miércoles, 13 de febrero de 2013

PLAZA DE LA CONSTITUCIÓN, ANTES "NUEVA" (II)

..................CONTINUACIÓN:

Aclarada la cuestión de la propiedad, se pensó en la construcción de la Plaza, proyecto que fue acogido por el vecindario con el mayor entusiasmo. Faltaban fondos y se abrió una suscripción pública que produjo enseguida 53.000 reales. A principios de 1817 se dió comienzo con estos fondos al relleno de la Plaza y se dispuso que en el caso de que no bastaran para elevar el piso de la Plaza al nivel necesario, los escombros de los edificios que componían el perímetro de la misma, se permitiese traerlos a su costa a los propietarios de otras calles. Se practicaron los trabajos de cimentación en administración por el Ayuntamiento, y construídos que fueron los cimientos de las casas, se prepararon las condiciones para la subasta de los arcos. Sabedores tres entusiastas contratistas de la población de que se iban a rematarlos por trozos, presentaron un escrito al Ayuntamiento, exponiendo que era conveniente para que los arcos tuviesen la debida uniformidad y no resultasen los defectos de que adolecía la Plaza de Vitoria, que unos mismos contratistas se hicieran cargo de toda la obra, y atendida que fue la indicación, los mismos contratistas se hicieron cargo de toda ella en una sola subasta.

Hechos todos los preparativos para la realización de este gran proyecto, se inauguraron las obras con el mayor entusiasmo y pompa el 16 de Agosto de 1817.

Las dimensiones de la Plaza eran 205 pies de largo, 132 de ancho, 26.060 en cuadro.

La entrega de los arcos se hizo el 6 de Noviembre de 1818, quedando el Arquitecto tan satisfecho de la obra por su unidad, corrección y solidez, que consideró a los contratistas con derecho al dos por ciento de premio señalado en las condiciones de subasta, haciéndoles entrega de los 5.597,16 reales a que ascendió dicha cantidad.

Se tuvo con los balcones el mismo criterio que con los arcos, estimando que convendría para la mayor uniformidad y regularidad, el que fuesen trabajados por una misma mano, pues si se dejaba en libertad a los dueños valiéndose ellos de diferentes operarios, aparecerían sensibles variedades, causando mal efecto a la vista. Se presentaron tres artífices con distintas proposiciones : Don Romualdo Zornoza y José María de Uranga, vecinos de San Sebastián y Manuel Felipe Guevara, de Irún, y se acordó dar a cada uno de ellos los balcones de un piso. A uno de ellos, todos los de los primeros pisos de los tres lados y el de los terrados o bocacalles y los antepechos del entresuelo de la arcada pequeña o lado menor de la Plaza. A otro los del segundo y a otro los del tercero.

En esta Plaza se celebraron después, durante muchos años, todos los festejos públicos con inclusión de las corridas de toros, cerrándola en cuadrilongo con barras de hierro y formando andanadas de palcos y asientos de madera. Todos los balcones estaban numerados, como siguen todavía estándolo, y el Ayuntamiento hacía uso de ellos en la forma expuesta.

En los arcos de esta Plaza, tomó asiento el comercio de más lustre de San Sebastián, y ellos constituían el paseo obligado en donde se reunía la flor y nata de Donostia.

El último año en que se subastaron los arbitrios del mercado de esta Plaza, fue el año económico de 1870 a 1871. El siguiente año de 1871 a 1872, se hallaba ya habilitado el mercado de la Brecha, pero continúa el Ayuntamiento cobrando la renta de los puestos de venta de frutas y baratijas que se establecen en dichos arcos.

Siguió llamándose "Plaza Nueva" hasta mediar el año 1820 en que se colocó una lápida de mármol con letras de oro, que decía "Plaza de la Constitución", en memoria del Régimen Constitucional, que se implantó en España, y así continúa llamándose.

Por acuerdo de 13 de Abril de 1897, se dispuso poner en vascuence el rótulo Plaza-Berria, que significa "Plaza Nueva"

(D. SERAPIO MÚGICA - "Las calles de San Sebastián. Explicación de sus nombres")

PLAZA DE LA CONSTITUCIÓN, ANTES "NUEVA" (I)

Por el Doctor Camino, sabemos que dicha Plaza se hizo en 1722, comprando y derribando los edificios que componían las calles de Embeltrán y Amasorrain, que se hallaban en aquel lugar, siendo la traza de Hércules Torrelli, de quien era también el frontispicio del Monasterio de San Bartolomé. Su coste ascendió a 1.016.619 reales, sin contar la casa concejil que costó más de 40.000 pesos. Con esta nueva Plaza se quisieron evitar los desórdenes que ocurrían entre militares y paisanos en la Plaza Vieja, en donde había tres cuarteles,en los concursos de espectáculos públicos, y también colocar en situación más ventajosa la Casa Consistorial y la del Consulado, que se hallaban en donde se pusieron luego a Lonja y los almacenes de la Compañía de Filipinas. Todos los edificios de esta Plaza, fueron construídos por cuenta del Ayuntamiento, y se obligó a todos los vendedores de comestibles al por menor a que vendiesen sus mercancias en esta Plaza y no en la Plaza Vieja, ni por las calles, como se venía haciendo.

Al efecto, el Ayuntamiento dispuso en Febrero de 1722 el cumplimiento de dicho acuerdo, que fue ratificado por R. Provisión de 16 de Octubre del año indicado, aclarando que se pusieran además en los arrabales dos o tres tiendas en sitios adecuados.

Tenía la Plaza, como ahora, sus soportales o arcadas en sus cuatro frentes, interceptados por otras tantas bocacalles, que en ella entraban. Dos de ellas, que seguían de la Calle Iñigo, eran capaces para paso de carros y coches, y las otras solo de caballerías. Su posición, más que horizontal, se hallaba hundida con respecto del todo. En la cabeza del Poniente, se hallaba situada la casa Concejil y del Consulado, con un soportal o arcada espacioso. Este edificio era bastante capaz y de excelentes salones, pero el estilo Churrigueresco de sus formas exteriores, hacía ridícula su decoración. Los demás costados del cuadrilongo, se componían de tres series de arcadas uniformes, como así mismo, las casas o frentes que sobre ellas se cargaban.

Las azarosas circunstancias que sobrevinieron con motivo de la guerra de la Independencia, a principios del siglo XIX, obligaron al Ayuntamiento a vender la propiedad de dichas casas en 1810, reservándose diferentes derechos, sobre dichas fincas, como son el derecho del cobertizo y arcos, los balcones para los casos de corridas y otros regocijos, noches de iluminación etcétera, para atender con sus rendimientos a los gastos de la función.

Al sobrevenir el incendio de la ciudad en 1813, siguieron aquellos 25 edificios que circunvalaban la Plaza, la suerte de los demás, siendo destruídos completamente. Toda la fachada de la casa concejil, quedó destruída y desplomada hasta los cimientos, permaneciendo en pie los dos costados y espalda, pero resentido e inutilizados.

Así mismo quedaron destruídos los frentes totales de los lados más largos de la Plaza, conservándose únicamente en pie una parte del lado opuesto a la casa Concejil, aunque resentida y amenazando peligro. Igualmente se arruinaron la mayor parte de las paredes medianiles, y solo quedaron las paredes de las espaldas, las que fueron desmoronadas con la acción de las lluvias y vientos. Los expresados tres lados de la Plaza, se componían de casas muy angostas, de poco frente y poco fondo, por cuyo motivo todas las escaleras eran estrechas, oscuras y agudas, y los cuartos interiores y cocinas, faltos de luz, que recibian por pequeños patines parciales que tenían por la espalda, hasta el punto de que casi todo el año, se veían obligados a hacer uso de la luz artificial, efecto de la defectuosa distribución.

Después de la catástrofe, muchos propietarios de estos solares, los vendieron haciendo caso omiso del censo o gravamen que tenían para con el Municipio, y al proyectar la construcción de nuevos edificios, sobrevinieron multitud de reclamaciones y quejas, que dieron lugar a una reunión que se celebró entre los interesados y el Ayuntamiento, bajo la presidencia del Corregidor. En dicha reunión acordaron que la ciudad librase los indicados solares de toda responsabilidad, que las fachadas se ejecutasen conforme al plano del Arquitecto Ugartemendía, abonando de los fondos públicos la diferencia que resultase en su coste, comparadas con las de la casa de la Viuda de Echagüe que debía servir de punto de partida; que el Ayuntamiento pudiese disponer de los balcones, cuando hubiese corridas de muerte, para venderlos al público, reservando para el propietario el derecho a un balcón torero, esto es, a una ventana o medio balcón en la habitación de la casa que pidiese y dos si era vecino Concejante, pagando por él lo que el Ayuntamiento señalare por punto general para todos los balcones.

El Ayuntamiento propuso además, y así se acordó, que se le concediera el derecho de gravar con un impuesto los bancos del Mercado, que habían de establecerse en los arcos de la Plaza, destinando los fondos recaudados a beneficio del Hospital y Misericordia, sin que pudieran practicarlo los dueños ni los inquilinos, en cuyo caso se haría por cuenta de la Ciudad, todo el balconaje de hierro del primer piso, de todas las casas.

...............CONTINUARÁ.

martes, 12 de febrero de 2013

LOURDES-CHIQUI

Al entrar en vigor en Francia las leyes antireligiosas de Combes y Waldeck-Rousseau fueron bastantes los que tuvieron que abandonar sus conventos y su país. A España vinieron algunos religiosos y dada la proximidad fronteriza no pocos quedaron en Guipúzcoa, la mayoría en conventos de su orden y algunos en los que fundaron los emigrantes.

Entre los frailes que llegaron aquellos años figuraban los dominicos, de gran tradición en nuestra ciudad donde residieron hasta las leyes desamortizadoras de Mendizabal en el convento de San Telmo. Fue en 1903 cuando vinieron los dominicos franceses procedentes del colegio que tenían en Arcachon y un periódico donostiarra daba cuenta de eso en estas líneas :"Los frailes dominicos, que se trasladan a causa de la ley de asociaciones francesas, salieron ayer de Francia para instalarse en su nueva residencia. Son varias las comunidades que, por la clausura de los conventos en Francia, se han trasladado a España y muchas de ellas a nuestra provincia".

Aquel grupo de dominicos exiliados, capitaneados por el P. Urbano, de blanca y abacial barba de porte distinguido, de gran cultura y de mucho mundo, tras no pocas negociaciones adquirieron  una finca en la falda de Igueldo que era de los señores Coll y Ripoll, propietarios de   "La Mallorquina". El lugar era umbroso y silente, propicio para la meditación y el estudio. Y allí, en una especie de cueva, colocaron una imagen de Nuestra Señora de Lourdes. No hacía muchos años el 18 de enero de 1862, el obispo de Tarbes declaraba "Juzgamos que la Inmaculada Virgen María, se apareció realmente a Bernardette Soubirous el 11 de febrero de 1858 y días siguientes, en número de dieciocho veces, en la gruta de Masabielle, cerca de Lourdes, y que tal aparición contiene todas las características de la verdad y que los fieles pueden creerla por cierta. En aquella gruta se colocó dos años después la imagen de la Virgen según la había visto Bernardette iniciandose en 1873 las peregrinaciones.

La devoción a la Virgen de Lourdes fue extendiéndose por Francia y después por toda Europa, y los donostiarras no fueron ajenosa aquel culto a Nuestra Señora, y al tener noticia de que los dominicos en su nuevo colegio llamado de San Vicente Ferrer o del Captier habían colocado una imagen de la Virgen de Lourdes, comenzaron a acercarse al lugar que desde entonces fue conocido con el nombre de Lourdes-chiqui.

Aquel colegio que funcionó hasta 1920, era pequeño y a él acudían un número reducido de alumnos, casi todos en régimen de internado, de las buenas y adineradas familias, en su mayoría francesas. No faltaban los chicos donostiarras, pro también los había de otros paises. Entre aquellos alumnos el cronista conoció a un muchacho uruguayo, Alberto Guani, cuyo padre había sido ministro de Asuntos Exteriores en su país y entonces era embajador en Bruselas. Los abuelos del escolar, don Camino y doña Anita Guani vivían en San Sebastián, en el barrio de San Martín, y tal vez por eso el nieto estaba en el Captier. Pocas noticias hay de aquel colegio que según cuenta Luis Murugarren quiso en 1904 instalar dos casetas de baño en Ondarreta para sus alumnos, pues en verano también había clases. La finca la compraron luego don Manuel Rezola y doña Luisa Lizariturry, fue después de unas monjas y desde hace quince años de la Escuela de Ekintza

KOXKAS - R.M.- 11/02/1991


CALLE DE SAN JUAN

No figura con este nombre en el padrón de vecinos de 1566, ni en las Ordenanzas de 1630. Figura en estos documentos la "Calle de Maese Lope", que era la misma, según hemos visto al hablar de ésta, y acaso se llamara también "de los Toneleros" a toda o parte de ella.

Antes de 1813, tenía esta calle sus tortuosidades parciales y diferencia sensible en sus anchuras, que variaban de 9 a 20 pies. Principiaba en la calle del Pozo, inmediato al Cubo del Horno, y finaba en la Calle de San Vicente, quedando algo interrumpida con la fortificación de la Calle de Santa Ana.

Después de 1813, al igual de lo que decimos al referirnos a la Calle de Santa Ana, quedó ocupada por la autoridad militar con obras de fortificación que se levantaron en aquella parte, y no se pudo edificar en mucho tiempo.

Sin duda alguna, debe su nombre a la efigie de dicho Santo, colocada en aquella parte de la población.

Por acuerdo de 13 de Abril de 1897, se la rotuló también San Juan-Kalea.

(D. SERAPIO MÚGICA - "Las calles de San Sebastián. Explicación de sus nombres")

KOXKAS DONOSTIARRAS: "Pepe Artola"

Uno de los hombres más populares, queridos y admirados en el San Sebastián de hace un siglo fue José Artola. El hizo reir con su gracia inimitable, con su ingenio chispeante, con sus improvisaciones inspiradas a nuestros abuelos. En los interminables días del invierno, cuando la ciudad se aburría y esperaba ansiosa la llegada del verano, corría la voz : " ¡Que Artola va a intervenir en la velada que organiza "La Fraternal"! Y la gente alegraba el rostro pensando disfrutar con la actuación de Pepe Artola, un hombre polifacético que era poeta, actor músico, linternero ....

"Los que le conocen en su oficio habitual -escribía en 1891 el periódico "La Voz de Guipúzcoa"- dicen que es un excelente obrero. Los que leen sus poesías en vascuence, dicen que es un ingeniosísimo poeta. Los músicos, que es un buen contrabajo. El público donostiarra, que no hay un artista con más gracia. Todos deben estar en lo cierto".

Como la gente le conocía más era como actor de teatro. Era el actor cómico perfecto. Salía al escenario y ya sin decir nada la gente comenzaba a reir. Tenía, decían, "una cara risueña y picaresca que presta la mitad del chiste a la frase que dice y una serenidad, un dominio que le presta la otra mitad".

Pudo haber sido un gran profesional de las tablas, pero eso le hubiera supuesto el enrolarse en una compañía y haber ido de ciudad en ciudad a representar juguetes cómicos. Y él no quería abandonar su pueblo natal donde era feliz con sus amigos, compartiendo con ellos ratos interminables en una sidrería, donde le brotaba espontanea la gracia innata, donde competía con otros bersolaris en inolvidables duelos dialécticos.

Su corazón generoso le hacía participar en cuantas veladas benéficas se organizaban en San Sebastián. Y al saberse que iba a trabajar Pepe Artola, el teatro se llenaba. Se cuenta que en 1889 La Fraternal puso en escena una excentricidad musical traducida del alemán. los autores del arreglo terminaron su trabajo la misma madrugada del estreno y a primera hora de la mañana se ensayó dos veces la obrita. Al representarse esta, el apuntador encerrado en su concha no podía articular palabra pues estallaba en carcajadas al ver a Pepe Artola actuando con personalidad propia. sin la ayuda del apuntador. Artola seguía actuando, llenando la escena, inventando frases, improvisando chistes, que fueron los más celebrados.

Quienes escribieron su semblanza y que le conocían bien,decían que tenía como privilegio una gracia natural única, inimitable, que le convertía en el artista más popular de nuestro pueblo. Todos los autores cómicos de la época escribieron obras para él, pues sabían que interpretadas por Pepe Artola el éxito estaba asegurado. "Y es que su cara -decía un periodista- , tiene un no se qué, una sonrisa mezcla de bondad y de picardía que delata en un instante el carácter espontáneo y simpático del jocoso actor. Fuera del arte, en su trato particular, es un niño grande en quien se puede explotar la gracia como una mina haciendo demarcaciones para extraer chistes a montones".

Momentos antes de representar el monólogo "Ida y vuelta", en el que tenía que echarse al coleto un trago de sidra decía que "si la sidra es buena, trabajaré bien".

En aquella época circulaban  entre la gente chistes anónimos referidos a autoridades locales o a personas importantes de la ciudad. Su autor era siempre el inimitable, el único, el genial Pepe Artola

KOXKAS - R.M. - 27/02/1991




jueves, 10 de enero de 2013

CALLE DEL 31 DE AGOSTO, ANTES DE LA TRINIDAD

Hay referencias de la Calle de la Trinidad en el padrón de 1566 y en las Ordenanzas de 1630.

En esta calle se hallaban edificios tan importantes como las dos parroquias de Santa María y San Vicente, el Convento de Religiosas de Santa Teresa, Convento de San Telmo, Colegio de la Compañía de Jesús y la Cárcel pública y algunas casas particulares de bastante capacidad y buena forma.

Tenía la calle algunas tortuosidades parciales que le privaban de hermosura, y su anchura variaba de 20 ó 30 pies.Su pavimento desde la torre del campanario, punto el más elevado de la colina, bajaba en descenso suave hasta encontrar la rampa de la subida al Castillo, en el ángulo de la iglesia de Santa María y la escalinata que se hallaba en él, de donde descendía al atrio de dicha iglesia, y desde este punto a la calle por otra escalinata menor. En tiempo de aguas, se reunían en gran cantidad en esta calle, y a veces ocurría que se obstruía la boca del caño de la rampa del Castillo, y el torrente de aguas engrosadas con las tierras, bajaba por las escalinatas indicadas y entraba en la iglesia, causando grandes daños.

Con estas escalinatas, quedaba interrumpida la comunicación con la Calle Mayor, y los transportes del muelle tenían que dar una gran vuelta para llegar a la parte alta de dicha calle.

Se libraron del incendio todas las casas de la acera del lado del Castillo, en donde se acuartelaron las tropas portuguesas al entrar en la plaza, ero se quemaron todas las de la acera de enfrente, buenas en general, llenándose la calle de escombros, y hubo que derribar las paredes que quedaron en pie por evitar desgracias.

Esta calle al ocurrir el incendio de 1813, principiaba en la calle de la Zurriola, por el costado de la iglesia de San Vicente y terminaba en el atrio de la torre del campanario de Santa María. Pero no hay duda alguna que en tiempos antiguos no estaba limitada esta calle a las dimensiones que tenía en 1813, como se deduce del padrón de 1566. En este documento, con referencia a esta vía se dice : "Trinidad alrededor de la villa", y también "Trinidad a la redonda". En cambio no figuraban en dicho padrón las calles del Campanario, Ingente, Pozo, San Juan ni otras varias. ¿Se englobarían con aquel nombre algunas de ellas?.

Otro dato tenemos para creer en la mucha extensión de esta vía en aquel tiempo. Y es que de los 466 vecinos que aparecen en dicho padrón, en la fecha indicada, 155 corresponden a esta calle; es decir la tercera parte del vecindario.

En tiempos más próximos a los nuestros, debía suceder lo mismo, pues solo así se comprende que los números con que estaban señaladas las casas cuando ocurrió el incendio de 1813, comenzaran en el 198 para terminar en el 238, que llevaba la casa inmediata al atrio de Santa María. Es de lamentar que nadie nos haya dicho donde tenía su principio esta numeración y donde el fin, pues es posible que continuase más adelante del atrio en alguna otra dirección.

Se ha dicho oficial y particularmente, que esta calle se llamaba de la Trinidad, por la circunstancia de que en ella se hallaban enclavadas las tres iglesias de Santa María,San Vicente y la del Convento de San Telmo. Sin embargo, esto no resulta cierto, por la sencilla razón de que antes de edificar el convento, existía ya la calle de este nombre. Ya se sabe por otra parte, que las iglesias de Santa Teresa y la de la Compañía de Jesús, se levantaron más tarde y no pudieron por tanto contribuir a la adopción de aquel nombre. Nos parece más verosímil que se llamara así, porque hubiera en dicha calle una efigie de la Santísima Trinidad.

Era tan frecuente en tiempos pasados el poner efigies de Santos en las entradas de calles y plazas y en otros lugares públicos, que no deben extrañarse nuestros lectores de que atribuyamos a esta pía costumbre la existencia de esta clase de nombres. Con motivo de cualquier cataclismo público, un incendio, una epidemia, inundaciones, etc., se hacían votos y se ponían efigies de Santos al público, y en muchos casos sin más causa que la devoción particular. Al contacto de la muralla del Mediodía hemos visto que había el baluarte de San Felipe y el de Santiago y el cuartel de San Roque. Frente al Cubo el Hornabeque de San Carlos. Aún existe en Santa María, la imagen de Cristo Crucificado, que se ostentaba en la puerta de entrada de la Plaza Vieja hasta el derribo de las murallas.

Se sabe que existía la efigie de Nuestra Señora de la Piedad en la casa que hace esquina a las calles de Narrica y de Embeltrán. La de San Jerónimo en el arco que daba acceso a la calle de este nombre. El arco de Santiago se tituló así por la imagen del Patrón de España que figuraba en él. Además existían hasta el año 1848 a 1859, una imagen de San Ignacio de Loyola y otra de Nuestra Señora de Méjico en el cuartelillo en que estuvieron las escuelas públicas.

En sesión de 26 de Septiembre de 1877, el teniente alcalde Sr. Echeverría, propuso que la Calle de la Trinidad, que ya no respondía a su significación por haber desaparecido de ella la iglesia de San Telmo, podía llamarse en adelante "Calle del 31 de Agosto", en conmemoración del acontecimiento de aquella fecha y por ser la única que se salvó. Así se acordó, y desde entonces lleva el nombre actual .

Por acuerdo del 13 de Abril de 1897, se la rotuló también, San Telmo-Kalea, que significa "Calle de San Telmo".

Uno de los callejones que daba acceso al punto en donde se levantó el Convento de San Telmo, se denominaba "Calle de Santa Corda" por el año 1516.



(D. SERAPIO MÚGICA - "Las calles de San Sebastián. Explicación de sus nombres")



martes, 23 de octubre de 2012

COSAS CURIOSAS DE LA CIUDAD


Una misa de campaña, como pocas veces se había celebrado en San Sebastián, tuvo lugar el 25 de julio de 1903, festividad de Santiago. Asistió una inmensa multitud y los barcos de guerra Giralda, Urania y Mac Mahon, engalanados con los telégrafos de banderas, se destacan en las aguas de la Concha.

La misa tuvo lugar en el campo de maniobras de Ondarreta y de espaldas a la playa se situaron las tropas en el siguiente orden: Guardia Civil del 14 tercio a caballo, Miqueletes, Regimiento de Infantería de Sicilia, Sexto Batallón de Artillería de plaza y Regimiento de Valencia.

Llegó el rey Alfonso XIII a caballo, luciendo el uniforme de capitán general, seguido del príncipe de Asturias, que vestía el uniforme de general de brigada, ayudantes y el cuarto militar y de la escolta real. La Reina María Cristina llegó en coche con la infanta María Teresa y la princesa de Asturias.

El altar se había improvisado en el alto, entre el campo de maniobras y la carretera. Dijo la misa el reverendo Illán y durante ésta tocaron diversas piezas las bandas de los regimientos Sicilia y Valencia. Daban guardia de honor cuatro gastadores y un cabo.

Terminada la misa, desfilaron las tropas con las banderas desplegadas por este orden : Regimiento de Sicilia,  Batallón de Artillería, Regimiento de Valencia, Guardia Civil de a pie, Miqueletes y Guardia Civil montada, que cerraba la marcha.

El 1 de agosto de 1903 nacía un nuevo periódico "El Pueblo Vasco", periódico independiente que aceptaba franca y lealmente las instituciones políticas  que entonces regían en España. Quien lo sacaba era don Rafael Picavea Leguía, un político que brilló mucho en los primeros treinta años del siglo.

Aquel periódico vivió hasta julio de 1936.

El domingo 2 de agosto de 1903 en el concierto que dio la banda en el Boulevard interpretó La Walkiria. Cuando después del concierto se marcharon los músicos, un gentío inmenso siguió al director, pidiéndole que repitiese La Walkiria. Huyendo  de la manifestación  se metió en un café y allí le siguieron siendo conducido hasta el kiosko en hombros. Repitióse la pieza y la ovación.

En la fábrica de cervezas que la viuda de Kutz tenía en el antiguo se introdujeron en aquel año de 1903 notables mejoras. Disponía el establecimiento de un motor a gas de 40 caballos de fuerza, otro eléctrico de 30 y otro de uno; una caldera de 45 hectolitros con sus correspondientes enfriadores; un pastorizador y una máquina frigorífica de 27.000 calorías .

KOXKAS (R.M.)