sábado, 13 de diciembre de 2025

III Azpeitia

 III Azpeitia 

Vivía en Hernani un señor con la ilusión de que una hija casada a Azpeitia, le diese un nieto varón. Su deseo de tener un nieto primogénito, se vio satisfecho, cuando el día 28 de abril de 1879, que por cierto dicen que cayó una de las más intensas nevadas de aquel año, estando contemplando desde el balcón de su casa a través de los cristales, en la plaza del pueblo frente a la Parroquia, vio llegar por el arco que había bajo la Casa Consistorial, un casero calzado con abarcas, con el capusay cubierto de nieve, empuñando un palo, como de metro y medio. El futuro abuelo tuvo una corazonada y abriendo el balcón, sin temor a una posible pulmonía, se dirigió al casero y le gritó: Azpeiti'tik al zatoz? -Bai jauna-. Mutilla al da? -Bai jauna-. Igo zaitez beriala. (¿Vienes de Azpeitia? -Sí señor-. ¿Es chico? -Sí señor-. Sube inmediatamente-). Fue recibido en la casa con la alegría que es de suponer y debidamente atendido, proporcionándole alimento y ropa de repuesto como requería un hombre que en aquellas circunstancias venía desde Azpeitia por el monte, escalando el Arauntza, por Odria, Etumeta, Venta de Iturriotz, Andazarrate, Aduna, Soravilla, Andoain y Urnieta, saliendo de Azpeitia a la una y media de la noche anterior, para llegar a Hernani a las 12 de la mañana siguiente. Téngase en cuenta que en aquella época, aún no había telégrafo a Hernani y que se daba mucha importancia al bautizar a los niños antes de las 24 horas y como los medios de comunicación eran muy limitados, se utilizaban recadistas personales que llamaban «propios». Después de haber el «propio» reparado sus fuerzas y descansado de su caminata, les informó de cuantos detalles pudo proporcionarles, la hora en que nació, su buen estado de salud, etc., se dispuso el plan para el regreso del «propio» y la marcha de los padrinos, que eran los abuelos, y como medio más rápido, hubo que utilizar el ómnibus diligencia «La Vascongada» que hacía el servicio diario San Sebastián-Bilbao, saliendo a las 7 de la mañana de la Plaza Vieja, hoy estación de salida de los autobuses urbanos, para llegar a Azpeitia a eso de la una de la tarde, pero como no pasaba por Hernani, ni había coches de punto ni otros vehículos de alquiler, tanto los abuelos como el «propio», hubieron de salir de Hernani, a pie, a las seis de la mañana, en plena nevada, hasta el crucero de Irubide, próximo a Añorga, para seguir a Orio, por Usúrbil у Aguinaga. En Orio, se cruzaba la ría en una sirga, en la que entraba la diligencia con su tiro de caballerías completo y sin que bajasen los viajeros, pues a consecuencia de que el puente estaba inutilizado por la reciente guerra carlista, no había otra forma de pasar. A la salida de Orio y al inicio de la famosa cuesta, había siempre preparada una pareja de bueyes, que enganchada delante de los caballos, subía la cuesta al paso, permitiendo, que algunos viajeros impacientes, subieran a pie la cuesta por una vereda que acortaba considerablemente el recorrido y esperaban en el alto para reintegrarse en sus asientos, hasta llegar a Zarauz a eso de las diez, donde se verificaba el cambio de tiro de las siete caballerías, mientras los viajeros acostumbraban a tomar la clásica taza de caldo en la Fonda de Vicente Otamendi, donde en sus bajos estaban las cuadras. Cuando yo estudiaba el bachillerato en San Sebastián, tuve ocasión de hacerlo repetidas veces, y aún siendo niño, recuerdo haber pasado la sirga de Orio, una vez. Después del cambio de tiro en Zarauz, proseguía el viaje por el alto de Meagas, pues aún no se había construído la carretera de Guetaria y Zumaya, para yendo por Iraeta, y pasando por Cestona, terminar el fatigoso recorrido en Azpeitia, ante la fonda de Arteche a la una y media de la tarde.

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