viernes, 12 de diciembre de 2025

EXCURSIÓN ESCOLAR (XVI) - Santa María y San Sebastián citados ya en los primeros documentus donostiarras

 Santa María y San Sebastián citados ya en los primeros documentus donostiarras-La capilla de Santa Catalina de ina Templarios. Dominicos, Franciscanos y Jesal tas se instalan en San Sebastián, a pesar de todas las dificultades San Telmo, Santa Maria, San Vicente, San Sebastián el Antiguo, el Buen Pastor, San Ignacio,

En los primeros documentos donostiarras se cita a las iglesias de Santa María y San Vicente. Detengamos un momento el cur-so de la Historia de tanta guerra, tantos incendios y tanta san-gre para volver los ojos a las iglesias y conventos que represen-tan la vida espiritual de nuestro pueblo. Aqui también nos encontramos con la dificultad de la falta de papeles para llenar las lagunas que por todas partes se nos ofrecen.

En el catálogo publicado con motivo de la exposición San Sebastián a través de su Historias, reunida para los días cen-tenarios de 1963, se escribió: «La pequeña Donostia, fuera de la ruta de Castilla a Francia, pocos recuerdos ha dejado en los Archivos Nacionales, y para agravar esta parquedad de testi-monios del pasado, los numerosos incendios que ha sufrido han ido consumiendo constantemente los testimonios acumulados del ayer, hasta que el terrible de hace siglo y medio, agravado por el devastador saqueo que le siguió, acabó por dejar reducida a una muy pequeña cantidad los objetos y documentos dispo-nibles para montar una exposición retrospectiva de la vida de San Sebastián, desde su creación en la alta Edad Media hasta los años de la ocupación napoleónica,

«Poca cosa nos queda de la familia Idiaquez, la más impor-tante de nuestra urbe en el siglo XVI y cuyo palacio con facha-da a la Plaza Nueva y a la hoy calle Mayor ocupaba un enorme espacio y albergaba una gran cantidad de obras de arte. Menos aún poseemos de la familia Echeverri, que tantos Almirantes dio a España en los siglos XVII y XVIII, y solamente han lle-gado hasta nosotros algunos documentos aislados de las fami lias de los Engómez y los Montaot, ambas de origen gascón, pero tan enraizadas en esta tierra desde la Edad Media, Sola-mente se han salvado de la quema nunca mejor empleada la frase una buena parte de cuadros y documentos de los Oquen-do, gracias a que esta ilustre familia tenía una casa extramuros de la Villa y otras dos en Usurbil y Lasao. Merced a ella no existe un vacío total en la documentación relativa al San Se-bastián del siglo XV y XVI.

«También es casi absoluta la carencia de testimonios en pie-dra de lo que fue la Villa antes del incendio de 1813, pues sólo pueden exhibirse un escudo de armas del siglo XVI y el grupo escultórico de San Pedro y San Pablo de un siglo antes, pero no tenemos ni el más leve recuerdo del templo de San Sebastián el Antiguo, ni de los Conventos de San Bartolomé y San Fran-cisco, ni una modesta ventana ogival de las muchas que ten-drían las altas edificaciones que asoman sobre la muralla en el plano del año 1552 que se conserva en Simancas....

Desapareció la capilla de Santa Catalina que los templarios tenian a orillas del Urumea, junto al puente de barcas. Al po-ner Berwick sitio a la plaza, se ordenó la demolición de la ca-pilla y de las casas que la acompañaban, pasando la Cofradía a Santa Maria.

San Bartolomé estaba en el alto que lleva su nombre. No sabemos a ciencia cierta dice Arozamena en su San Sebas-tián. Biografía sentimental de una Ciudads- cuándo vinieron las monjas. A fe que debían tener mucho valimiento para le-vantar sus voces airadas, esas vocecillas que debían haber ser-vido sólo para cantar preces al Señor, contra el establecimiento, primero, de los dominicos y, después, de los jesuitas. Del antiguo Convento de San Bartolomé, situado en las proximidades del que hoy existe, todos los historiadores toman noticia del cuerpo incorrupto de la fundadora, venerable madre Leonor de Cal-vo... Las tropas francesas ordenaron en 1708 que se evacuara el monasterio, refugiándose la comunidad en el convento de los franciscanos de Zarauz.

Franciscanos, dominicos y jesuitas se establecieron en diver-sas épocas en San Sebastián. No sin evidentes dificultades, pues-to que el clero se oponía a que sentaran sus reales y a que ocu paran ningún inmueble. Los dominicos se establecieron en San Telmo. Carlos I, atendiendo a los vecinos, prohibió la construc-ción de San Telmo; volvieron a la carga los dominicos y llega-ron hasta Doña Juana, que desde Ocafña les dio el permiso para levantar el convento y para que pudieran hacer mangas y ca-pirotes de los almacenes de pólvora que estaban junto a los so lares elegidos. Los regidores, dándose cuenta de que aquello no tenía remedio, admitieron a los dominicos, pero imponiéndoles ciertas condiciones tales como que enseñaran gramática a los chicos y otras limitativas de la preponderancia económica de la Orden dentro de la villa

Don Alonso de Idiaquez, que tenia capilla en la iglesia de Santa María, la trasladó a San Telmo, donde también la tuvie ron los Echeverri

El proyecto de construcción de San Telmo, renacentista, fue obra del fraile arquitecto Martín de Santiago. Constaba de dos partes: la iglesia y el claustro, que se comunicaban por una puer-ta situada bajo el coro, siendo terminado el año 1551.

La iglesia es de cruz latina, teniendo un ensanchamiento a modo de crucero. Tanto esta nave como la principal son de vein-te metros de anchura. El templo se cubre con bóvedas de cru-cería sobre arcos ojivales.

Tiene dos entradas, una que fue pública y da a una peque ña plazuela situada detrás de la calle de 31 de Agosto y la otra, que comunica con el claustro. La entrada de la plazuela es un arco de medio punto. A los lados columnas. Sobre la entrada y bajo un pequeño frontón, la imagen de San Telmo, en hábito de dominico y con el emblemático barco en la mano derecha.

El Alcalde Beguiristain, de acuerdo con la Comisión de Mo-numentos de Guipúzcoa, planteó en 1928 la idea de convertir el antiguo convento en museo y biblioteca. Las obras empezaron al año siguiente, con el proyecto del arquitecto Francisco Urcola y la colaboración de Juan Alday y de Ignacio Zuloaga. Los mu-rales de la iglesia se encargaron a José María Sert. El 3 de sep-tiembre de 1932, pudo inaugurarse el palacio de bibliotecas y museos.

Los franciscanos se instalaron en el siglo XVII, primero en una casa llamada Artico, junto al Puente de Santa Catalina, y posteriormente en terrenos de Atocha, de los que se posesiona ron el 27 de diciembre de 1606.

Los jesuitas fueron los que tuvieron que luchar más para instalarse en San Sebastián. Se consiguió por la ciudad en 1624 que se expulsara a los padres. Dos años antes se había canoni-zado a San Ignacio. En 1626 los jesuitas obtuvieron de nuevo del Consejo real la autorización necesaria para volver a la Ciu-dad. A su primera iglesia provisional le llamaron los jesuitas de Nuestra Señora, El llamado Colegio de la Compañías fue dedicado después del Decreto de expulsión de Carlos III a hos-pital y más tarde fue cárcel de la Villa.

En cuanto a Santa María, es la iglesia matriz de la Ciudad. La anterior fábrica era gótica. Había claustros con altares. En los claustros de Santa María se dieron lecciones de cosmogra-fia. En uno de sus artículos, dice Ricardo de Izaguirre: «Dos do-cumentos gráficos tenemos para formarnos idea de lo que fue esta iglesia gótica de Santa María: los planos de San Sebastián de 1552 y de 1728. Son, respectivamente, un alzado y una planta de aquélla. Aquel nos muestra la portada de la iglesia bajo el gótico rosetón, enfrentado hacia el sur. Franqueábala una torre cuadrada rematada por un campanario... El plano de 1728 no señala puerta alguna de la iglesia hacia el sur sino hacia el oc-cidente. La torre cuadrada ha desaparecido. Han transcurrido de uno a otro 176 añoss. Con la supresión de la puerta meridio-nal trasladada a la parte occidental, toma cuerpo e importancia el campanario que anuncia a los donostiarras los cultos de la iglesia y los grandes acontecimientos de la ciudad. El primitivo templo de 1278 es, como todas las iglesias y catedrales, sucesi-vamente reformado. En 1516 se coloca el retablo de San Juan, Ya figuraba colocado el del Altar Mayor. Las capillas estaban bajo la protección de las ilustres familias donostiarras. Asi te-nía una don Juan de Urbieta, que hizo prisionero a Francisco I de Francia en la batalla de Pavía. Los Idiaquez la tuvieron, pero, como se ha dicho anteriormente, la dejaron para fundar San Telmo.

¿Cómo es la actual iglesia de Santa Maria? Construida a sus expensas por la Compañía de Caracas, tiene 74 metros de lon-gitud, repartidos en las tres naves. Los planos fueron de Lizardi y Salezán, terminando la construcción Francisco de Ibero, az-peitiano, hijo de otro arquitecto, Ignacio de Ibero, que trabajó en las obras de Loyola de Azpeitia, colaborando con el arqui-tecto romano Ondana. Puede calcularse el tiempo de construc-ción de Santa María entre 1743 y 1764. Es la más pura expresión del barroco, pero manteniendo en ciertas trazas, como en la bóveda estrellada de crucería, la supervivencia del gótico, al que tanta afición se tuvo en el País Vasco.

Hubo una primera iglesia de Santa Maria, románica, des-truida en pleno siglo XIII; la segunda era gótica, y después de haber conocido varias reformas la última en el siglo XVI-se demolió para construir la actual.

Diego Villanueva diseñó el altar mayor, neoclásico, donde está la imagen de la Virgen del Coro en su camarín y un cuadro de San Sebastián, de Boccia, que sustituyó a otro de Goicoechea desaparecido en 1813. El modelo de Boccia fue un amarrador del puerto, e hizo su trabajo en el convento de San Telmo,

Los altares de San Pedro, de la Sagrada Familia y de San Antonio son muy recargados. La imagen de San Pedro es de Felipe Arizmendi, asi como la de San José. En el altar de la Comunión, de Santa Catalina o del Consulado, churrigueresco, de Jáuregui, las imágenes de Santa Catalina y las de la Sagra-da Familia son de Juan de Mena. Ventura Rodriguez es el autor de los altares de la Soledad y del Corazón de Jesús. El altar de San Joaquín y Santa Ana, bajo el coro, es reproducción del que estaba en la basilica de Santa Ana. El medallón, de Arizmendi, que también hizo los pasos de Semana Santa.

En el tránsito de Santa María, está el Cristo de la Paz y Pa-ciencia, que coronaba la Puerta de Tierra de las murallas.

El coro es de especial interés, por la belleza de la sillería y por el órgano construido en 1863 por la casa Cavallie Coll, de Paris.

En la iglesia de Santa María se venera a la Virgen del Coro, Patrona de la Ciudad.

Dice la tradición que un clérigo iba a rezar todas las tardes a una pequeña imagen que coronaba uno de los facistoles del coro. Uno de los dias y por estar tan devotamente enamorado de la imagen, quiso llevársela a su casa y, ante su gran asom-bro, una enorme fuerza hacia imposible el que pudiera sacarla de la iglesia.

La Madre del Coro es el símbolo más puro de las devociones donostiarras y ante su imagen se celebran las más hermosas y caracterizadas solemnidades de la Ciudad.

El primitivo templo de San Vicente fue románico: el actual gótico de la decadencia, y construido en 1507 por el maestro cantero Juan de Urrutia, sobre planos del arquitecto Miguel de Santa Celay y restaurado en 1570,

La iglesia de San Vicente mártir es la más antigua de San Sebastián. Consta de tres naves y un crucero; bellas columnas estriadas separan la nave central de las laterales. Las bóvedas son de crucería.

El retablo del altar mayor es de madera dorada, talla de Am-brosio de Bengoechea y Juan de Iriarte; la doradura de Lorenzo y Nicolás Brevilla, pintores de Motrico.

Lo más importante de la iglesia es el medallón de Felipe Arizmendi, en el Altar de las Animas. Es de él también el be-llisimo Ecce-Homo, que hay debajo del coro. Arizmendi, artista del siglo XVIII, bohemio, genial, buscaba sus modelos entre los soldados de la guarnición. Se iba a beber con ellos y cuando es-taban borrachos sacaba mascarilla de sus rostros, aplicándoles luego a sus obras; están en los personajes de los pasos de Semana Santa y en las demás figuras que esculpió,

Alrededor de San Vicente se centró todo un mundo de acti-vidades y de emociones; puede decirse que su atrio representa el centro de la parte vieja y que la iglesia en si constituye lo más representativo del donostiarrismo.

San Sebastián, el Antiguo, es la más modesta de las parro-quias de la ciudad. Destruida durante la primera guerra civil, se reedificó de manera provisional y no hubo por ello inconve-niente alguno en derribarla para construir en su terreno el Pa-lacio Real de Miramar. A cambio se cedió un solar para que fue-ra levantada de nuevo.

El Buen Pastor es Catedral desde que el 2 de noviembre de 1949 se creó por Bula Pontificia la Diócesis de San Sebastián.

Empezó a construirse en 1888, según proyecto del arquitecto Manuel Echave, quien concibió una iglesia parecida a la Cate-dral de Colonia, sin ningún sabor vasco ni referencia remota a las iglesias llamadas de salón. De estilo ojival, con interpreta-ción moderna de todas las versiones medievales que se han lle-vado a cabo en las ciudades españolas, como advierte el arqui-tecto donostiarra Pedro Bidagor,

Su torre ha servido en diversas ocasiones para que nos di virtiera un arriesgado escalatorres. La planta del templo es de cruz latina, con tres naves de entrada y cinco desde el crucero.

En cuanto a la iglesia de San Ignacio, es la del barrio de Gros. Se hizo a iniciativa de esta familia, que cedió los terrenos y ofreció la piedra para la construcción. En esta iglesia hay un Sagrado Corazón en mármol blanco, obra de Benlliure.

LECTURA

Por fortuna para el forastero, con aficiones a lo escultura, que llegr nuestra ciudad, cuenta de con una obra que, sin necesidad de internarse en In Peninsula, puede proporcionar a aquél un anticipo para sus afanes de contemplación de la riqueza artistics nacional: el reteblo mayor de la parroquia de San Vicente.

Dichu ratabido pertenece al siglo XVI, un sus finales, y sa escuela es la lamada vignodesea, de un Renacimiento de cânanes may graciosos encanto a la parte construction del retuhlo, y de tendencias miguelangelesens en la ingineria y rolieres de sus haecos y entrepuños.

Su autor fue Ambrosis de Benguechen, uno de los astros amb destace dos de la espléndida constelación de escultores guipuzcoanos que trabajarın en el siglo XVI. Fue natural de la villa de Asteasu, donde algums v al parecer, desempeñó el cargo de alcalde, En el decurso de su vida, sin embargo, también debió tener carta de cocinadad hastu en pueblos alejados del suyo nation, v. gr., en Pamplona, mientras trabajó en los talleres de aquelle capital nevaren, en colaboración con otros maestros del arte enc gados de importantisimas obras destinadas a diversas iglesias del antigo reino.

Gamir ar rumble en 1383, siende rasuda su worn por sus naидия Joanes de Anchieta, que representaba en el acto al cabildo parroquial, y el "fraile Juan de Beauvais o Broves, que representaba al cultur

Este Juan de Bennanis, que, a pesar de su mote de "fraile", no era pre cisamente un religioso, sino el ermitutño secular de la ermita de San Jorge extramuros de Pamplona, de origen francis, aunque natural navarro, fue uno de los escultores más ingeniosos y apreciados vreciados de su tiempo, Tipo hohe mio, que no que ver con la Inquisición por la forma desenwelta con qu se pronunciaba sobre problemas delicados de su tiempo, parece que nun tavo arrestos para encargarse por cuenta prupis de prupia de la ejecución de obras en gran escala de sa arte, pero sa mano fue requerida en contratus muy impor suates, cuma el del retablo de San Juan de Estella, pers el cual exprese mente se exigia a Pierres Picurt qua la imagineria fusse de mano de freyle Sas obras son sembadas, de mache gracia y fuerza al propio tiempo.

Tal fus el tasudor que buscó nuestro Bengoeches para sa obra de San Vicente, au cuundo no de primer intenis, porque et que buses primera mante fue atru gran escultor naverro, Pedro González de San Pedro, amigo sayo y colaborador en in mila del monamental retablo de Cascante, per caya intervención debió ser rechazada por el cabildo precisamente por aquel mativo de la colaboración c

En la talla de nuestra obra now mmbién Bengsechen su colaborador. tampoco ma en el arte, subire todu en el de las relieves: y fue laanes de Iriarte. Autor de curias obras de Vers. Fuenterrabia y Ovorzun, hizo para nuestro retsbio ei pedestul de piedra y cuatro frios o relieves de historia del primer bunco.

Sólu por sía de nota erities diremos que los relieves del primer bentu piso del gran retablo Cena. Lavatoria, Oración del Huerto. Frendi-mento Sentencias de Pilatos, obras, como hemos dicho, de Friarte más el intermontisimo friso intermedio, cun originales escenas de la Pasión, obra personal de Bengoeches, son de mun ejecución impecable y hien tr bada composición, amin de uns fueras y vigor de expresión tul, que bien podrian figurar en testos con aires de antologin.

Feu el lectur, como praeba de enanto devimos, el relieve del Prendi-miento, donde no se sabe què admirar más, si on perfecta composición, la plasticidad de cada uno de sus figurus, o más hien la fuerte expresión de cada personaje, y, si a mano viene la gracia pintoresen de algún detalle, como al de la reacción de San Pedro cortando la ureja a Malco, o la espantada de dos apóstoles que huyen cobardemente. La dificil unidad de esta malti-ple escesa estd lograda ingeniosamente por la presencia de los impasibles guardias pretorianos, a quienes al artista vinin a tode in ancho de la com pleja escena.

Asi como este cuadro es eminentemente buonarrotico, francamente mi guelangelemo, en cambio la estamaria de las vanos del vasto retabla no es tanto. Las estanos, que en actitudes gesticulantes ama a los huecos de nuestro reiahlo, en medio del aire miguelangelesco que no les falia, sotin, sin embargo, saturadas de cierta suave gracia propia de la excuela floren sina. La discrets gracia de los Donatello, della Robbia y della Quercia, le na nuestro gran Bengorches mucho mejor que el furor y el titaniamo de Miguel Angel, a diferencia de su amigo el sapeitiano Anchieta, en quien enotjan tan murevillosamente los canones y la inspiración aborrascada del венго Вовеrruti. Puede verse, en confirmación de esto, la sorens expre sión del Salvador, usi enos en la parte más baja del retablo pueden apre ciarse las locuentes actitudes sobriamente elocuentes de varios de sus sizues

MANUEL DE LECUONA retablo de San Vicente (1954)


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