Dos lineas sobre uno y otra.
Hablar del puerto es hacerlo de Lasala. En 1850 este caballe-ro donostiarra decide mejorarlo. Ha quedado estropeado y aun-que acaso ya se presiente que no volverá a sus años de esplen-dor, es preciso arreglarlo.
Fue entonces cuando se le dividió en dos puertos, mercan-te y de pescadores.
La generosidad del señor Lasala lo alcanzó todo. No quiso gravar a su pueblo en circunstancias dificiles. Echó mano del sistema de suscripciones y adelantó las sumas necesarias por capitalistas, comerciantes y propietarios para ejecutar las obras.
Nuestro puerto le debe gratitud imperecedera.
¡La isla!
¿Quién no ha soñado con descubrir y desembarcar en una isla? ¿Con adentrarse en sus bosques y hallar rios, árboles, fru-tos y pájaros?
Y cómo nos cautiva la soledad de las islas, su lejanía, su poesía.
La historia de nuestra isla es pequeña. Como ella. Como un eco o una gota de la gran historia de San Sebastián.
Tuvo en un tiempo una ermita con la advocación de Santa Clara.
Fue del Monasterio de San Bartolomé.
Y en el día de su patrona se celebraba la Misa, y la alegra-ban luego bailes, chistu y tamboril.
Dijeron que años después vivió en ella un ermitaño. Debía de ser franciscano y pedia limosna. Dormía en una celda, con-taba historias muy entretenidas y ayudaba a llenar barriles de vino en el puerto.
La isla de Santa Clara sabe toda nuestra historia. Si no la cuenta es porque no sabe hablar. Vio pasar navíos y barcazas con hierros y con marineros. Vio a San Sebastián cercada, que mada, pescadora de ballenas. Asistió a la llegada de reyes. Es-cuchó nuestros cohetes y se alumbró con nuestros fuegos arti-ficiales. Nos vio crecer con la seguridad de que no la invadi riamos.
Ha sido testigo callado y discreto de nuestro ayer, y lo será de nuestro futuro.
Pero si su historia es corta, qué grande es su belleza. ¿Ima-ginamos la Concha sin isla?
En la perfección de nuestra bahía no podía faltar su adorno. Da además seguridad a nuestra bahia porque amaina las co-rrientes.
Y pone una nota de misterio en vuestras excursiones al ha-ceros decir, sencillamente:
-Voy a la isla
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