La vida del periódico "La Voz de Guipúzcoa" va desde el primero de enero de 1885 al 19 de julio de 1936 y durante ese medio siglo fue un constante defensor de los intereses de San Sebastián y la provincia a la vez que de los ideales republicanos. En su cabecera podía leerse estas palabras : "Diario Republicano", y en ese mismo lugar se decía que se publicaba todos los días, incluso los festivos, dando a la vez cuenta de los precios de suscripción que eran de 4,50 pesetas los tres meses, 9 Ptas, el medio año y 17 Ptas. el año, vendiéndose el número suelto a 5 céntimos. Los anuncios y reclamos se cobraban a 25 céntimos la línea.
La dirección, redacción y administración estaba, paradoja para un diario republicano, en la calle del Príncipe, letra D, principal. Su primer director fue don Víctor Acha, que una vez lanzado el periódico cesó el 22 de abril, sucediéndole don Eduardo de la Peña. Los propietarios del periódico eran los hermanos Joaquín y Benito Jamar, Ramón Usabiaga y Manuel Oa.
El primer número, que se publicó el primero de enero hace ahora un siglo,constaba de cuatro páginas tamaño tabloide y en su editorial de presentación daba cuenta de cuál sería su ideario político: "Los que apartan la vista de las cuestiones personales, los que buscan en la Prensa buena fe e imparcialidad, esos pueden leer "La Voz de Guipúzcoa". Los que alardean quizá de hombres de orden, gozan en los alfilerazos que se dan al prójimo, y van husmeando la crónica picante, esos no encontrarán en nuestros escritos nada que sea de su gusto. Será una lástima, pero no servimos para ese oficio". Y más adelante decía: "La Voz de Guipúzcoa" es un periódico político que viene a defender las ideas republicanas- El que sea republicano, está con nosotros; al que no lo sea aún, procuraremos atraer a nuestro campo (...) Sabemos que somos la minoría, pero eso importa poco a quien no busca triunfos efímeros ni representación de mayorías, y no ambiciona otra cosa que defender la razón y la verdad. Ahí está, enfrente de nosotros, en esa mayoría, el carlismo, al que haremos ruda oposición; ahí está también el Partido Liberal de la Provincia, para el que guardamos todas nuestras simpatías (...) Manteniendo la integridad de nuestros principios republicanos, estaremos siempre, en este baluarte del carlismo, al lado de los liberales, mientras sepan o quieran ser liberales.
La preocupación del nuevo periódico era el carlismo, que hace un siglo era fuerte en Guipúzcoa. Y aparte del editorial en el que anunciaba que le haría ruda oposición, en este primer número arremetía contra un periódico carlista que se publicaba en Bilbao, "El Vasco", al que le dedicaba rebuscados epítetos.
Este primer número insertaba muy pocas noticias y comenzaba a publicar en forma de folletón la novela "El médico de aldea". Daba cuenta de la actuación en el Teatro Principal de una compañía de ópera de la que formaban parte las cantantes Baillou y Casayús, y los señores Farvaro, Carrión, Medini y Carapia, que habían puesto en escena "Barbero de Sevilla", a tres reales la entrada de general. Los anuncios eral la Papelería Jornet de Alameda, 15, la tienda del grabador C. Lamsfus de Alameda, 8 y la librería de Luis Rubinat, "centro general de suscripciones".
(KOXKAS. R.M. EL DIARIO VASCO. 2 de Enero de 1985.)
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miércoles, 2 de enero de 2019
KOXKAS DONOSTIARRAS: "La Voz de Guipúzcoa"
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¡QUE SE HAGA JUSTICIA! (02/01/1919)
Estamos constantemente censurando a los maridos que "zumban la pandereta" a sus señoras. Es justo también que censuremos a éstas cuando son ellas las que pegan. Ayer, en la calle Embeltrán, riñó un matrimonio y el pobrecito marido salió para la Casa de Socorro a que le curasen unos chichones que le había hecho su agria media naranja.
(LA VOZ DE GUIPÚZCOA.(Diario Republicano).Jueves 2 de Enero de 1919. Número 11.993)
(LA VOZ DE GUIPÚZCOA.(Diario Republicano).Jueves 2 de Enero de 1919. Número 11.993)
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martes, 1 de enero de 2019
AÑO NUEVO .... (01/01/1919)
He aquí que ya le hemos dado la puntilla a otro año más. Como todos los que le han precedido y mismamente que todos los que habrán de seguirle en el transcurso de la vida humana, el año que ayer feneció ha tenido de todo. Ha sido bueno, excelente, lisonjero para muchos. A otros muchos, a los que se han sentido fieramente perseguidos por la adversidad, todo habrá de parecerles poco y comedido en demasía el lenguaje que puedan utilizar para anatematizarlo. Así es siempre la vida. Una sucesión no interrumpida de bienandanzas y de desesperadas situaciones. Nunca llueve a gusto de todos. Esta frase parece encerrar una de las grandes, una de las pocas verdades de la vida.
Cosas buenas y malas han pasado, como en todos los anteriores, en el año que desde ayer mora en el recinto de la Historia. Pero es justo confesar que muchas de las cosas malas que han sucedido son imputables, puede decirse que exclusivamente a la propia maldad de los hombres. Mucha parte en la desventura social corresponde, indudablemente, a la fatalidad. Eso no se pone ni siquiera en trance de duda. Todavía el hombre no ha cavilado lo suficiente para regodearse con el éxito de haber puesto barreras infranqueables a la fatalidad. Somos muy pequeños para eso los hombres, no obstante nuestra tan decantada superioridad. Forzoso nos es, pues, someternos a los ignorados designios. Pero hay algo que está a nuestro alcance a poco que nos mostremos propicios a conseguirlo. Tenemos corazón, gozamos de una inteligencia que, si en sus orígenes no fue privilegiada, el correr de los siglos y la culminación de la cultura universal han hecho que se haya colocado en situación muy ventajosa para afrontar con probabilidades de triunfo rotundo, inconfundible, los problemas sociales de más vasta complicación que pueden presentársenos.
Los males sociales, que tanto desdicen de nuestro carácter de seres humanos, podrían hallar aminoraciones sensibles si nosotros pusiéramos más noble empeño en demostrar que somos hombres y no muñecos que bailan desenfrenadamente, arrítmicamente, al loco compás de los vaivenes de esta incierta y paradójica vida. Somos humanos pero no lo parecemos. Porque toda nuestra vida es una continua inhumanidad. Y se da el contrasentido enorme de que a un mayor esplendor en la cultura humana, en los procedimientos universales, parece que gozamos en acompañar una menor comprensión de los deberes anejos a la sociabilidad. Y este es un absurdo que no debe imperar en la escandalosa proporción, en la incomprensible ferocidad con que se nos muestra en estos tiempos de todos los pretendidos refinamientos culturales. Esta es la mejor demostración de que la cultura no corre pareja con la moral. Y hora es de que se comprenda que la cultura que no tenga por finalidad elevar la categoría moral de los individuos, es una cultura de relumbrón, una cultura barnizada que no persigue otra mira que la de envanecer tontamente a los seres que llegan a poseerla. Moral y cultura han de ser términos complementarios, si es que de veras queremos que algún día llegue a reinar sobre la tierra el espíritu de la fraternidad que debe distinguir a los seres señalados por idéntica condición de especie privilegiada y cuyas finalidades vitales convergen hacia el mismo punto.
Hemos despachado un año más. Bueno o malo, ya se fue. Cada cual sabrá que género de despedirla otorgarle. Eso se queda para el fondo secreto de cada ciudadano. Pero lo que a todos nos incumbe y nos interesa grandemente es que el año que hoy comienza sea el signo señalador de que estamos dispuestos a una honda corrección en nuestros procedimientos. Iniciemos una nueva vida con el año nuevo. Seamos comprensivos y tolerantes para todos los errores. Sepamos perdonar las injurias. Humanicémonos. Seamos hermanos. Conozcámonos. Socialicen, los que están obligados a hacerlo, la vida plena, moral, física e intelectualmente. Que el hambre no sea un estigma de estos tiempos. Que la incultura y la desmoralización no sigan sonrojándonos. En suma: que pueda ser verdad lo de "año nuevo, vida nueva".
JUAN DE EASO.
("LA VOZ DE GIPÚZCOA" (Diario Republicano). Miércoles, 1º de Enero de 1919. Número 11.998)
Cosas buenas y malas han pasado, como en todos los anteriores, en el año que desde ayer mora en el recinto de la Historia. Pero es justo confesar que muchas de las cosas malas que han sucedido son imputables, puede decirse que exclusivamente a la propia maldad de los hombres. Mucha parte en la desventura social corresponde, indudablemente, a la fatalidad. Eso no se pone ni siquiera en trance de duda. Todavía el hombre no ha cavilado lo suficiente para regodearse con el éxito de haber puesto barreras infranqueables a la fatalidad. Somos muy pequeños para eso los hombres, no obstante nuestra tan decantada superioridad. Forzoso nos es, pues, someternos a los ignorados designios. Pero hay algo que está a nuestro alcance a poco que nos mostremos propicios a conseguirlo. Tenemos corazón, gozamos de una inteligencia que, si en sus orígenes no fue privilegiada, el correr de los siglos y la culminación de la cultura universal han hecho que se haya colocado en situación muy ventajosa para afrontar con probabilidades de triunfo rotundo, inconfundible, los problemas sociales de más vasta complicación que pueden presentársenos.
Los males sociales, que tanto desdicen de nuestro carácter de seres humanos, podrían hallar aminoraciones sensibles si nosotros pusiéramos más noble empeño en demostrar que somos hombres y no muñecos que bailan desenfrenadamente, arrítmicamente, al loco compás de los vaivenes de esta incierta y paradójica vida. Somos humanos pero no lo parecemos. Porque toda nuestra vida es una continua inhumanidad. Y se da el contrasentido enorme de que a un mayor esplendor en la cultura humana, en los procedimientos universales, parece que gozamos en acompañar una menor comprensión de los deberes anejos a la sociabilidad. Y este es un absurdo que no debe imperar en la escandalosa proporción, en la incomprensible ferocidad con que se nos muestra en estos tiempos de todos los pretendidos refinamientos culturales. Esta es la mejor demostración de que la cultura no corre pareja con la moral. Y hora es de que se comprenda que la cultura que no tenga por finalidad elevar la categoría moral de los individuos, es una cultura de relumbrón, una cultura barnizada que no persigue otra mira que la de envanecer tontamente a los seres que llegan a poseerla. Moral y cultura han de ser términos complementarios, si es que de veras queremos que algún día llegue a reinar sobre la tierra el espíritu de la fraternidad que debe distinguir a los seres señalados por idéntica condición de especie privilegiada y cuyas finalidades vitales convergen hacia el mismo punto.
Hemos despachado un año más. Bueno o malo, ya se fue. Cada cual sabrá que género de despedirla otorgarle. Eso se queda para el fondo secreto de cada ciudadano. Pero lo que a todos nos incumbe y nos interesa grandemente es que el año que hoy comienza sea el signo señalador de que estamos dispuestos a una honda corrección en nuestros procedimientos. Iniciemos una nueva vida con el año nuevo. Seamos comprensivos y tolerantes para todos los errores. Sepamos perdonar las injurias. Humanicémonos. Seamos hermanos. Conozcámonos. Socialicen, los que están obligados a hacerlo, la vida plena, moral, física e intelectualmente. Que el hambre no sea un estigma de estos tiempos. Que la incultura y la desmoralización no sigan sonrojándonos. En suma: que pueda ser verdad lo de "año nuevo, vida nueva".
JUAN DE EASO.
("LA VOZ DE GIPÚZCOA" (Diario Republicano). Miércoles, 1º de Enero de 1919. Número 11.998)
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UN AÑO MÁS (01/01/1919)
Año viejo ¡ Qué pronto se dice y cuanto se encierra bajo esas dos palabras! Corta extensión pero largo contenido.
Ha pasado un año más, el avaro habrá amontonado riquezas, el mundano habrá acoplado placeres, y el ciudadano honrado y cristiano habrá atesorado virtudes y apilado méritos.
Las riquezas la polilla las corroe y el ladrón se las lleva, los placeres corroen el alma y como ladrones roban la salud del cuerpo y la vitalidad del espíritu, la virtud es tónico del cuerpo y galanura del alma son los méritos.
El año ha pasado. Ese vertiginoso vehículo que se llama tiempo ha pasado delante de la humanidad arrastrando a la otra vida lo que cada uno en él ha depositado.
Cuando nos arrastre también a nosotros allí encontraremos lo que en él hayamos acumulado, ira encontrarán allí los que atesoraron ira y encontrarán misericordia los que misericordia atesoraron.
Pasa el tiempo y con él todas las cosas mordidas por el diente feroz de ese implacable enemigo de las realidades mudables.
¡Cuántas ilusiones desvanecidas, cuántos proyectos de grandeza humana deshechos, cuántas vidas segadas en flor, cuántos tronos derrumbados!
Ha terminado la guerra, que vertió durante el año que acaba de morir torrenteras de sangre generosa, destruyó populosas ciudades y arrasó gigantescos imperios. Ha pasado un año más, dejando envuelto en densa penumbra el porvenir que parece percibirse como inquietante amenaza. Malo fue el pasado y el Señor nos tenga de su mano en el año que hoy comienza, por cierto bajo augurios nada felices ya que en todas partes se nota bullir de pasiones y alarma de inquietudes involucionarias.
Malo o bueno también pasará el año que hoy comienza, sólo Dios no pasa. Sólo El contempla inmutables desde el elevado pináculo de su eternidad el trasiego de las generaciones y el rodar y desgastarse de los mundos.
El ve la lucha de los hombres, contempla sus odios y sus prevaricaciones, para castigarlas; pero sin apresurarse, sino tomándose tiempo como quien tiene por suya la eternidad entera.
El ve también los sacrificios y las virtudes de sus seguidores, indiferente a veces a nuestro parecer; pero en realidad siempre atento a ellas, para que ni la más mínima quede sin recompensa apretada y colmada.
¡Qué pobres debemos parecerle a Dios en nuestra ruindad!¡Qué miserables en nuestras prevaricaciones! Pero como nos ama tanto ¡ qué agradables en nuestros sacrificios y buenas obras!
Él que es Señor del tiempo y que nos otorga el señalado bien de ver un año más, colmenos en sus gracias y véanos adornados en sus virtudes.
No olvidemos que todo pasa en el mundo, la grandeza humana es flor de un día, luz que se apaga, la sabiduría de los hombres y su grandeza como el día que pasó del que no queda memoria. Dios sólo es grande, Dios sólo es sabio y poderoso y Él solo no pasa porque sólo Él es eterno.
Vivamos desde el primer día de éste año como quisiéramos haber vivido el último, y no olvidemos los tan asendereados como hermosos versos de Ayala:
Un año más en la virtud pasado
Un paso es más que te aproxima al cielo.
("LA CONSTANCIA" (Diario Integro-fuerista). Miércoles 1º de Enero de 1919. Número 6908)
Ha pasado un año más, el avaro habrá amontonado riquezas, el mundano habrá acoplado placeres, y el ciudadano honrado y cristiano habrá atesorado virtudes y apilado méritos.
Las riquezas la polilla las corroe y el ladrón se las lleva, los placeres corroen el alma y como ladrones roban la salud del cuerpo y la vitalidad del espíritu, la virtud es tónico del cuerpo y galanura del alma son los méritos.
El año ha pasado. Ese vertiginoso vehículo que se llama tiempo ha pasado delante de la humanidad arrastrando a la otra vida lo que cada uno en él ha depositado.
Cuando nos arrastre también a nosotros allí encontraremos lo que en él hayamos acumulado, ira encontrarán allí los que atesoraron ira y encontrarán misericordia los que misericordia atesoraron.
Pasa el tiempo y con él todas las cosas mordidas por el diente feroz de ese implacable enemigo de las realidades mudables.
¡Cuántas ilusiones desvanecidas, cuántos proyectos de grandeza humana deshechos, cuántas vidas segadas en flor, cuántos tronos derrumbados!
Ha terminado la guerra, que vertió durante el año que acaba de morir torrenteras de sangre generosa, destruyó populosas ciudades y arrasó gigantescos imperios. Ha pasado un año más, dejando envuelto en densa penumbra el porvenir que parece percibirse como inquietante amenaza. Malo fue el pasado y el Señor nos tenga de su mano en el año que hoy comienza, por cierto bajo augurios nada felices ya que en todas partes se nota bullir de pasiones y alarma de inquietudes involucionarias.
Malo o bueno también pasará el año que hoy comienza, sólo Dios no pasa. Sólo El contempla inmutables desde el elevado pináculo de su eternidad el trasiego de las generaciones y el rodar y desgastarse de los mundos.
El ve la lucha de los hombres, contempla sus odios y sus prevaricaciones, para castigarlas; pero sin apresurarse, sino tomándose tiempo como quien tiene por suya la eternidad entera.
El ve también los sacrificios y las virtudes de sus seguidores, indiferente a veces a nuestro parecer; pero en realidad siempre atento a ellas, para que ni la más mínima quede sin recompensa apretada y colmada.
¡Qué pobres debemos parecerle a Dios en nuestra ruindad!¡Qué miserables en nuestras prevaricaciones! Pero como nos ama tanto ¡ qué agradables en nuestros sacrificios y buenas obras!
Él que es Señor del tiempo y que nos otorga el señalado bien de ver un año más, colmenos en sus gracias y véanos adornados en sus virtudes.
No olvidemos que todo pasa en el mundo, la grandeza humana es flor de un día, luz que se apaga, la sabiduría de los hombres y su grandeza como el día que pasó del que no queda memoria. Dios sólo es grande, Dios sólo es sabio y poderoso y Él solo no pasa porque sólo Él es eterno.
Vivamos desde el primer día de éste año como quisiéramos haber vivido el último, y no olvidemos los tan asendereados como hermosos versos de Ayala:
Un año más en la virtud pasado
Un paso es más que te aproxima al cielo.
("LA CONSTANCIA" (Diario Integro-fuerista). Miércoles 1º de Enero de 1919. Número 6908)
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viernes, 14 de diciembre de 2018
LA PESCA DE ANGULAS
"Somos muchos los que en punto a pescados preferimos los que no tienen espinas - la angula, el chipirón, la langosta y el langostino - y de los que la tienen, el salmón y la sardina.
¿Porqué estos dos extremos; es decir, lo fino y lo basto? Nunca me he entretenido en averiguarlo. Solo sé que coincidimos y que, lo repito, los que proclamamos la supremacía del pescado sin espinas, solo admitimos fuera de estos, la sardina y el salmón.
La angula de la Isla, en Bilbao; la angula de Aguinaga, en San Sebastián. Por supuesto que en estas denominaciones entra toda la angula que se pesca desde más allá de San Antón hasta la Salve, en Bilbao; y desde cerca de Usurbil hasta Orio, aqui en Guipúzcoa.
Porque si toda la angula que se vende en Bilbao como de la Isla, fuera de la Isla, y toda la que se vende en San Sebastián como de Aguinaga, fuese de Aguinaga, habría que convenir que en ambos puntos todo el monte es orégano, esto es, todo el agua angulas.
El codiciado pescado, no obstante su abundancia en determinadas épocas, es apenas conocido en muy pocas regiones de España.
En Asturias hasta hace no muchos años era despreciado por los pescadores de aquella costa, y si no fuese porque tal vez se me exigirían pruebas, afirmaría rotundamente que el secreto de pescarlas y sobre todo el de exportarlas le importó a aquel país un veterano militar que hoy pasa los últimos días de su vida en Zarauz.
En el banquete celebrado en Bilbao recientemente en obsequio de los industriales que acudieron al meeting de protesta, figuraba la indispensable angula de la Isla. Para muchos catalanes el plato tenía los encantos de lo desconocido. Y no hay para qué decir que con lo mirados y cumplidos que ellos son, trataron de hacer los honores al típico plato del país, cargando la mano al servirse.
Estaban las angulas tentadoras. Blanquísimas, sueltas, relucientes, fosforescentes como Moret y tan frescas y bien puestas, que "se escurrían del tenedor al levantarlas del plato", condición indispensable, según los bilbaínos, para que la angula sea buena.
En honor a la verdad hay que declarar que a los catalanes no les satisfizo mayormente nuestro plato favorito. Lo celebraron, eso sí, por cortesía; pero si puede decirse que el elogio no salió más que de dientes afuera, también puede decirse que la angula no les pasó de dientes adentro.
Hay que reconocer la superioridad de la angula bilbaina. Es más blanca, más tiesa, más robusta; pero hay que reconocer también que tenemos a nuestro favor una circunstancia estimabilísima : la abundancia.
En Bilbao se paga a veces la libra a cinco duros; pero el precio no suele bajar nunca de cinco pesetas.
Aquí, la de Aguinaga, se ha pagado el día de Nochebuena a siete reales libra.
El atún ha usurpado un nombre a la angula.Si por lo bonito de la pesca se le llama bonito, habría que llamar bonita a la blanquísima y pura angula que cubre la blancura de su cuerpo con el negro del cieno de la ría.
Las orillas del Oria ofrecen estas noches un aspecto fantástico al que viaje por la carretera de la costa.
La angula se pesca con luz, y como me decía un viejo pescador, no hace aún muchas noches, siempre se saca algo. Hay noches que en pocos minutos que se esté en la orilla de la ría se saca un quintal de angula, y noches que estando seis horas se saca un reuma que le deja a uno tronzado. -- Aemece.
(FUENTE : LA VOZ DE GUIPÚZCOA. Diario Republicano. 28 de Diciembre de 1893. pág.01)
¿Porqué estos dos extremos; es decir, lo fino y lo basto? Nunca me he entretenido en averiguarlo. Solo sé que coincidimos y que, lo repito, los que proclamamos la supremacía del pescado sin espinas, solo admitimos fuera de estos, la sardina y el salmón.
La angula de la Isla, en Bilbao; la angula de Aguinaga, en San Sebastián. Por supuesto que en estas denominaciones entra toda la angula que se pesca desde más allá de San Antón hasta la Salve, en Bilbao; y desde cerca de Usurbil hasta Orio, aqui en Guipúzcoa.
Porque si toda la angula que se vende en Bilbao como de la Isla, fuera de la Isla, y toda la que se vende en San Sebastián como de Aguinaga, fuese de Aguinaga, habría que convenir que en ambos puntos todo el monte es orégano, esto es, todo el agua angulas.
El codiciado pescado, no obstante su abundancia en determinadas épocas, es apenas conocido en muy pocas regiones de España.
En Asturias hasta hace no muchos años era despreciado por los pescadores de aquella costa, y si no fuese porque tal vez se me exigirían pruebas, afirmaría rotundamente que el secreto de pescarlas y sobre todo el de exportarlas le importó a aquel país un veterano militar que hoy pasa los últimos días de su vida en Zarauz.
En el banquete celebrado en Bilbao recientemente en obsequio de los industriales que acudieron al meeting de protesta, figuraba la indispensable angula de la Isla. Para muchos catalanes el plato tenía los encantos de lo desconocido. Y no hay para qué decir que con lo mirados y cumplidos que ellos son, trataron de hacer los honores al típico plato del país, cargando la mano al servirse.
Estaban las angulas tentadoras. Blanquísimas, sueltas, relucientes, fosforescentes como Moret y tan frescas y bien puestas, que "se escurrían del tenedor al levantarlas del plato", condición indispensable, según los bilbaínos, para que la angula sea buena.
En honor a la verdad hay que declarar que a los catalanes no les satisfizo mayormente nuestro plato favorito. Lo celebraron, eso sí, por cortesía; pero si puede decirse que el elogio no salió más que de dientes afuera, también puede decirse que la angula no les pasó de dientes adentro.
Hay que reconocer la superioridad de la angula bilbaina. Es más blanca, más tiesa, más robusta; pero hay que reconocer también que tenemos a nuestro favor una circunstancia estimabilísima : la abundancia.
En Bilbao se paga a veces la libra a cinco duros; pero el precio no suele bajar nunca de cinco pesetas.
Aquí, la de Aguinaga, se ha pagado el día de Nochebuena a siete reales libra.
El atún ha usurpado un nombre a la angula.Si por lo bonito de la pesca se le llama bonito, habría que llamar bonita a la blanquísima y pura angula que cubre la blancura de su cuerpo con el negro del cieno de la ría.
Las orillas del Oria ofrecen estas noches un aspecto fantástico al que viaje por la carretera de la costa.
La angula se pesca con luz, y como me decía un viejo pescador, no hace aún muchas noches, siempre se saca algo. Hay noches que en pocos minutos que se esté en la orilla de la ría se saca un quintal de angula, y noches que estando seis horas se saca un reuma que le deja a uno tronzado. -- Aemece.
(FUENTE : LA VOZ DE GUIPÚZCOA. Diario Republicano. 28 de Diciembre de 1893. pág.01)
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martes, 11 de diciembre de 2018
SANTO TOMASE'KO FERIYA.1886
.- LA FERIA.
Desde las primeras horas de la mañana comenzó a llenarse la plaza de la Constitución de puestos en los que se expendían desde el sabroso y curuscante churro hasta la ferrea sartén o el luciente perol, pasando por la infinidad de objetos y baratijas que son de ene...(???) en tales fiestas.
Las fornidas caseras y hermosas aldeanas, acudieron bien de mañana llevando sobre la erguida cabeza, como las estatuarias griegas de la antigua Caria, grandes cestas que repletas de compras más tarde se veían.
A las once de la mañana llenáronse de gente los anchos soportales de la cerrada plaza, hasta el punto de que a las doce el gentío invadía por completo aquel sitio.
El ruido de los silbatos alternaba con el no menor de los tambores, por infantiles manos manejado, y eso unido a las animadas conversaciones de aquella abigarrada y heterogénea multitud daba a la feria un aspecto animado y bullanguero.
Las pollas más bonitas de nuestra capital, animaron con su presencia la feria, y los galantes donostiarras si fueron con ánimo de feriarse novia de seguro que no supieron elegir porque allí había de lo bueno lo mejor y es difícil elegir entre mucho bueno.
(LA VOZ DE GUIPÚZCOA.22/12. pág.02(04))
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SANTO TOMASE'KO FERIYA.1885
Al mediodía ofrecían un buen golpe de vista los alrededores de la ciudad, por cuyas avenidas penetraban en variados grupos los habitantes de los pueblos limítrofes y de los caseríos desparramados por la comarca.
La mayor parte de estos huéspedes, a quienes llama a nuestra población el incentivo de la feria de Santo Tomás traían entre otros presentes de Navidad, aves de corral, corderos, cochinillos de leche y crías de otras especies con que obsequian anualmente por esta época a los dueños de los caseríos y tierras arrendadas, a quienes entregan al mismo tiempo la renta del año.
También dieron buen contingente los pueblos inmediatos a la vía del ferrocarril.
La feria estuvo muy animada, por más que a decaído de su antiguo esplendor, como todas ellas. La parte vieja de la ciudad se veía invadida por gente en su mayor parte forastera.
(LA VOZ DE GUIPÚZCOA. 22/12. pág.03(02))
La mayor parte de estos huéspedes, a quienes llama a nuestra población el incentivo de la feria de Santo Tomás traían entre otros presentes de Navidad, aves de corral, corderos, cochinillos de leche y crías de otras especies con que obsequian anualmente por esta época a los dueños de los caseríos y tierras arrendadas, a quienes entregan al mismo tiempo la renta del año.
También dieron buen contingente los pueblos inmediatos a la vía del ferrocarril.
La feria estuvo muy animada, por más que a decaído de su antiguo esplendor, como todas ellas. La parte vieja de la ciudad se veía invadida por gente en su mayor parte forastera.
Chorishuá eta oguiyá
Santo-Tomasen feriyá.
Entre esta descollaban infinidad de mujeres hermosas. Desgraciadamente, no había feria de ellas. Más bien se trataba de certamen de belleza, cuyo premio venían a disputar a las niñas donostiarras las muchachas de los caseríos. Puestos a optar entre unas y otras, nos hubieramos quedado con todas juntas, pues cualquiera de ellas es premio harto más efectivo que el de la rifa de las hermanas oblatas, que daban malos muñecos por buenos dineros, y servían a la vanidad a costa de la primera de las virtudes, que no sabemos lo que saldrá ganando de estas fiestas.(LA VOZ DE GUIPÚZCOA. 22/12. pág.03(02))
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