sábado, 13 de diciembre de 2025

VIII Carril

 VIII Carril 

San Sebastián, como pueblo de pescadores, ha tenido mucha afición a las regatas. Sabido es el origen de ésto, que hoy se considera como un deporte, pero era una pugna profesional, por alcanzar los que llegaban los primeros con la pesca capturada, los mejores precios a su trabajo, que a medida que iban llegando los rezagados, disminuía en razón a la mayor oferta contra la colmada demanda. Hubo muchas ocasiones en que el amor propio, creó desafíos y de ahí las regatas. San Sebastián se distinguió por sus victorias y entre otros desafíos, aceptó uno, el más importante que se recuerda en el Cantábrico. Los vizcaínos de Ondárroa, estimulados por los adinerados bilbaínos, que se ofrecieron a ayudarles pecuniariamente (eran los tiempos del boom de las minas y de la euforia bilbaína) y aceptar cuantas apuestas se hicieran contra los donostiarras. El desafío consistió en una regata, en alta mar, desde Lequeitio a Guetaria. Aceptado el reto por San Sebastián, los vizcaínos viendo que los potentados de Bilbao jugaban con gran momio por sus paisanos de Ondárroa, estimularon a todo Vizcaya a seguir su pauta y hubo quien se apostó los enseres de pesca y hasta las lanchas y redes, entre los hombres de mar, y vacas y otras reses menores, entre los caseros de Vizcaya. La regata se jugaba, no con estas traineras con las que hoy se regatea, sino con las utilizadas para las faenas de pesca, mucho más pesadas y no tan preparadas como ahora, que se construyen como elementos de sport. Las tripulaciones de ambas traineras, eran las mejores del Cantábrico, si no no hubieran corrido aquella regata de nueve millas en mar abierto. El día señalado era un 2 de diciembre de 1890, cuya víspera había caído una nevada intensa en Azpeitia, donde aquellos días oía hablar mucho de la dichosa regata. La regata fue dura, ganó la tripulación de San Sebastián patroneada por Luis Carril, que había ganado todas las regatas que había jugado, menos una jugada en Hendaya contra Pasajes San Pedro, por discusiones entre los organizadores, que no llegaron a un acuerdo. Las demás, una jugada en Zarauz, en honor de Isabel II, otra al terminar la guerra civil carlista, contra Orio, donde actuó de patrón por primera vez, otra igual en 1878, contra Orio, otra en la bahía de la Concha, cuando la Reina Regente María Cristina vino por primera vez a San Sebastián, otra en 1889 contra Pasajes de San Juan y Pasajes de San Pedro, que trajo como consecuencia otras dos repetidas con los mismos, y un primer premio el mismo verano en San Sebastián y finalmente la inolvidable del 2 de diciembre, que colmó su gloria, dándole un nombre que llegó a toda la nación y a las costas vecinas. Vizcaya quedó sumida por la pérdida de todas las apuestas y desmoralizada, hasta el punto de que no conocemos ninguna otra regata en la que hayan tomado parte los valientes pescadores de Ondárroa. El Mamelena n. 3, fue el que sirvió de baliza de llegada en Guetaria. Los protagonistas de este suceso al cabo de unos pocos años tuvieron un final trágico.

El día 19 de octubre de 1892, salía Carril con su tripulación, que era la misma con la que regateó el 2 de diciembre de 1890 con alguno que no tomó parte en aquella hazaña, como de costumbre a la pesca de anchoa a las dos de la madrugada, cuando llegaban a las calas unas 10 millas de distancia, cambió el viento, tomando aspecto de galerna; un remolino, hizo zozobrar a la trainera y se vieron los 13 tripulantes con que la lancha había quedado vuelta y ellos agarrándose a lo que pudieran para defenderse de las olas que iban en aumento. Luchando denodadamente, a los 15 minutos, desaparecía el primer tripulante, a éste siguió otro exclamando ¡Pobres de mis hijos! Un golpe de mar, arrebató a otro, mientras Carril se despojó de su ropa para nadar mejor, animando a sus hombres y dándoles esperanzas de que alguna lancha que volviese de arribada los podría auxiliar. Efectivamente, vieron una a lo lejos y uno de los pescadores poniendo, a du ras penas, una chaqueta en un remo, esperó con ilusión, pero el desengaño fue inmenso al pasar de largo sin ser vistos; esto desmoralizó a los que quedaban y fueron cayendo poco a poco sin vida. Carril, fatigado por una lucha con el frío y cuatro horas de estar nadando, les dijo: «Si nos salvamos iremos a Lezo y sacaremos una misa para dar las gracias al Cristo», pero agotado también se hundió; y así fueron despidiéndose hasta el noveno, José Joaquín Landa, desfallecido, exclamó: «Ya sé que no tengo remedio, rezad por mí», y se hundió. Al poco tiempo, se volvió a ver otra lancha que pasaba más cerca y debió ver el remo enarbolado; llegó y les socorrió prestándoles los auxilios que requerían. Esta lancha era la lancha calera llamada «Avelina», cuyo propietario Francisco Iturrioz apodado «Pólvora», ganó a un ondarrés que le había jugado en la famosa regata que ganó el patrón de la trainera que acababa de ahogarse con 9 de sus tripulantes. Sic transit Gloria mundi. Carril tenía 46 años. Como es natural, el suceso causó dolorosa impresión y se iniciaron suscripciones, estudiantinas, funciones teatrales y cuantos elementos pudieran contribuir a ayudar a tantas familias desamparadas.



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