miércoles, 10 de octubre de 2018

La Corte en San Sebastián



La Corte en San Sebastián
("100 años de vida de San Sebastián 1879-1979".- José BERRUEZO)

martes, 9 de octubre de 2018

KOXKAS DONOSTIARRAS: "Los toldos de los cafés"

LA moda -si se la puede llamar moda- de los cafés ha pasado. Ya no quedan casi en la ciudad.

Y uno al observar la escasez de estos lugares, antes tan típicos en las ciudades, se pregunta :"¿ dónde se reúnen las tertulias?¿O es que ya no hay tertulias? Porque las barras de los bares no son sitio apto y adecuado para aquellas tertulias, que los más viejos hemos conocido y a las que hemos acudido en muchas ocasiones. ¡Tertulias del Rhin, de la Marina, del Guría, del Oriental!¿Cómo no recordarlas con nostalgia, como algo entrañable que ya hemos perdido?".

Pues bien, estos y otros cafés al llegar la época de los calores ampliaban su espacio extendiéndose por el paseo o por la calle que era frontera de sus dominios.

Colocaban los toldos, "esas sombrillas que han de cobijar, en las siestas ardorosas de la canícula, escrbía un cronista en 1897, a tanto forastero distinguido, a tanta gentona de Madrid, de Salamanca, de Grijota, confundida en una sola selección, por esa mezcla de distinciones cortesanas y distinciones de provincia que se hacen todos los estíos en las estaciones veraniegas".

Los toldos de los cafés eran la sordina del sol que atenuaban sus ímpetus abrasadores, eran la frescura, la sombra incomparable en los rigores del verano.

Debajo de esos lienzos, y copio al cronista citado, "¡qué animación y qué bullicio!¡Qué hervor de gentes, qué ratos de placer indefinible a las horas del paseo, cuando la música suena en el kiosko de la Alameda, y desfilan a su compás, por el asfalto del Boulevard, cientos y cientos de bellezas, las mujeres, hermosas, las mujeres elegantes, el encanto de los salones de Madrid y de las tertulias aristocráticas de provincias!".

Cuando el sol caía de plano sobre la ciudad, los toldos impedían que se filtraran sus rayos, y en las mesas que invadían las aceras y paseos, se podía beber la gaseosa fría, la cerveza espumosa o deleitarse con la manteca helada.

Allí estaban y se reunían, sigo copiando al ya citado cronista de la época, "las caras bonitas coronadas con los sombrerillos de paja y flores; los cuerpos airosos vestidos con las holgadas blusas de fina seda, los inquietos abanicos, que acarician y perfuman el aire, llenando de vida y de color la esquina aquella, convertida durante muchas horas del verano en el centro de la riqueza, del talento, de la elegancia y del "sprit" de España".

Leyendo lo que aquel cronista escribió hace un siglo, pienso que la poesía envuelve el recuerdo y la añoranza.

KOXKAS - R.M. - DV. 07/06/1998

01 - El 28 de Febrero de 1876 .....

El 28 de Febrero de 1876 el pretendiente Carlos VII se refugió en Francia poniendo fin en el Norte a la guerra que había comenzado cuatro años antes. Este desenlace sorprendió a los donostiarras, ya que hasta hacía pocos días los cañones carlistas de Arratsain lanzaban sus granadas contra la que El Cuartel Real - periódico que se imprimía en Tolosa- llamó "la ciudad rebelde". Y dolorosa secuencia del continuado bombardeo, el 20 de Enero uno de aquellos proyectiles había segado las dos piernas a Indalecio Bizcarrondo, el popular "Bilinch", cantor de las cosas y de las gentes sencillas de nuestra tierra.

San Sebastián podía respirar tras cinco meses de sitio y asedio, a cuyo constante riesgo hubo de añadir la saturación ciudadana pues el censo de población había doblado al tener como huéspedes a casi diez mil refugiados, gentes de la provincia, liberales, milicianos y sus familias que, al comienzo de la guerra y al quedar desguarnecidas las villas del interior, hubieron de venir a la capital al amparo de algún pariente o fiadas en la ayuda de las autoridades.

Casi cuatro años de vivir desplazados de sus pueblos, donde habían abandonado casas, tierras, negocios y ocupaciones, sumieron a aquellos centenares de familias en una grave crisis económica que se prolongó durante largo tiempo puesto que las deudas contraídas para poder subsistir dentro de San Sebastián ampliaron sus plazos de amortización más allá del final de la guerra. Durante ella los negociantes habían hecho su agosto suministrando a los ejércitos contendientes desde armas y municiones hasta víveres y uniformes; pero no les fueron a la zaga los prestamistas que, en la capital sitiada y con muy raras excepciones, medraron a toda costa de la desgracia de aquellos guipuzcoanos. Las alhajas que pudieron salvar en la precipitada evacuación de las localidades amenazadas por el enemigo, las casas y los campos, de cuyas rentas se beneficiaba la administración carlista, fueron pasando a manos de usureros que así amasaron pingües fortunas .... Pero la guerra hizo también pagar amargo tributo a las gentes del País que, aun estando en el bando vencedor, vieron como el Gobierno de Alfonso XII, por cuyo triunfo habían ofrecido tantos sacrificios, les imponía la misma sanción que a los vencidos: la pérdida de los Fueros.
SAN SEBASTIÁN - Miqueletes de Guipúzcoa

Si la ruina, debida al fraude político, era inevitable y Guipúzcoa y con ella las otras provincias vascas hubieron de renunciar a su tradicional régimen administrativo, su repercusión económica tuvo en el ámbito familiar un paliativo : el que ofreció la Caja de Ahorros y Monte de Piedad Municipal -autorizada por Real Orden de 4 de febrero de 1879- que pronto empezó a funcionar en los bajos del edificio municipal, en la Plaza de la Constitución, sirviendo desde el primer momento para remediar urgencias económicas de donostiarras y guipuzcoanos.


( 100 años de vida de San Sebastián. 1879-1979.-JOSE BERRUEZO RAMIREZ)

lunes, 8 de octubre de 2018

KOXKAS DONOSTIARRAS : "Comercios y locales de ayer"

Pasan los años y cambian las tiendas, desaparecen los hoteles, se cierran los restaurantes. Los lectores de cierta edad se acordarán de los nombres que voy a citar a continuación que estaban abiertos al público hace cincuenta años, muchos de los cuales han fenecido. Comienzo por los hoteles que aquel verano estaban abiertos al público. Eran estos :

Hotel Avenida, en la Avenida nº 11, Europa, en Prim, 2. Arana, en Vergara, 7 . María Cristina, en La Zurriola. Continental, en Zubieta, 22. Ursula, en Miraconcha , 10. Izpura, en Easo, 2. Biarritz, en plaza de Zaragoza, 3. Niza en Zubieta, 56. Florida , en Easo, 4. La Estrella, plaza de Sarriegui, 1. Regina, Guetaria, 2. Shanti, Miracruz, 24. Residencia Navarra, Infante don Jaime, 6. Correo, Urbieta, 41. San Ignacio, Easo, 25. Internacional, San Martín, 59. París, Fuenterrabia, 11. Comercio, Urdaneta, 24. Londres, Zubieta, 2. Hispano Americano, Prim, 1. Alameda, Boulevard, 23. Excelsior, Guetaria, 8.

Cafeterías había en 1952 sólo dos : California, en Hernani, 17 y Argentina, en Mayor, 3.

Bares y restaurantes había muchos, procuraré citar a todos. Politena, en San Jerónimo, 3. Alcalde, Mayor 19. Irunesas, San Marcial, 5. Uranga, Guetaria, 12. Juanito, San Bartolomé, 6. Sutegui, Puerto, 17. Victor, Pescadería, 8. Caserío, San Jerónimo, 6. Iskiña, Fermín Calbetón, 4. Dana Ona, San Martín, 29. Barandiarán, Boulevard, 26. Urbieta, Urbieta, 12. Hípica, barrio de Loyola. Virgen del Carmen, Puerto, 2. Metropol, Usandizaga, 8. Choco-chiqui, Iñigo, 1. San Martín, en San Martín 66. Cervera, San Martín, 9. Derteano, Mari, 13. Zumeta, plaza de Easo, 5. Echeverría, Iñigo, 8. Eguía, Fermín Calbetón, 25. Esnaola, Easo, 59. Tiburcio, Fermín Calbetón, 40. Zarauztarra, plaza de Sarriegui, 8. Zumaya, Esterlines, 5. Cantábrico, San Francisco, 20. España, Esterlines, 22. Euskalduna, Easo, 69. Esperanza, Embeltrán, 16. Pedro Mari, Iñigo, 9. Oquendo, en Oquendo, 8. Irizar, Fermín Calbetón sin número. Flores, Puerto, 21. Lasarte, Elcano, 7. Melchor, Hermanos Iturrino, 5. Salduba, Pescadería, 6. El Chaval, Miracruz, 25. José Mari, Fermín Calbetón, 5. Domingo, San Jerónimo, 25. La Bandera, Alfonso VIII, 6. Múgica, San Jerónimo, 9. Izaskun, Carquizano, 4. Cojuenea, plaza de Sarriegui, 4. Sport, Fermín Calbetón, 6. Gure Txoko, Usandizaga, 5. Avión, Matía 10. Bartolo, Fermín Calbetón, 38. Marina, Marina, 11.

Los lectores jóvenes se llevarán una sorpresa al ver cuantos bares, comercios, restaurantes y tabernas había, que han desaparecido. Los años no pasan en balde .....

(KOXKAS - R.M. - DV. Sábado, 1 de Junio de 2002)

KOXKAS DONOSTIARRAS : "Florentino Rojo"

AQUEL mozo más bien bajo y algo rechoncho dio el salto que muchos jóvenes de su época se vieron obligados a dar. De su pueblo natal, Velilla del Duero en Valladolid, perdido entre las tierras mesetarias y en los páramos en los que trincaban las liebres y pateaban los cazadores cuando se levantaba la veda, marchó a Cuba en aquellos últimos años de nuestro imperio colonial, cuando ardía la guerra en la perla antillana y en las lejanas islas del Pacífico.

Al volver a España terminada la guerra, vino a San Sebastián y comenzó a trabajar como camarero en el Café Oteiza. Se llamaba Florentino Rojo y estaba llamado a convertirse en el magnate de los cafés donostiarras. Pronto sería el encargado del café, despertándose en él dotes de iniciativa y de organización.

Pocos años después era propietario de un café y luego de otro siendo en un momento determinado de cuatro: el Café del Norte y el de la Marina en el Boulevard, y el del Rhin y el Royalty en la Avenida de la Libertad.

Supo aprovechar la edad de oro de los cafés, cuando la guerra europea, 1914-18, volcó sobre San Sebastián "aquella fauna heteróclita y hasta multitudinaria de refugiados y huidos de todos los pueblos beligerantes, entre quienes bullían o se agrupaban ex ministros, espías, contraespías, desertores, revolucionarios, vividores y gentes que sólo aspiraban a vivir, artistas, patriotas y apátridas, diplomáticos, hampones de alto y bajo copete, jugadores, mujeres equívocas y bellas...", según escribía años después un cronista de la época.

En aquellos años, no sólo se tomaban aperitivos y cafés en aquellos establecimientos que daban cobijo a tertulias interminables entre los parroquianos y a viajantes que sobre las mesas de mármol hacían sus cuentas, sino que se oía música, se veía cine y se podían leer los periódicos de aquí, los de madrid y del extranjero. Y entre la gente cómodamente sentada circulaban los "echadores" repartiendo por las mesas leche y humeante café.

Florentino Rojo impuso su personalidad a sus cafés. Aunque nacido en otras tierras, era un donostiarra más que paseaba con su sombrero de paja en cuanto apretaba el sol como adelantándose a la temporada veraniega.

Lo que fue Arana para los espectáculos taurinos en los veranos de nuestra ciudad, lo fue Florentino Rojo para los cafés donostiarras.

Fue trayendo de su pueblo a familiares que trabajaron con él o se independizaron abriendo otros cafés, como los recordados café Madrid y café Raga en la Avenida.

Murió Florentino Rojo en Madrid el 14 de junio de 1952.

(KOXKAS - R.M. - DV. VIERNES 11 de Junio de 1999)

Los puentes del Urumea

El Urumea es un río humilde, no tiene el caudal que otros ni su cuenca es tan extensa como la de muchos ríos españoles. Desde su nacimiento, en los manantiales de Leiza y Ezcurra, discurre hasta su desembocadura a través de cincuenta kilómetros de bellos paisajes, de verdes prados, de campos sembrados de maíz, con caserías y árboles y vacas. Muere en el mar y a veces las galernas del bravo Cantábrico llegan hasta el río y las olas baten el último puente y echando una capa de espuma a las aguas que metros antes eran dulces. Las gaviotas revolotean por encima de él, en las horas en que la corriente fluye mansamente, se posan en sus aguas.

Ha sido nuestro río testigo de algunos fastos históricos y lo han cruzado bastantes ejércitos en son de guerra y personajes de alcurnia, y no lejos de sus orillas la pequeña historia escribió muchos de sus capítulos.

Hasta no hace muchos años, en sus aguas se pescaban salmones, pero llegó la revolución industrial y comenzaron  los vertidos y la polución, y los salmones eligieron otros ríos para puerto de sus periplos oceánicos. Rendían viaje en el Urumea como lo siguen haciendo en el Bidasoa o en el Cares, hasta que las aguas de nuestro río dejaron de ser cristalinas y puras y los salmones abandonaron el Urumea. Ya no quedan más pescadores en nuestro río que aquellos con paciencia y tenacidad manejan la caña en los puentes en busca de corcones.

Varios puentes unen las dos orillas y dejando el de Loyola y el de Ergobia en Astigarraga, voy a escribir algo sobre los más famosos, empezando por el más dilatada historia, el de Santa Catalina. Fue antaño este puente de madera y según refiere el historiador Joaquín Antonio del Camino, tenía 224 pasos de largo y 9 de ancho."Antiguamente había en su centro una válvula que se levantaba las veces que hubiese de atravesar dicho puente algún navío y cuidaba de ello un hombre asalariado con título de pontero, a quien pagaban derechos los bajeles que subían o bajaban, y además por una Ordenanza de 1337 se mandaba que de todos los salmones que se cogiesen con redes desde la barra de Seriola o Surriola hasta el puente de la Nasa, se diese a los maniobreros del puente de Santa Catalina el diezmo de lo que valiesen dichos salmones, y lo mismo el diezmo de los mules que se matasen con redes en el puerto grande y Concha hasta Santa Clara".

Según un cronista del siglo XVII era "grande", de madera que se extendía sobre el "desemboque" del Urumea, de "gentil artificio". Se abría por el centro para que "los navíos y bajeles e pinazas entraran e salieran río arriba e mar adentro".

El entretenimiento del puente de madera dañado por los temporales era elevado, y el municipio pnsó en construir uno de piedra. En 1659 el ingeniero Cristóbal de Zumarrieta, maestro mayor en fortificaciones de Guipúzcoa, proyectó uno con pilastras de piedra. Años después el ingeniero Felipe Crame presentó otro proyecto. El puente tenía 14 ojos y los planos tienen fecha de 1757. No se construyó. Con posterioridad Joseph de Arzadun presenta un proyecto y Juan Ascensio de Chocorro otro, el primero de 5 ojos y de 9 el segundo. Tampoco se llevan a efecto. Es el arquitecto Francisco de Ibero quien hace un nuevo proyecto con 7 ojos, 6 de cantería y uno de madera. Este proyecto levantó una polémica, publicándose un folleto en contra, "Hidráulico consumado en pluma de un profesor y ciudadano de San Sebastián", al que siguió otro en el que se defendía el proyecto de Ibero, "Demostraciones justificativas dirigidas a desvanecer los errores de un Hidráulico consumado", por un arquitecto guipuzcoano. Intervienen las autoridades, llega el asunto hasta la Corte, se interesan ministros y es el Rey CarlosIII quie ordena se estudien los planos por una comisión. Pero poco después murió el Rey y el puente no se hizo.

Sobre el puente de madera pasaron en 1793 los soldados de la Convención. Estas tropas, que levantaron en la plaza Nueva una guillotina en la que decapitaron a un cura y a un desertor francés, abandonaron San Sebastián tras la paz de Basilea, dejando el puente bastante deteriorado. En 1813 el puente es destruido y hasta 1819 hubo uno provisional. Es en esta última fecha cuando se construye uno más sólido que entró en funcionamiento en 1823 y que fue destruido en 1835 por los liberales al acercarse las tropas carlistas. El general Evans mandó construir uno en 1836 y tras el convenio de Vergara se hizo otro más sólido, pero también de madera.

La ciudad pensó en serio en construir un nuevo puente y salvada la cuestión del peaje gracias a Joaquin Jamar y Maximino Aguirre, se aprobó un proyecto y en enero de 1870 se subastaron las obras comenzando la empresa de José Antonio de Arsuaga la construcción dirigida por el arquitecto Antonio Cortazar. El 23 de Junio de 1872 se inauguró y es el actual con algunas modificaciones posteriores. Tenía 127 metros de longitud de estribo a estribo y 12 de ancho, cinco arcos rebajados y cada arco tiene 23 metros de luz con 6 metros 60 centímetros de flechas. Las pilas están fundadas sobre 6 hilados de pilotes separados entre sí 80 cms. Estos pilotes están cortados a 2,90 metros de la línea de estiaje. La cimentación se construyó por pilotaje y hormigón utilizándose piedras de Motrico y caliza de Loyola. Su coste fue de dos millones y medio de reales y se dejó de cobrar el peaje que tantos pleitos había originado.

En 1911 cegaron uno de los ojos debido a las obras que se realizaron en el muro de la margen derecha del río y a la vez fue ensanchado, siendo nuevamente objeto de obras de ensanchamiento en 1924 y 1974 y desde entonces, con su calzada y andenes es uno de los puentes más anchos de España. Es un bello puente que da acceso a la principal avenida de la ciudad, la que termina en el mirador natural de la Concha.

("Del San Sebastián que fue" . Juan María Peña Ibañez)

Prólogo en el Boulevard

SAN SEBASTIÁN, verano de 1879 : Son las ocho de la noche; la Alameda , hasta no hace mucho Paseo del Hornabeque, presenta el aspecto que describe así un cronista de la época : "Hermosura, gala, distinción, donaire, fina galantería, tertulias de confianza, suspiros, miradas, sonrisas, tributos a la hermosura, culto a Cupido; de todo esto se encontraba, todo se sucedía en agradable confusión y bello desorden en el precioso paseo de la Alameda, iluminado a la Veneciana, presentando un cuadro de "Las Mil y Una Noches ...."
En el kiosko la Banda del Tercero de Artillería ataca las primeras notas de la obertura de Rosamunda... Y en una de aquellas "tertulias de confianza", entre miradas, sonrisas y suspiros de la gente joven, este diálogo:
-¡Qué alegría, doña Clotilde! Otra vez por aquí....
-Sí,sí: han sido dos años de veraneo forzoso en el pueblo, pero ahora nos tomamos el desquite.
-¡La guerra, hija, la guerra!¿Quién nos lo iba a decir el año 72?
- Ciertamente ... pero este San Sebastián no ha cambiado en nada. Siempre igual: tan limpio, tan bonito, tan acogedor. Como que nosotros nos contentamos con su recuerdo y ni ánimos tuvimos para ir a Santander.
-Pues a mí me picó un poco la aventura y ....
-Esper, espere un momento que la Banda va a interpretar la Marcha Turca .... Por cierto: ¿donde se hospedan ustedes?
- Donde siempre: en el Hotel Inglés. ¿Y ustedes?
-Por no variar, en la Fonda de Madrid.
-¿Mañana nos veremos en La Concha?
-Sí, sí; allí estaré porque llevo ya el cuarto día de la novena ....
La Banda del Tercero de Artillería sigue desgranando sobre "la agradable confusión y el bello desorden de la Alameda" las notas brillantes de Mozart.
En el otro extremo del paseo y bajo un farolillo a la Veneciana, un coronel de Cazadores -altas polainas charoladas, brandeburgos, charreteras y chacó- mientras atusa sus patillas de boca de hacha, expresión de su fervor alfonsino, recuerda los recientes episodios de la guerra.
-Tenaz y firme este pueblo de San Sebastián, mi querido amigo.
-Si señor; como que en los días del Sitio hasta cantaba coplillas alusivas a las bombas carlistas. Igual que en Cádiz cuando la francesada.
-Han sido tres años de prueba, de sufrimientos, de sacrifico ....
-Y de heroismo; pero ya ve, mi coronel, aquí todo está como si no hubiese pasado nada. No podemos decir que San Sebastián renace; porque jamás, ni en las más duras jornadas, dejó de vivir. Y mucho menos de pensar que era la primera playa española.
-En efecto, y a la vista está el resultado: once mil forasteros hemos venido este año a la Bella Easo. Lo acabo de leer en la estadística que publica hoy El Urumea
-Parece imposible que podamos tener todos acomodo.
-Un poquito justos. Pero en fin,San Sebastián es San Sestabien.....
Un silencio sepulcral "como pocas veces se observa entre la multitud" -testimoniará al día siguiente la prensa local- se hizo en los cientos de veraneantes reunidos en la Alameda. Era que los sesenta maestros cantores del Orfeón Easonense iban a actuar por vez primera en público guiados por la batuta del maestro Sarriegui....
Las últimas notas del Contzesirentzat se pierden entre las altas frondas del paseo y una salva de aplausos premia la labor insuperable de los cantantes donostiarras.
-¡Estas son voces, mi coronel, y no las de la compañía italiana del Circo ...!
Junto al escritorio de D. José Arana la peña de los taurófilos comenta las incidencias de la corrida del día anterior.
-¡Mala tarde Salvaor!
Y Frascuelo asiente porque lo contrario sería mentir, máxime cuando las caras del Badila, del Colita y de Agujetas acusan la pasada tormenta.
-¡Aquel maldito "Caballero"!
-Lástima de toro; porque como carnes las tenía. Y cuernos y nervio y bravura.
Sonríe D. José poniendo de manifiesto el muestrario de marfil de su famosa dentadura.
-Mañana te sacas la espina.
-Sí; y que luego se gasten chuflillas en la Prensa. Mire usted que decir eso de que dí más pases que franchutes había en la plaza y que sufrí más desarmes que los que ha tenido la Milicia Nacional.... ¡Con "Dió", señores....!
Hay un revuelo de gestos, voces y miradas: entre un grupo de admiradores, Julián Gayarre, el gran tenor roncalés, marcha hacia el Hotel de Londres donde esta noche le obsequian con una cena. A los postres ofrecerá el regalo de su voz cantando el Spirito gentile del cuarto acto de Favorita .....
Y habrá tema para hilvanar al día siguiente cien conversaciones bajo otras tantas sombrillas en la fina acera de la Concha, mientras en el puerto la chiquillería estará en sus gloris viendo las cucañas y la caza de patos, regalos que el Municipio ofrece a los veraneantes para animación de la que comienza a ser la Semana Grande.
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San Sebastián, recién salido de los horrores de una guerra civil durante la cual permaneció aislado del resto de España, se rehace de manera pasmosa y reivindica sus derechos a ser la primera playa peninsular. Las escenas precedentes, que no pasarían inadvertidas a los redactores de la prensa donostiarra, inspiraron seguramente al editorialista del Diario de San Sebastián estos atinados comentarios, certera visión de la realidad easonense que, pese a los cien años transcurridos, conservan jugosa actualidad:
Hay pues motivos para congratularse de lo que a siendo la temporada de 1879. Debe de infundir ánimos a la digna Corporación Municipal para completar en breve plazo las mejoras indispensables para poner a San Sebastián al abrigo de toda rivalidad.
Es muy posible que dentro de cuatro años los puertos asturianos y gallegos se hallen en comunicación ferrea con Madrid y provincias de España. No creemos que San Sebastián tenga nada temer de esos nuevos competidores, pues amén de otras muchas circunstancias debidas a la energía de sus habitantes, hay dos : su playa y la situación geográfica que ocupa, que la favorece muy por encima de todas sus rivales.
Prueba terminante de ello fue que sin embargo de quedarse San Sebastián aislado durante tres años de guerra del resto de España y teniendo Santander por decirlo así el privilegio exclusivo de recibir a los forasteros en tan larga época, acabó la guerra en marzo de 1876 y pocos meses después acudían a San Sebastian 57.000 personas ratificando su preferencia sobre otros puntos de baños.
Para asentar sobre base indestructible su ya especial situación, deben terminarse el Palacio de la Plaza de Guipúzcoa y el Parque de Alderdi-Eder, y levantar en el sitio destinado un magnífico Casino.
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El palacio de la Plaza de Guipúzcoa, sede de la Diputación, cuya terminación reclamaba el editorialista del Diario de San Sebastián había comenzadoi a ser construído un año antes -en junio de 1878- bajo la dirección del arquitecto municipal D. José Goicoa. Un incendio ocurrido la noche de Navidad de 1885 lo destruiría totalmente, siendo reconstruído por los arquitectos Morales de los Ríos y Aladrén, que el 1 de julio de 1887 habrían de ver terminadas las obras del Gran Casino por ellos dirigidas junto al Parque de Alderdi-Eder, nombre que se dió, el 28 de mayo de 1879, al antiguo campo de maniobras militares


JOSE BERRUEZO RAMIREZ