viernes, 12 de diciembre de 2025

29.-EL ENSANCHE DE AMARA


Durante muchos años Amara fue el límite de la Ciudad. La zona verde, el pulmón de aire sano que los donostiarras respi-raban en sus dias y horas de vacación.

Alli estaban, como ya sabemos, los caserios emparrados, de jugoso olor a establo. Y las extensas vegas bañadas por el Urumea.

San Sebastián terminó durante muchos años en la llamada «casa del águilas. Desde ella, la Ciudad se lanzaría como en un simbólico vuelo a la conquista del nuevo espacio arrebatado al río.

Delante de la casa rematada por el águila está la Plaza del Centenario.

La creación y el nombre de esta Plaza responden al mismo concepto de frontera con el campo. Porque fue creada en 1916 con la intención de recordar a las generaciones futuras hasta dónde había llegado la zona de población a los cien años de co-menzada la reedificación, en 1813. Aniversario que, por cierto, conmemoró nuestra Ciudad en 1913 con grandes fiestas y con la erección de un monumento en Alderdi-eder, más tarde retirado.

No sufrió San Sebastián durante la guerra civil de 1936 a 1939 graves daños ni destrucciones como otras ciudades y villas cer-canas. Y eso que hubo disparos incluso de cañón de una mar-gen a otra de la ría-

Pasados aquellos años, uno de los grandes sucesos donos-tiarras, que no podemos menos de recoger, ha sido la edifica-ción de esa nueva ciudad dentro o al lado de la antigua: el ensanche de Amara.

Puede calcularse que hoy viven en él más de treinta mil personas sin que su aprovechamiento total haya terminado to-davia.

La ola de los grandes edificios ahogó los últimos caseríos de las vegas, cuyos restos encharcados y feos podéis conocer aun, si andáis listos. No tardarán mucho en desaparecer.

Las obras complementarias fueron grandes, como el proyec to exigia.

El primer plan databa de 1934. Pero quedó anticuado, re-dactándose uno nuevo en 1938, aprobado en 1940. Intervinie-ron en él el arquitecto señor Gaiztarro y el ingeniero señor Machimbarrena.

La extensión del ensanche, excluido el caño de Anoeta, abarcaba 640,590 metros cuadrados. La segunda zona, 271.189 metros cuadrados. El porcentaje de superficie edificable es de un 41 por ciento, y el de parques y zonas libres de mucha am plitud de un 24. Su presupuesto inicial fue de doce millones de pesetas.

Entre 1924 y 1926 se canalizó el río. El rey Alfonso XIII, que desde su niñez había jugado en el parque del Palacio y quería entrañablemente a San Sebastián, visitó con frecuencia las obras.

En 1933 se saneó el Urumea. Y en 1934 y 1935 fue terraple nada la avenida principal, quedando abiertas las calles del fu-turo ensanche.

Puede verse en el plano del proyecto la amplitud de las ca-Iles con una anchura que oscila en un promedio de 22 y 40 metros. Sobre el caño de Anoeta está emplazado el campo de deportes que lleva su nombre y la proyectada Plaza de To-ros. Zona enriquecida con la construcción de un velódromo, re cientemente inaugurado.

Durante algunos años hubo en lo que hoy son manzanas edi-ficadas un «stadium de bolsillo provisional, que duró hasta la edificación de las casas. ¡Cuántos no jugaron alli al fútbol y al hockey!

El ensanche de Amara ha tenido que recurrir al crédito pa-ra conseguir la realización de una base de urbanización sufi-ciente. Y es de justicia señalar cómo el mismo ha sido con-cedido por la Caja de Ahorros Municipal en una laudable fun-ción social, siendo la primera en construir y en densidad cre diticia,

Dentro de algunos años, el crecimiento natural y el desarro-llo donostiarra habrán ocupado totalmente el terreno que un día fue del rio.

Y buscarà con urgencia nuevas zonas de expansión y de urbanización.

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