas de baño en Ondarreta para sus alumnos, pues en verano también había clases. La finca la compraron luego don Manuel Rezola y doña Luisa Lizariturry, fue después de unas monjas y desde hace quince años de la Escuela de Ekintza

KOXKAS - R.M.- 11/02/1991