viernes, 12 de diciembre de 2025

EXCURSIÓN ESCOLAR (XII) - San Sebastián defensora de los derechos de Isabel la Católica al trono de CastiIla

San Sebastián defensora de los derechos de Isabel la Católica al trono de CastiIla-Cuando el Condestable de Borbón amenazó con quemar la villa a la que por su fidelidad Carlos I dio los titulos de Muy Noble y Muy Leal,

Los Reyes Católicos, su hija doña Juana y su nieto Carlos I, bajo cuyos reinados se hizo la Unidad Nacional y se conquistó el Imperio, tuvieron a San Sebastián como prototipo de lealtad y fidelidad; porque pocos pueblos hubo en aquella España con-movida por las pasiones y les apetitos políticos que se entrega-sen al servicio de los Soberanos como el nuestro

Cuando en 1475 la Beltraneja, ayudada por Alfonso V de Portugal, disputa sus derechos al trono a la reina Isabel, San Sebastián acude con barcos y con hombres a combatirla; cuando al año siguiente Amán de Labrit invade Guipúzcoa con 40.000 soldados de Luis XI de Francia, aliado del rey portugués, quema Rentería y pone sitio a nuestra ciudad, ésta resiste tras las frá giles tapias que la cercaban, siendo el valor de los donostiarras más que el poder ofensivo de unos pocos cañones lo que obligó a retirarse al invasor.

Este sitio evidenció el valor estratégico de San Sebastián. como plaza fuerte próxima a la frontera y por ello los Reyes Católicos conceden veinte mil maravedis durante diez años con objeto de reforzar y mejorar sus instalaciones defensivas. La fecha de la Cédula Real en que tal merced se comunica es la de 30 de marzo de 1477, en Madrid, fecha que, como diremos en otro capítulo, puede considerarse fundamental en la historia de las fortificaciones donostiarras.

El 28 de enero de 1489 un incendio destruye la casi totalidad de las casas del pueblo que, a partir del segundo piso eran de madera o con entramado de madera, fácil pasto para las llamas. Los Reyes dispusieron que en lo sucesivo las edificaciones se hiciesen enteramente de piedra.

Los principes don Felipe el Hermoso y su esposa doña Juana «La Locas, pasan por San Sebastián en enero de 1502 en su via-je desde Alemania a España. Otros huéspedes más bulliciosos tendrá la ciudad en 1512: los 8.000 arqueros ingleses que Enri-que VIII enviaba a su suegro Fernando el Católico para ayudar le en la conquista de Navarra, donde reinaba Juan de Albret sostenido por el rey de Francia. Este mandò aquí al Condestable de Borbón con 15.000 infantes y 400 caballos, quien llevándolo todo a sangre y fuego incendió Irún, Oyarzun, Rentería y Her-nani, disponiéndose a poner sitio a San Sebastián el 17 de no-viembre de 1512. Cuando conminó la rendición de la ciudad amenazándola con el incendio, los donostiarras tienen un gesto numantino: queman las casas y almacenes de Santa Catalina y San Martin y se aprestan a la defensa tras sus aún frágiles murallas. Pero los franceses se retiran sin dar ocasión a la con-traofensiva ordenada por el Rey Católico.

Cuando éste muere en 1516, San Sebastián tomará parte en la embajada que Guipúzcoa envía a Tordesillas para testimo-niar su lealtad a la reina Juana, y cuando en 1521 se produce el alzamiento comunero contra la joven autoridad de Carlos I, que había ido a Aquisgram a ceñirse la corona imperial, los do-nostiarras con sus autoridades municipales al frente se reúnen en la iglesia de Santa María y alli ante la Cruz y los Evangelios juran «vivir y morir en servicio del reys. Fieles a este juramen-to acuden a socorrer por mar a Fuenterrabía y contribuyen de-cisivamente a la derrota de las tropas francesas en las batallas de Noain y San Marcial.

La lealtad ejemplar de San Sebastián hacia quien es ya Emperador tiene su premio el 13 de abril de 1522 con el privilegio de titularse Noble y Leal Villa, a lo que también por pri-vilegio imperial de 23 de junio de 1525 se añadió el tratamiento de Muy: Muy Noble y Muy Leal. Orlado de estos títulos su es-cudo, San Sebastián recibirá en 1526 como ilustre huésped, aun-que caido en desgracia, al rey de Francia, Francisco I, hecho prisionero en la batalla de Pavia por el hernaniarra Juan de Urbieta.

Cinco días según cuenta el doctor Camino permaneció aquí el monarca francés bajo la custodia del Virrey de Nápoles cuando, tras el cautiverio madrileño, regresaba a su patria.

El Emperador que habia prometido una visita a San Sebas-tián aprovecho su viaje a Gante en 1539 para llegar hasta aqui desde donde pasó a Biarritz continuando su camino hacia Flan-des. Pero antes recibió el homenaje de los donostiarras. El gozo de éstos por poder testimoniar su lealtad al monarca se vio em-pañado por el dolor que le afectaba a causa del reciente falleci-miento de su esposa.

Hasta el puerto de San Adrián, limite de la provincia, acu-dieron las autoridades donostiarras en unión de las guipuzcoa-nas, a recibir al soberano y cuando llegó en coche a las puertas de la villa, ante las murallas donde se había ilustrado el he-roismo de los donostiarras, 1.500 hombres, vestidos de luto, pre-sentaron armas a su Rey y Señor quien profundamente con-movido por aquel fino detalle de afecto hacia su persona, pasó a descansar a la casa-palacio de su secretario don Alonso de Idiaquez.

LECTURA

"En el palacio de Idiaquez, en la culle Mayor, se hospedó Carlos L. Ero el 26 de noviembre de 1539; enlutado por su reciente vinden, iba a Flandes strnersando el reino de Francia. De lato le recibió la ciudad en sus calles y en sus escuadrones, de negro iba al de Alba, y penschus magros llevaban las embarcaciones y los carrunjes... El Emperador distinguió con honores a San Sebastián, y en verdad que lo merecia porque fue la primera tierra e pañola que lo reconoció, (La noticia del titulo de Noble y Leal de la Villa de San Sebastián, otorgado por Carlos I en Madrid, fecha de 24 de dicie bre de 1524, está entre los papeles donostiarres de la Riblioteca Nacional)

Al morir Fernando el Católico kubo revueltas, que el Cardenal aploco con fuerza y con energio, pero quedi an rincón discolo, Navares, que querin coronar a Juan de Albret; iba a ponerse a prueba o romperse la unidad nacional, ton dramáticamente lograda. Los guipuzcoanos están por Carlos y le ofrecen con la victoria las tierras rabnides, leales a sa rey, un principe desconocido y lejano, van a Flandes a rendirle homenaje. Y cuando los maneros se levanton y nuestros vecinos lus franceses incuden Navarra y Hegan apoderarse de Fasnterrabia, donostiarras y hombres de Guipúzcon luchen contra Andrés de Fotr, en Nonin se impide definitivamente que se unon co los levantados de Castilla... Asi podrá decir Carlos I al conceder a San Ser bastián les privilegios que figururas en su escudo "El año pasado de mil quinientos y veintiuno, al tiempo de los movimientos y alhorotos que habo en estus reinus, el Concejo de la Dicken Filla y cecinos de ella fueron amo de los primeros pueblos que se señalaras y mostraron en mi servicio com fioles y leales súbditos; y para llevar adelante ese firme proposine se jan toron todos en la iglesia Mayor de la Dicha Villa y jurarun sobre in Crus y los Santos Evangelios de estar, vivir y morir en nuestro servicio y por ninguna cosa intersiniese de no se jantar ni allegar a los que se llamaba y decian Comunidad que anduvieron en nuestro deservicios y fecho el dichu juramento, lo pregonaron públicamente por todas las calles de la Dichu Villa. lo cual elles conservaron y guardaron muy cumplidempate

Los alunostiarras comprendierun, con sabia intuición politica, que los Comuneros no representaban ningún movimiento de libertad, frente al een tralismo cearista de Carlos, sino que traiuban de restablecer, con el reinado de una polire demente, la monarquia feudalista y la soberania de coda villa y de cada hundera. Los historiadores ofridan-dice Gregorio Marañón que kom romuneros entraban en combate al grito de ¡Viva la Inquisición! de que todo el clero lluno fue comunero, y de que todos lus concentes de Castilla hasta los de munjss, eran nidos de propagande comunera. Otro hecho que habria de sulurarse es el de los agermanados de Valencia, quienes, a pesar dei rahinso tinte demagógico que dieron a in movimiento, le primero que hicieron fue bautizar a los moriscos a la fuerza.

Sun Sebastian intuyó que frente al grun movimiento curupeista (permi Jasenos tal licencia) de Carlos I, los castellanos rebeldes querian dar un pass atrás. Y ellos no lo dieron."

JESUS M. DE AROZAMENA "San Sebastián. Biografia Sentimental de uma cidad (1963)

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