Felipe II y los capitanes y soldados donostiarras a su servicio. Don Miguel de Oquendo y sus expediciones hasta el desastre de la Armada Invencibile-Feli-pe III en San Sebastián y las infuntas de Espalla y Francia. Con las medidas del moelle donostiarra se hará el de Gibraltar-El raro fenómeno de haber le-gudo intacto a maestro puerto el cuerpo de la venerable Doña Laisa Carvajal Felipe IV, las defensas de San Sehastión y los corsarice donostiarras-Nuevas bodas reales-Par de los Pirineos-Titulo concedido por Felipe IV a la ciudad de San Sebastian.
El emperador Carlos V se ha retirado a Yuste; quiere dor-mir en la sombra del claustro el fuego de tanto sol glorioso co-mo campea en sus orgullosas banderas.
Felipe II ha heredado una pesada carga. Salen al paso del Imperio hispano, en luchas sin tregua, ambiciones políticas y reformadoras ideas religiosas. Y frente a todas ellas, hom-hres de San Sebastián, al lado del Monarca, que une a las dis-posiciones de gobierno las claras prácticas de la estrategia mi-litar, dibujadas al dorso de los planos que levantan la futura mole del Escorial.
En vanguardia, los donostiarras, tras su capitán Francisco de Mutiloa, asaltan San Juan de Luz (las tropas guipuzcoanas estaban mandadas por el Duque de Gandía, hijo de San Francisco de Borja). Estamos en guerra con Enrique II de Francia. Armados de naos y marineria guipuzcoana dice Camino- la mayor parte de ella bajo el mando de don Luis de Carbajal, Capitán General del Mar de Poniente, salió de San Sebastián y habiendo llegado a Calais, se debió a este socorro la victoria de Gravelinas contra Mr. Tourmes, el cual si no hubiese acu dido a tiempo nuestra gente hubiera deshecho, sin duda, toda la caballeria e infanteria del Conde de Egmont, a quien traía ya por los alcances contando por seguro el triunfo.
La guerra entre España y Francia se terminó con la paz de Cambray de 1559; había fallecido la Reina Maria de Inglate-rra, mujer de Felipe II, y nuestro Rey se casó con Isabel de la Paz, quien en 1565 pasó por San Sebastián para verse en Bayo-na con su hermano Carlos IX y su madre doña Catalina, Rei-na de Francia. Magnifico fue el recibimiento que San Sebas tián hizo a S. M. entre salvas del Castillo, murallas y navíos surtos en la Concha estremeciendo los aires con su estrépito y con retumbancia de los montes circunvecinos en que se iba a encontrar el eco de la artilleria».
Asegura Garibay, quien se halló presente en toda esta fun-ción para informarse ocularmente de ella, que los mismos ca-balleros franceses, quienes venían vestidos con arrogante os tentación acompañando a la Reina, quedaron como fuera de si, y abandonando la real comitiva corrian con sus caballos a los arenales perdido el tino de la gravedad y el decoro, por dis-frutar mejor desde aquel paraje tan extraordinario espectácu lo para cuya mayor plausibilidad hizo la villa costosas ex-pensas.
Innumerables fueron las acciones de guerra en las que par-ticiparon los donostiarras durante el reinado de Felipe IL. De todas ellas, amén de las escaramuzas que en la proximidad de la frontera con Francia tuvieron lugar, hay que destacar los he-chos heroicos del General Miguel de Oquendo, que acudió a una expedición contra las costas africanas del Mediterráneo.
Oquendo estuvo con marineros de San Sebastián en las islas Terceras enfrentado a la escuadra francesa mandada por Felipe Stroci, muy superior a la nuestra. De este combate trajo Oquen-do, con su victoria, banderas y estandartes que dejó vinculados a su Mayorazgo y se añadieron a su escudo de armas.
El Prior de Ocrato, pretendido rey de Portugal, que fue quien encendió la guerra, tuvo que refugiarse en una de las islas.
Los capitanes Garagarza y Arriola, estaban con Oquendo en aquellas horas gloriosas.
El corsario inglés Drake, que había robado en los puertos de Galicia, fue perseguido por los donostiarras, quienes nunca dejaron de presentarle combate.
En 1588, el mundo de los mares debía ser disputado entre España e Inglaterra, en cuyas dos orillas se miraban frente a frente Felipe II e Isabel I. Se aprestó el soberbio armamento de la llamada Armada Invencible, que se componía de 230 velas, 30.000 hombres de pelea y 2.730 piezas de artilleria bajo el man-do del Duque de Medina Sidonia. A esta escuadra formidable se unieron 11 navios al mando del General Miguel de Oquendo, con 1.263 marineros. Y esta armada, a la que nunca hubiera vencido ninguna escuadra superior, se estrelló contra las costas de Holanda, en medio de una furiosa tempestad. Y don Miguel de Oquendo voló a la entrada de Pasajes, puerto natural de San Sebastián, en su capitana, volviendo de la Invencible.
Las acciones de la marinería donostiarra, mandada por Juan de Amézqueta y Juan de Portu, vecinos de la Ciudad, tuvieron lugar durante el período de Felipe III. Este cristianísimo Rey estuvo en San Sebastián, concertó el matrimonio de la infanta Ana con Luis XIII de Francia y prometió al Principe de Astu-rias, Felipe, para Isabel de Borbón, hija de Enrique IV y de Ma-ría de Médicis. El rey Felipe se alojó en casa de Juan de Idiá-quez, Consejero de Reyes. Fue en 1615 (4 de noviembre) cuan-do Felipe III y su hija estuvieron en San Sebastián. Oyeron mi sa en Santa María y fueron a San Telmo a rezar ante la ima-gen de la Virgen del Rosario.
Mucho complació a S. M. el muelle de San Sebastián, obra que había empezado a hacerse reinando Carlos V. Por eso, dos años más tarde, pide que se le manden las medidas a fin de que sirva de modelo al que va a levantar en Gibraltar.
«Piadosamente se atribuye a particular providencia del Po-der Supremo aquel raro fenómeno sucedido el año 1614, de ha ber llegado felizmente al puerto de San Sebastián una embar-cación que salió de Londres, donde venía de orden de Felipe III, embalsamado y metido en una preciosa urna el cuerpo de aqueIla inmortal mujer, la venerable Doña Luisa Carvajal, cuyas heroicas virtudes asombraron a la Corte de Inglaterra, en que falleció en olor de santidad, después de haber sufrido muchos trabajos y persecuciones por su ardiente celo en defensa de la religión católica; pues el navio que condujo hasta el muelle de San Sebastián stián este sagrado depósito se reparó, tenia junto a la quilla un grande agujero, y, sin embargo, refieren no haberle penetrado el agua. De aqui le llevaron a Madrid y se colocó en el Real Convento de la Encarnacións. (Camino.)
Felipe IV fue proclamado en San Sebastián (1621), en un ta blado que se levantó en la Plaza Vieja por el Alcalde ordinario Martín de Amézqueta.
Al año siguiente se advirtió a San Sebastián que defendiese con cañones el Cubo del Ingente y el muelle, pues el enemigo holandés venía a atacar. Fue en aquella y parecidas ocasiones cuando hicieron su aparición y actuaron los corsarios donostia-rras, provistos de las patentes necesarias para responder al ad-versario con sus propias armas. Las defensas de San Sebastián se fortalecieron; el valor de sus vecinos, aprestados a la lucha, hizo desistir al Principe de Condé de un asalto a la Ciudad, cuando tenía prácticamente todas las bazas en su mano,
Pero ni la gruesa cadena puesta a la entrada del puerto de Pasajes, ni la rotura del puente de Santa Catalina, ni las bra-vuras heroicas de Juan de Garay, Alonso de Idiáquez, Juan de Vergara o Juan de Egúsquiza, pudieron más, siquiera fuera mo mentáneamente, que los tratos que los plenipotenciarios fran-ceses y españoles dictaron y establecieron en la Isla de los Fai-sanes. Mazarino por Francia y Luis de Haro por España, ajus taron la Paz de los Pirineos. Y una boda más, la de Maria Te-resa, hija de S. M. Felipe IV, con el Rey de Francia, Luis XIV.
Don Felipe vino a San Sebastián alojándose en un palacio de la calle Mayor. Grandes festejos se prepararon para el recibi miento del Rey: Espatadantzaris con disfraces, gigantes y cabe-zudos... Las Juntas Generales de Guipúzcoa tomaron también disposiciones para la recepción real, consignándose los basti-mentos que habian de preparar los pueblos por donde iba a pa sar la comitiva.
Y de todo aquello sacamos en limpio el diploma que el Rey nos concedió el 7 de marzo de 1662: Don Felipe IV de este nombre, por la gracia de Dios, Rey de Castilla... Saved que tenien-do consideración a los servicios que me ha hecho en diferentes tiempos la Noble y Leal Villa de San Sebastián, y con atención también de haver asistido Yo en ella en ocasión tan grande co-mo la conclusión de las Pazes de mi Corona con la de Francia, y casamiento de la Infanta D. María Theresa, mi Hija, para que quede con señales de quan agradables me han sido sus servicios, de mi proprio motu, cierta ciencia y poderío Real absoluto de que en esta parte quiero usar, he resuelto hacer merced como por la presente se la hago de intitularla como la intitulo Noble y Leal Ciudad de San Sebastián, para que de aqui adelante lo sea y se llame asi....
LECTURA
(Tomado de la segunda parte de la "Relación diaria del itinerario que Su Majestad (que Dios guarde) ha seguido donde que salió de Madrid, haxin llegar a Fuenterrabia. Con licencia en Madrid, por Joseph Fernández de Buendia. Año 2660)
"Martes 11. Por la tarde llegó el Rey Nuestro Señor a la ville de San Se bastián, cuyo Alcalde salió a recibir Su Mojestad a la Marina, com 1.200 infuntes, y en las puertas de la villa el Gobernador y Capitan General que lo es el Burón de Bateville, con la gente del Presidio. Hicièronse diverses salvas con la artilleria del Castillo de la Mota, y de les murallas, que junto con la de los bajeles que habia en la Concha, y muelle, cand au puidu note ble, poso y alegria de lox corteвалов.
Fiernes 14. Fue Sa Majestadalns Pasajes, que sun dos lospores, qu están en un canal que hace el Mar Contábrico: of suno hacin Fuenterrubin y el otro a San Sebastián. Salii a las tres y media de la tarde, y en la Herrera se embarcó en une riquisima falún dorada y tuldade de unas sistosisimas telas de seda y oro, que la llevaban a remolque otros tres vistosista Ins grandes titulos y vahallerns entraron en otras facidas y bien adornadas embarcaciones, a cuyu tiempo salió a recibir a Su Majusted un hermato escuadrón de 130 carumiles quipuzrunas, costamente vestidas y adornadas emuannes, dieron diferentes curgas de arcabuceria, con tanta destreza y go llardia como las podian dar los soldados más ejercitados de Flandes. Liegó So Majestad a la Capitens Rest, nombrada Santiago (que aunque no está malmente acabada, se preparó en esta cosión, y dispuso vergas en alto: como asimismo todos los galeones, nasios y frugstas que se hallaban en el canal) que juega 70 piezas de artillerin, subieron a ella por la escalera real, que se arrimi a los costados. Y después de haberla visitado de pros a pope, hasta las dos cubiertas, se desembarcaron, y en la misma falia dieron vuolia al canal, visitanudo los demás guleones, navios y frogatus, cuyo urtilleria, junto con la de los castillos y baluartes dispararon hasta número de mil quinientes pieuss. Volviise Su Majestad a San Sebastián, ya entrada la noche. gustovisimo de huve isto sunto variedad de bajelas tan biasrrumente arti Huda aparejados.
Habiéndose ajasindo las tratados que tuvieron los primeros Ministros de los poderosos Monarem de Europa, sobre las diferencias de catalanes y franceses, en la última conferencia que se conclays el lunes 31 de mayo e la cam de la Conferencia del Rio Bidasos cerca de la villa de Irún, que fueron en suma, que quedasen para España, además de toda Cataluña, todas lus villas y lugares de los Condados de Cerdeña y Urgel, y los del Pais de Puigcerdé, y para Francia, el Condado de Rovellón, el Conflor y el Falle de Carol, que todo está anejo a dicho Cundado.
Salió Sa Majestad de la Villa de San Sebastián el miércoles 2 de junio a las naeve de în mañana, y habiéndose embarcado en la Herrers en una gaburra vistosamente aderezada, pasi por los Pasajes a Renteria, donde desembarco, comii e kizo la siesta, y a las cuatro de la surde salió para Fue terrubia, donde llegó a las saia y media.
CELEBRIDAD DEL DIA DEL CORPUS CHRISTI: Solemnizósen San Sebastián con toda demostración y fervor dia tun grande Salio el Rey Nuestro Señor entre las nueve y las diez de la sana la P rroquial de Santa Maria, que es la mayor de la ciudad. Esta la dobio la honra, y favor, de que autorizase em in Real Persona y asistencia, la pro cexión, que en ordenada, grave y decents, se conquso del clero de su pueblo, y de la parte que se hallubu en el de la Catedral de Pamplona. Llevé tr de si a tude la Corte en devota imitación del católico ejemplo de su pindoro Rey. El Obispo de Pamplona celebró misa pontifical y llevó la Custodia de Nuestro Señor, y Sa Majestad fue scumpañando con un vela a la S prema Majested. Adoróla también la Señora Infante Reine, con rendimien to, colo y te y desde su mismisimo Palacio, por salonude pasó la procesión. El Jugar adorná s culles, cun aliño y riqueza, y entre las demás ostentaciones de alegria y fiesta que tivo, fue singular la de una danzn de expads blan sas, en que la agilidad de cien hombres mbres obró varios movimientos y madan-zas con tal maña y destress, que si of posible riesgo haria menos valos el manejo, ni la gran fuerza que empleaban en ål se oponia a la seguridad Y por blusón y timbre de la noblezn de esta población, prendieron de diferentes casas los extundurtes del Almirante General Don Antonio de Oquere do; el General Don Juan de Chaverri, Marqués de Villarrubis, y de alge nus otros ilustres hijos de ella, que tanto Aan aumentado el lustre y hunar antiguo de au nombre, con las memorables huzuñas, que han entregado a la perpetuidad de los tiempos, aradas al servicio del Rey en la militur pales tra de los mares. Su Majestad solvió a palacio a las doces hora en que ter minó la colebridad: pero no la asistencia de los franceses, que concurrieron a ella, ni el regocijo y ruido de las danzas y bailes, purs unas y otras de rarun hasta In noche."
Del "Viaje del Rey Nuestro Señor Don Felipe IV a la frontera de Frauria, Deeposorios de la Sere nisima Sekura Infante, de España y Solemne Ju-ramento de la Paz. (1667).
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