viernes, 12 de diciembre de 2025

28.-LA PLAYA DE ONDARRETA


Hasta el año 1925 no había playa. Había un muro que enla-zaba el Pico del Loro con la antigua prisión. Sólo en la baja-mar quedaba un poco de arena que las pleamares ocultaban de nuevo.

¿Qué habla detrás de ese muro? Un campo de maniobras, donde los soldados hacían la instrucción, sucesor de aquella Pla-za Vieja del San Sebastián amurallado. Cuando no lo ocupaba la tropa, los chicos jugaban al fútbol, que entonces era una distracción recién traída de Inglaterra.

En 1921 el Ayuntamiento compró el campo al ramo de Gue-rra, como también hizo con el Castillo.

Este sistema de adquisición al Departamento de Guerra fue corriente. Lo encontramos también en Alderdi-eder, «lugar hermosos. Alderdi-eder fue también después del derribo de las murallas campo provisional de maniobras y la Autoridad mi-litar y el Municipio entablaron largas negociaciones para su ad-quisición por éste. Y no regateć sacrificios el Ayuntamiento para conseguir su propósito.

Parecidos roces se produjeron con ciertas edificaciones de la Plaza de Guipúzcoa. Todo ello era, en el fondo, natural.

Adquirido el campo, pasó por las mentes de algunos donos-tiarras su utilización como solar para viviendas,

Entonces un ingeniero donostiarra, don Juan Machimbarre-na a quien la Ciudad debe mucho preparó el proyecto que iba a dar lugar a la playa.

Apoyado por el alcalde don Juan José Prado, el plan venció resistencias muy fuertes e intereses muy poderosos.

Sin pérdida de tiempo, por si acaso, se iniciaban los traba-jos. Ocurría esto a finales de 1924. En el verano siguiente la obra estaba concluida.

La extensión de la playa supera los 60.000 metros cuadra-dos entre la media marea y el muro del paseo. Su longitud es de 600 metros.

El proyecto inicial ya preveía la desaparición de la cárcel, edificio cuadrado y oscuro con una pequeña torre chata en el centro. Daba pena ver desde la orilla y desde el agua las ven-tanas de las celdas de los presos. La luz que a unos sobraba y que había que suavizar con gafas de sol ¿qué poco llegaba para otros!

Esa es, contada casi en el mismo tiempo en que aparece, cre-ce, pasa y rompe una ola, la historia de nuestra playa de On-darreta.

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