VI
Cementerios de San Sebastián
Como hemos visto, San Sebastián ha sido muy castigada por calamidades públicas y ha tenido mucho que preocuparse de los cementerios, y lo decimos en plural, pues los construídos para situaciones normales se han visto desbordados y durante el siglo XIX, ha contado
con el de San Telmo, el de la Iglesia de Santa María, el de la Parroquia de San Vicente y el de la Iglesia de Igueldo, pues todas las Iglesias los tenían en sus respectivos atrios, como aún hoy los conservan
en las Iglesias del País Vasco Francés. Había también uno en Ulía,
que hubo de ser trasladado a San Francisco (cerca de lo que hoy es
İa Calzada de Eguía), pues el de Ulía, por no estar cercado, era lugar
donde los perros y otras alimañas removían la tierra. El año 1816, el
cementerio del Antiguo fue consignado como Campo Santo de la Ciudad. En 1822, se utilizaron para cementerio, unos terrenos del Barrio
de San Martín que corresponden a lo que hoy es el Palacio de Justicia,
las Siervas de María y calles adyacentes. En el tercer decenio del siglo
XIX, se creó un cementerio militar, dedicado, exclusivamente a las
fuerzas inglesas mandadas por el General Lacy Evans, que vinieron en
ayuda de la Reina Gobernadora, en el que todas las inscripciones de
sus tumbas, mausoleos, etc. excepto el del General español Gurrea, se
refieren a militares ingleses caídos en la batalla de Oriamendi, aunque
figuran también los de una dama y una niña deudos de un Jefe inglés.
Este Cementerio es el llamado Cementerio de los Ingleses y hoy figura en él un monumento mistificado.
Cuando el 3 de agosto de 1913 se conmemoró el centenario de la
liberación de la Ciudad por los ingleses, para lo que cometieron toda
clase de depredaciones, robos, incendios, violaciones, asesinatos, etc.,
se construyó un monumento en el que figuraban soldados con uniformes franceses, ya que el enemigo ocupante de la Ciudad, eran los franceses, de quienes los aliados venían a liberarnos; este monumento estaba presidido por una estatua de la Reina María Cristina, Protectora
de San Sebastián, que más tarde fue colocada con su pedestal en la
Playa de Ondarreta de donde la quitaron los rojos cuando dominaron
San Sebastián el mes de julio de 1936, para fundirla y fabricar municiones, pues era de bronce. Terminada la guerra el Ayuntamiento encomendó al famoso escultor don José Diaz Bueno otra semejante, que
es la que hoy está sobre el mismo pedestal, que se inauguró el día 26 de abril de 1942. Presidió el acto de la inauguración el Alcalde don
Antonio Pagoaga. Este monumento no fue del gusto de muchos donostiarras y dio lugar a muchas discrepancias y como estaba en los jar- dines de Alderdi-Eder y se prestaba a muchos comentarios se desgua- zó, distribuyéndose en porciones. Así, la parte que representaba la Junta de Zubieta, fue trasladada al atrio de San Vivente donde estuvo
poco tiempo, otra porción, que representaba una lucha guerrera, fue
destinada al Cementerio de los Ingleses, la estatua de la Reina María Cristina de Hausburgo, fue destinada a la Playa de Ondarreta, donde continúa, etc. Como el Cementerio de los Ingleses fue destinado a los aliados que vinieron en defensa del Gobierno Liberal, contra los car- listas de la primera guerra, los uniformes franceses no tocan pito ninguno en el Cementerio de los Ingleses y al añadir a la inscripción de
«A los héroes que sólo Dios conoce 1836-1838», otra fecha que antes
no figurabа «1804-1814» y más abajo otra nueva inscripción<«Inglaterra
nos confió sus gloriosos restos nuestra gratitud velará por su eterno descanso». Se conoce que hubo grupos de presión que tenían interés
en hacer olvidar los métodos de liberación y las depredaciones que para ello emplearon, los aliados de España.

¿Cómo podían poner esta inscripción los que fueron víctimas de los horrores sufridos y del muy despectivo y antipático recibimiento del General Wellington a los comisionados de la Junta de Zubieta?
Conviene dar a conocer estos extremos, que de otro modo se pres- tan a equívocos.
El año de 1855, con ocasión de la epidemia que azotó a España,
se habilitaron terrenos en el alto de San Bartolomé, donde hoy están emplazados la Asociación de Caridad y el Cuartel de la Policía Armada (antes Hospital Militar), para cementerio, que funcionó hasta el
año de 1880. Asimismo, por acuerdo del Ayuntamiento de 1868, fue clausurado el cementerio del Antiguo, prohibiéndose nuevos enterramientos que en lo sucesivo, habían de hacerse en el Cementerio de San Martín de referencia.
El actual Cementerio de Polloe, fue inaugurado y bendecido el día
12 de agosto de 1878, en que se practicó la primera inhumación, con
el cadáver de doña Josefa Echeverría Recarte. El día 18 de junio de 1887, cuando yo tenía 8 años, presencié el traslado de los restos mor- tales del Cementerio de San Bartolomé, ya que los de San Martín,
habían sido trasladados el año anterior. Me emocionó, a mí que venía de un pueblo, donde vivía, me impresionó la solemnidad que se dió al
acto. Leí en «La Voz de Guipúzcoa» al día siguiente, la reseña del acto
y empecé a conocer a personas de San Sebastián. El Alcalde que presidía la comitiva era don Gil Larrauri, de cuyo hijo fuí al cabo de los años amigo. Entre los invitados figuraban los Gobernadores Civil
y Militar, la Comisión Provincial de la Diputación, Claustro del Ins- tituto, Colegio de Abogados, Cuerpo Consular, Jefes y Oficiales del Ejército.
El pendón de la Ciudad, era llevado por el Teniente Alcalde señor
Altube. La Comitiva, salió de la Casa Consistorial en dirección a la
Parroquia de Santa María, donde se cantó la misa de Sagasti. La oración fúnebre estuvo a cargo del señor Aristizabal, Párroco del Anti
guo. Terminado el acto se incorporó a la comitiva el clero de todas
y cada una de las parroquias, desfilando por las calles, Mayor, Hernani, Urbieta y San Marcial a la de Easo, donde aguardaban los carros, con sus corrsepondientes urnas cinerarias. Empezó a formarse
el cortejo, en el espacio que hoy ocupa el Palacio de Justicia y las
Siervas de María. Rompían la marcha 4 celadores (hoy llamados Guardias Municipales) y formando filas, los niños de las Escuelas acompa
ñados de sus maestros; seguían, los clarines del Ayuntamiento, pendón
y estandartes de diversas cofradías y asociaciones religiosas.
A continuación, seguían el primer carro fúnebre cuyas cintas eran
llevadas por los señores Adolfo Comba, Antonio Arzac, Francisco Soriano y Manuel Lizarriturri. El segundo carro, de la Gloria, muy bien
adornado cuyas cintas portaban las niñas Antonia Machimbarrena
(madre que fue del conocido médico radiólogo don Sebastián Córdoba)
y Jacinta Larrauri, y los niños Miguel Otamendi (el autor del Metro
madrileño), Carlos Rèsines, Joaquín Aurrecoechea y León Carrasco.
Los portadores del último carro, eran los señores Ignacio Goenaga,
José Otamendi, Lorenzo Isla, Juan Laffitte, Anselmo Lataillade y Conde de Peñaflorida.
Cuando la procesión atravesaba la Avenida de la Libertad, cuyos
faroles, así como los del Puente de Santa Catalina, se hallaban encendidos y cubiertos de gasas negras, eran las once de la mañana y sus
aceras se hallaban materialmente cubiertas de gente. Despedido el
cortejo al otro lado del puente de Santa Catalina y entregadas las
cintas como recuerdo a quienes las llevaron, fueron llevados los restos
a su última morada acompañados por los párrocos y los 5 concejales
señores Tornero, Sarriegui, Arancegui, Iribar y Jornet.
Y así fue cómo la Ciudad de San Sebastián supo honrar, honrándose a sí misma, a sus difuntos, dando pruebas de piedad y veneración a los sagrados restos de sus antecesores.
El actual Cementerio de Polloe, ha sido objeto de varias ampliaciones, en razón del rápido crecimiento de la ciudad y continúa por
lo que se ve en progresión creciente. Su primer capellán fue don Justo Camiruaga, a quien sucedieron por orden cronológico, don Hipólito
Sasiain, don Cándido Verde, los tres amigos míos y en la actualidad
lo es don Luis Vivó. Urolabarrena, el primer conserje, a quien no conocí, han sucedido cuatro generaciones de Aldanondos, el actual José
Ramón Aldanondo, hijo de Ramón Aldanondo, nieto de Saturnino Al. danondo y biznieto de José Aldanondo, todos ellos celosos funcionarios amigos y útiles auxiliares, en las muchas intervenciones que como Médico forense y Jefe Local de Sanidad he tenido necesidad de sus
servicios.
La Necrópolis de Polloe, tiene en la actualidad, una superficie de
56.375 m². hay 35 calles de sepulturas de propiedad con 6.870 sepulturas, tiene 43 capillas, 13 calles de fosas comunes, con 1.320 fosas,
inhumándose en cada fosa cuatro cadáveres. Panteones colectivos, el
de Zubieta, Repatriados de Cuba, Incendio de la calle de Urbieta, y
monumento a los Caídos en la última guerra civil. Hay un osario y
un horno para quemar las cajas que se sacan de las fosas cada 10 años
y de las reducciones de las sepulturas de propiedad.
Dejemos pues a los difuntos, deseándoles descanso eterno, y con- tinuemos con las efemérides.
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