Es interesante saber cómo vestian los donostiarras en aque Ila época.
El duendecillo está de nuevo a nuestro lado. Y lo va a contar.
Los alcaldes y alguaciles, con golilla, que era un cuello ar-mado sobre cartón y cubierto de tela blanca engomada o almi-donada.
Como habia tanto militar, usaban uniformes los que lo eran... y los que no lo eran. Tanto llamó la atención a Fran-cisco I de Francia que todos en el pueblo usasen armas, que al marcharse afirman que dijo: Bendita tierra donde los hom-bres nacen con espadas.
Porque también los pescadores usaban verduguillos y ¡has-ta los pacificos caseros venían los domingos a la Villa, a Misa, con traje militar y con estoque! Claro que no faltaba el que traía el típico «kapusai».
Los caballeros que iban de civil gastaban trajes muy ricos: chupas-prendas que cubrían el tronco, con cuatro faldillas de la cintura abajo y con mangas ajustadas que enriquecian con muchos bordados y galones de oro y plata. Llevaban también pelucas y medias de seda, generalmente blancas, una capa has-ta la cintura y un sombrerete encandilado de tres puntas.
Y los niños ¿cómo vestian?
En días de fiesta los niños salian a la calle con chupas muy elegantes, calzando zapatitos con hebillas de plata, y a pelo. Las niñas lucian chambras o vestiduras cortas a modo de blu-sas, puestas sobre las camisas y realzadas con cadenitas de oro y plata en el cuello.
En cuanto a las señoras ¿cómo andaban con joyas, pulseras y sortijas, diamantes y aderezos, con mantillas sobre las cham-bras, medias de seda que calzaban zapatos blancos y faldas an-chas y largas hasta el suelo!
Lo más llamativo de sus trajes era, sin duda, los lienzos que se ponían sobre el pelo. Median a veces treinta varas, y las for-mas eran complicadas y caprichosas: una especie de cuerno lar-go, de tela prieta, que se doblaba hacia la derecha o la izquierda o hacia adelante.
También era corriente el uso de la trenza en las mujeres, y de la coleta en los hombres, la que, por cierto, exigía muchos cuidados.
Más tarde aparecieron las tocas, prenda de tela delgada que cubría la cabeza y que se usaba doblada de arriba a abajo.
El duendecillo adivina en vuestros ojos la curiosidad que sentis por saber qué costumbres tenían aquellos hombres y mu-jeres. Porque ¿serian tan distintas de las nuestras como lo son ya sus trajes?
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